“Cuando Jason me dijo que uno de sus momentos favoritos era poder patinar con su hijo los sábados a las seis de la mañana, eso se me quedó grabado. Pensé que allí había algo especial, porque no solamente podía ayudar al niño a jugar hockey. También podía involucrar al papá y darle la oportunidad de vivir ese deporte con su hijo. Ahí entendí que si quería desarrollar hockey, tenía que pensar en toda la familia”, explicó.
Esa filosofía se convirtió en parte de sus programas. La intención es que los padres no permanezcan únicamente como espectadores, sino que aprendan a patinar, comprendan la disciplina y compartan la experiencia con sus hijos. El concepto también ha permitido acercarse a hogares venezolanos, cubanos, puertorriqueños, nicaragüenses y dominicanos en el sur de Florida.
“Cuando hablo de incluir a las familias, hablo de que el niño recibe su clase, pero también quiero que el padre entienda el deporte y pueda participar. El hockey tiene barreras importantes porque necesitas equipamiento, una pista y aprender muchas cosas antes de poder jugar. No es como otras disciplinas donde tienes una pelota y puedes comenzar inmediatamente. Por eso, cuando ayudas a eliminar algunos de esos obstáculos, la receptividad es increíble”, señaló.
Parte de esa tarea consiste precisamente en reducir esas barreras. Padres y familias han donado equipos y recursos, una red de apoyo que, según la presentación del proyecto, ha beneficiado a más de 60 familias durante los últimos dos años y también contribuye a sostener iniciativas vinculadas con Venezuela.
De aprender a jugar a pertenecer a un equipo
Singer pronto encontró otra pregunta: ¿Qué ocurre después de que alguien aprende los fundamentos? Tras observar familias entusiasmadas durante sesiones del programa Learn To Play de los Florida Panthers, comenzó a buscar una vía para que esa primera experiencia no representara el final del recorrido. Su respuesta fue generar espacios donde principiantes pudieran seguir practicando y participar en ligas locales.
El antiguo camión de bomberos adquirido por Jason Randolph terminó proporcionando parte de la identidad. Alrededor del vehículo se reunían amigos y aficionados para realizar reuniones antes de los partidos. Singer comenzó a imaginar qué ocurriría si aquella comunidad pasaba de observar a jugar. Así nació Fire Truck Hockey Club.
“Yo veía toda esa gente reunida alrededor del camión antes de los juegos y pensé que podíamos convertir esa comunidad en algo más. La idea fue crear un club, rentar hielo y decirle a la gente que si quería aprender a jugar podía hacerlo con nosotros. Lo que empezó como una reunión alrededor de los partidos terminó convirtiéndose en personas poniéndose los patines, aprendiendo el deporte y eventualmente formando equipos”, relató.
La idea siguió expandiéndose. Hoy, Fire Truck Hockey Club cuenta con cuatro conjuntos que compiten en ligas del IcePlex y IceDen, mientras otras agrupaciones también surgieron de ese proceso. Los Pigeons representan uno de los ejemplos. Cuando Singer sugirió a sus integrantes organizarse, esperaba que comenzaran lentamente a reunir interesados. Al llegar a una reunión antes de una clínica encontró 21 personas esperando instrucciones.
“Yo les había dicho que reunieran unas 20 personas, hicieran un grupo y comenzaran a organizarse, pero cuando llegué y vi a 21 jugadores esperando por mí entendí que realmente querían hacerlo. Entonces comencé a guiarlos sobre el uniforme, el registro y cómo entrar a la liga. Quería que entendieran que después de aprender a jugar también existía un camino para continuar practicando y formar parte de algo”, recordó.