Desde su fundación oficial en 1917, la National Hockey League se ha convertido en una de las ligas más influyentes del deporte profesional en América del Norte. Con el paso de cada temporada, nuevos mercados se han ido sumando a la afición, mientras más jóvenes encuentran en el hockey una disciplina que va más allá de la competencia. Bajo esa premisa, NHL.com/es presenta Conexiones fuera del hielo, una serie que explora los vínculos entre este deporte y las historias humanas que lo rodean. En esta entrega, la protagonista representa el impacto de la familia, la perseverancia y el crecimiento del deporte en Sudamérica.
Con el hielo como punto de encuentro y la pasión como idioma común, la historia de Iara Haiek no se entiende solo desde lo deportivo. Su recorrido es el reflejo de una familia que decidió empujar un deporte prácticamente inexistente en su país hasta convertirlo en una causa compartida, una construcción diaria que hoy impacta no solo a Argentina, sino a toda una región que empieza a mirar al hockey sobre hielo como una posibilidad real.
La joven no llegó al hockey por casualidad. En su casa, el deporte nunca fue una moda ni una actividad secundaria, sino parte de la vida cotidiana. Su papá Dicky Haiek y su hermano, Owen, fueron pioneros en el desarrollo de este deporte, abriendo caminos donde no existían pistas, estructuras ni referentes. Aun así, su vínculo con el juego fue construyéndose desde una experiencia personal, íntima, que terminó de sellarse cuando pisó el hielo.
“El hockey siempre estuvo presente en mi casa, es parte de mi historia familiar, pero más allá de eso, lo que realmente me enamoró fue la sensación de estar sobre el hielo; me gusta la velocidad, la intensidad del juego y el desafío constante”. Ese desafío es el que la sigue empujando cada vez que se sube a los patines.
Para Haiek, estar sobre la pista es convivir con la exigencia permanente. No solo física, sino emocional y simbólica. En un país donde el hockey sobre hielo aún lucha por hacerse un espacio, cada entrenamiento y cada partido tienen un peso distinto. Esa carga se multiplica cuando viste la camiseta nacional. “Jugar para la selección argentina se vive con mucho orgullo. Todas las jugadoras saben que estamos marcando historia para el hockey en nuestro país y esa energía se siente y se transmite dentro del hielo”, explica.
























