El regreso del hockey olímpico con jugadores de la NHL dejó una huella que se puede cuantificar, sin necesidad de adjetivos: casi la mitad del torneo estuvo en manos de las estrellas de la National Hockey League, con 147 jugadores entre 300 participantes (49%) y una producción que dominó el evento de principio a fin.
Los jugadores de la NHL anotaron 138 de 187 goles (74%) y sumaron 389 de 514 puntos (76%) en 30 partidos, además de ocupar por completo el top 23 del torneo en puntos y 23 de los 24 mejores en goles. La frase “mejor contra mejor” se resume en que la élite hizo la diferencia en casi tres cuartas partes del marcador, dejando un mensaje claro para el aficionado casual: Producto de velocidad, ejecución y resolución en minutos de alta presión.
Ese golpe de realidad también se reflejó en el partido que cerró el evento: Canadá superó a Estados Unidos 42-28 en tiros y aun así el oro se decidió a 1:41 del tiempo extra gracias al gol de Jack Hughes. El guion fue de tensión pura y números extremos: Connor Hellebuyck cerró con 41 atajadas en la final y terminó con marca invicta de cinco triunfos sin derrotas, un 1.18 de promedio de goles en contra y .956 de porcentaje de atajadas.
El impacto cultural también se sostiene en hitos históricos que funcionan como puntos de referencia para quien llega nuevo al hockey. Estados Unidos ganó su primer oro olímpico masculino desde 1980 y su primer torneo “Mejor contra Mejor” desde la Copa Mundial de Hockey de 1996, una brecha de décadas que por sí sola convierte el resultado en conversación transversal.
Si hay una lectura para “cambio de mentalidad” en el aficionado casual, está en cómo el torneo premió lo que también define a la NHL moderna: la especialidad y la toma de decisiones. El cierre se decidió en 3 contra 3, el formato de alta exposición en espacio abierto. La narrativa de “esto es diferente” no se vende; se demostró con un final que se resolvió con 1:41 de tiempo extra, con un equipo que sobrevivió a 42 tiros en contra y un portero que registró .956 de atajadas en cinco juegos ganados.
Orgullo mexicano de Matthews y datos históricos
Auston Matthews no solo fue el capitán del oro fue un hito para el hockey con raíces hispanas: se convirtió en el primer jugador de ascendencia mexicana en subir al podio olímpico en hockey sobre hielo y lo hizo con la medalla más pesada. El hito tiene un gran contexto: Scott Gómez participó en Torino 2006 con Estados Unidos, pero aquel equipo no subió al podio; Bill Guerin, de ascendencia nicaragüense, ganó plata en Salt Lake 2002; Matthews colocó por primera vez una raíz mexicana (su madre es nacida en Hermosillo) en el oro del hockey olímpico masculino, 46 años después del último campeonato de Estados Unidos.
El impacto se fortalece cuando se acompaña de producción real: Matthews sumó siete puntos y fue un motor competitivo en el recorrido hacia el oro. En la misma línea, el torneo dejó marcas de alto valor para explicar “por qué importó”: Connor McDavid, capitán de los Edmonton Oilers, terminó siendo seleccionado como el Jugador Más Valioso, al totalizar 13 unidades, incluyendo 11 asistencias para imponer una nueva marca olímpica. También Macklin Celebrini, de los San Jose Sharks y con 19 años, lideró el torneo en goles con cinco (5) y cerró con 10 puntos (5-5—10), la mayor cifra para un adolescente en unos Juegos Olímpicos con participación de la NHL.



















