Cuando Schaefer batió al portero Sam Montembeault por segunda vez en el encuentro, tras una jugada individual que dejó atónitos a los presentes, el defensor alcanzó su gol número 18 de la campaña. Con esa cifra, el novato se apoderó en solitario del récord de la NHL de más goles anotados por un defensa de 18 años o menos en una temporada, superando la marca de 17 que el miembro del Salón de la Fama, Phil Housley, había ostentado desde la temporada 1982-83.
Es una estadística que pone en perspectiva la magnitud de su talento: leyendas como Bobby Orr o estrellas contemporáneas como Rasmus Dahlin no lograron tal impacto ofensivo a esa edad. Pero más allá del récord, fue la ejecución técnica lo que definió su candidatura al Calder.
El cronómetro marcaba el final del segundo período y los Islanders sufrían ante la presión de Montreal. Schaefer, primero, capitalizó un Power Play con un tiro de muñeca letal desde el círculo izquierdo, aprovechando el tráfico frente a la red. Y antes de que la afición local pudiera procesar el descuento, el novato tomó el disco nuevamente, patinó con la elegancia de un veterano detrás de la portería rival, recortó hacia el círculo derecho y soltó un disparo que empató el juego 2-2.
Esos 55 segundos lo convirtieron en el defensa de 18 años más rápido en anotar dos goles en la historia de la liga, y el único jugador de esa edad, en cualquier posición, en lograrlo en los últimos 42 años.
"Es un defensa tan bueno que no parece que tenga 18 años ahí fuera", reconoció Montembeault tras el encuentro, visiblemente impresionado. "Es como un mariscal de campo, un patinador realmente bueno, crea jugadas y, obviamente, hoy consiguió dos goles. También sabe disparar el disco muy bien". Esa madurez fue evidente en la lectura de juego de Schaefer, quien admitió que al principio del juego no estaban disparando lo suficiente, pero supo leer la jugada en su primer gol para lanzar por debajo del bastón del defensor.
Sin embargo, la noche requería más que destellos individuales; exigía resiliencia colectiva. A pesar del envión anímico de Schaefer, los Canadiens retomaron la ventaja en el tercer período gracias a un gol de Cole Caufield. Fue entonces cuando apareció la figura del capitán Anders Lee.
En su partido número 900 en la NHL, Lee hizo lo que ha hecho durante toda su carrera: pagar el precio físico frente a la portería. Con menos de dos minutos en el reloj y el portero Ilya Sorokin en la banca por un atacante extra, Lee desvió con el cuerpo un disparo de Bo Horvat para forzar el tiempo extra.
"Fuimos resilientes esta noche", comentó Lee. "No vacilamos en nuestro juego. Tuvieron posesiones largas contra nosotros y estábamos abajo por dos, pero no nos inmutó en absoluto".
Esa mentalidad fue validada en el tiempo suplementario. Ilya Sorokin, quien fue fundamental con 21 salvadas y sumó una asistencia en la jugada decisiva, inició la transición que culminaría el encuentro. Simon Holmstrom ganó una batalla en las tablas y habilitó a Jean-Gabriel Pageau, quien se escapó solo para batir a Montembeault, sellando la tercera victoria consecutiva para Nueva York y mejorando el récord del equipo a un perfecto 6-0 en partidos decididos en tiempo extra esta temporada.
"Tengo la sensación este año de que cuando estamos abajo siempre tenemos la oportunidad de volver porque luchamos hasta el final", dijo Pageau. El triunfo tiene implicaciones masivas en la tabla de posiciones: los Islanders (33-21-5, 71 puntos) se mantienen firmes en el tercer lugar de la División Metropolitana, consolidando su posición en los puestos de Playoffs de la Copa Stanley. Patrick Roy lo resumió en una sola palabra: "Carácter".