The Carolina Hurricanes celebrate victory over the Vegas Golden Knights in Game Six of the 2026 NHL Stanley Cup Final at T-Mobile Arena on June 14, 2026 in Las Vegas, Nevada. (Photo by Bruce Bennett/Getty Images)

Veinte años después, Carolina volvió a la cima.

Los Carolina Hurricanes no ganaron la Stanley Cup por accidente. Tampoco lo hicieron como una aparición repentina en una primavera inspirada. Su segundo campeonato fue la consecuencia de una identidad sostenida durante años, una apuesta firme por el mismo núcleo y una convicción que resistió varias frustraciones antes de encontrar la recompensa definitiva.

Desde el inicio de la temporada 2025-26, Carolina ocupó un puesto de playoff y, a partir del 11 de diciembre, permaneció en la cima de la División Metropolitana. El recorrido terminó con la octava clasificación consecutiva a los playoffs, una marcha dominante por el Este y una victoria en seis juegos contra Los Vegas Golden Knights en la Final de la Stanley Cup.

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La recompensa de la paciencia

La organización había estado cerca muchas veces. Desde la llegada de Rod Brind'Amour como entrenador en 2018, los Hurricanes se acostumbraron a ganar en fase regular, avanzar en postemporada y quedarse cortos antes del paso decisivo. La diferencia en 2026 fue que ese mismo proyecto, tantas veces cuestionado desde afuera, finalmente completó el camino.

Carolina barrió a los Ottawa Senators en la Primera Ronda, hizo lo propio ante los Philadelphia Flyers en la siguiente etapa y apenas perdió un encuentro contra los Montreal Canadiens en la Final de la Conferencia Este. Ese dominio permitió llegar a la serie por el campeonato de la NHL con ritmo, confianza y una plantilla capaz de responder en distintos escenarios.

El éxito también confirmó el valor de mantener piezas fundamentales. Sebastian Aho, Jordan Staal, Jordan Martinook, Jaccob Slavin y Andrei Svechnikov permanecieron como parte esencial del grupo durante toda la era Brind'Amour. A ellos se sumaron otros nombres importantes, como el del danés Nikolaj Ehlers, pero la cultura del vestidor fue construida por jugadores que conocían el peso de las derrotas anteriores.

Aho, Martinook y Svechnikov ganaron su primera Stanley Cup después de al menos ocho campañas consecutivas con los Hurricanes. Junto a Staal y Slavin, formaron parte de un núcleo que permitió a Carolina convertirse en el tercer campeón en la historia de la NHL con cinco o más jugadores que conquistaron su primer título con ese equipo tras ocho o más temporadas seguidas en la misma franquicia.

Carolina conquista la Copa ante Vegas

Liderazgo, historia y legado

El símbolo más poderoso de esta conquista fue Brind'Amour. Veinte años después de levantar la Stanley Cup como capitán de Carolina en 2006, volvió a hacerlo como entrenador. Con ello se unió a un grupo exclusivo de figuras que guiaron a una franquicia al campeonato como jugadores y luego desde el banquillo.

La conexión entre 2006 y 2026 también pasó por Jordan Staal. El capitán ganó el Trofeo Conn Smythe tras igualar un récord de la Final con una racha de goles y se convirtió en el primer jugador en la historia de la NHL en pasar 17 años entre una Stanley Cup y otra. Su hermano Eric fue el máximo anotador de los Hurricanes durante la carrera que culminó con el primer título de la organización.

Taylor Hall agregó otra historia de perseverancia. Elegido con el primer turno del Draft de la NHL de 2010, el delantero conquistó su primer campeonato tras casi 1,100 partidos, siete franquicias y 16 temporadas. Entre los seleccionados número uno, sólo Alex Ovechkin había necesitado más encuentros antes de ganar su primera Stanley Cup y ambos aseguraron ese logro ante Los Golden Knights en Las Vegas.

