El giro más inesperado llegó en la portería. Brandon Bussi debutó en la Final de la Stanley Cup durante el Juego 3 y terminó cerrando la serie dejando en cero a los Golden Knights. Con marca de 3-1, promedio de 1.60 goles permitidos, porcentaje de salvadas de .931 y una blanqueada en cuatro apariciones, se convirtió en el primer guardameta desde 1975 en conseguir una victoria para asegurar el título sin haber disputado ninguna de las tres rondas previas.
Los Hurricanes también fueron el primer campeón en 41 años con varios porteros titulares durante la Final, algo que no ocurría desde Los Edmonton Oilers de 1984. Ese ajuste, lejos de romper el equilibrio, reforzó la capacidad de Brind'Amour para tomar decisiones difíciles en el momento adecuado.
El camino dejó más señales históricas. Carolina ganó una serie de playoffs por octavo año consecutivo, algo que sólo Montreal y Philadelphia habían logrado antes. Además, abrió la postemporada con ocho victorias seguidas, estableció un récord de franquicia con ocho triunfos como visitante en una misma carrera por la Stanley Cup y ganó sus primeros seis partidos definidos en tiempo extra.
La Final también tuvo su propio lugar en los libros. Los Hurricanes remontaron una desventaja de varios goles en el Juego 2, protagonizaron una reacción de cuatro tantos en el tercer período del Juego 3, incluyendo tres en apenas 39 segundos y luego sumaron tres victorias consecutivas para vencer a Vegas. Durante los primeros cinco encuentros de la serie, Carolina anotó al menos cuatro veces en cada presentación.
Todo eso convirtió el campeonato en mucho más que una celebración. Fue la validación de una forma de construir, competir y creer. La franquicia que llegó a Raleigh después de 18 temporadas como Hartford Whalers en Connecticut, se consolidó como una potencia moderna en una ciudad que ya vive el hockey con identidad propia.
Veinte años separan las dos Stanley Cup de Carolina. En 2006, Brind'Amour era el capitán de un equipo que abrió el camino. En 2026, fue el entrenador de un grupo que aprendió de cada caída antes de completar la obra. De esa forma, los Hurricanes no sólo volvieron a ganar, sino que demostraron que la paciencia todavía puede tener recompensa en la NHL.