Slavin también dejó una marca especial. El defensa se convirtió en el segundo estadounidense en ganar la Stanley Cup y una medalla de oro olímpica en una misma temporada, uniéndose a Ken Morrow, integrante del recordado equipo de Estados Unidos en 1980. Su año incluyó gloria con Carolina y consagración internacional en Milano Cortina 2026.

El campeonato tuvo además un toque danés. Frederik Andersen y Nikolaj Ehlers se unieron a Lars Eller como los únicos nacidos en Dinamarca que han ganado la Stanley Cup. Curiosamente, los tres obtuvieron ese logro venciendo a Vegas en la Final.

BOS@CAR: Slavin y Aho dan triunfo a Carolina

Giros que cambiaron el destino

La temporada de Carolina también fue definida por decisiones audaces. Eric Tulsky, nombrado Gerente General en 2024, administró un grupo que combinó jugadores seleccionados por la organización, agentes libres y piezas adquiridas mediante cambios. Esa mezcla permitió sostener la identidad del equipo y sumar talento en momentos clave.

Hall llegó en una operación que inicialmente tuvo como protagonista a Mikko Rantanen, pero terminó convirtiéndose en parte fundamental del recorrido. Logan Stankoven, adquirido posteriormente desde los Dallas Stars, aportó producción durante la postemporada y se consolidó como una pieza importante para el presente y futuro de la franquicia.

K'Andre Miller también tuvo impacto en la línea azul, mientras Shayne Gostisbehere lideró a los defensas de Carolina en goles, asistencias y puntos durante los playoffs. Sus 12 unidades quedaron a una del récord de la franquicia para un representante de la línea azul en una misma postemporada, establecido por Frantisek Kaberle en 2006.

DAL@CAR:  Miller anota su segundo gol del partido

El giro más inesperado llegó en la portería. Brandon Bussi debutó en la Final de la Stanley Cup durante el Juego 3 y terminó cerrando la serie dejando en cero a los Golden Knights. Con marca de 3-1, promedio de 1.60 goles permitidos, porcentaje de salvadas de .931 y una blanqueada en cuatro apariciones, se convirtió en el primer guardameta desde 1975 en conseguir una victoria para asegurar el título sin haber disputado ninguna de las tres rondas previas.

Los Hurricanes también fueron el primer campeón en 41 años con varios porteros titulares durante la Final, algo que no ocurría desde Los Edmonton Oilers de 1984. Ese ajuste, lejos de romper el equilibrio, reforzó la capacidad de Brind'Amour para tomar decisiones difíciles en el momento adecuado.

El camino dejó más señales históricas. Carolina ganó una serie de playoffs por octavo año consecutivo, algo que sólo Montreal y Philadelphia habían logrado antes. Además, abrió la postemporada con ocho victorias seguidas, estableció un récord de franquicia con ocho triunfos como visitante en una misma carrera por la Stanley Cup y ganó sus primeros seis partidos definidos en tiempo extra.

La Final también tuvo su propio lugar en los libros. Los Hurricanes remontaron una desventaja de varios goles en el Juego 2, protagonizaron una reacción de cuatro tantos en el tercer período del Juego 3, incluyendo tres en apenas 39 segundos y luego sumaron tres victorias consecutivas para vencer a Vegas. Durante los primeros cinco encuentros de la serie, Carolina anotó al menos cuatro veces en cada presentación.

Todo eso convirtió el campeonato en mucho más que una celebración. Fue la validación de una forma de construir, competir y creer. La franquicia que llegó a Raleigh después de 18 temporadas como Hartford Whalers en Connecticut, se consolidó como una potencia moderna en una ciudad que ya vive el hockey con identidad propia.

Veinte años separan las dos Stanley Cup de Carolina. En 2006, Brind'Amour era el capitán de un equipo que abrió el camino. En 2026, fue el entrenador de un grupo que aprendió de cada caída antes de completar la obra. De esa forma, los Hurricanes no sólo volvieron a ganar, sino que demostraron que la paciencia todavía puede tener recompensa en la NHL.

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