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Cuando los Carolina Hurricanes alzaron la Stanley Cup el domingo, luego de vencer a los Vegas Golden Knights cuatro veces en seis duelos, hubo una leyenda que alcanzó niveles jamás alcanzados en el equipo.

Y es que mientras volaban los guantes, los bastones y cualquier otra indumentaria arrojada por los flamantes campeones de la NHL, en la banca también celebraba el entrenador Rod Brind'Amour. 

Para él esto es diferente, ya que es la segunda vez que logra celebrar un título con el equipo de sus amores; los únicos dos en la historia de la franquicia. En el primero, en el 2006, él era el capitán de aquel grupo, y ahora, el entrenador en jefe.

Al materializar este logro, Brind'Amour ingresó a un grupo sumamente exclusivo en los libros de historia de la liga: se convirtió en apenas el cuarto individuo en toda la existencia de la NHL en capitanear a un equipo hacia un campeonato de la Stanley Cup y luego guiar a esa misma franquicia hacia otro título desempeñándose como entrenador.

Carolina Hurricanes superan a los Vegas Golden Knights en el Juego 6

Su nombre ahora brilla junto a inmortales del deporte como Toe Blake, Hap Day y Cooney Weiland; sin embargo, la transición de batallar sobre el hielo a mover las piezas desde la banca trajo consigo una transformación emocional profunda y reveladora.

"Es muy cierto", reflexionó Brind'Amour sobre la diferencia de vivir el campeonato desde su nuevo rol de dirigente. "Como jugador, era como 'lo quiero, lo quiero, lo quiero para mis amigos también, pero lo quiero y trabajé muy duro por ello'. Y luego, en el otro extremo ahora, sé lo que se siente, así que mi pensamiento es 'lo quiero para ellos'. Es como 'vamos, tenemos que conseguirlo para estos chicos'. Y ahora es tan gratificante sentarse y ver la alegría que surge de todo esto, porque han invertido muchísimo trabajo".

Ese trabajo extenuante fue la base de una cultura que Brind'Amour implementó meticulosamente durante sus años al mando del equipo. Para la plantilla, su figura siempre representó el estándar máximo de exigencia y devoción.

El delantero Mark Jankowski confesó que la icónica fotografía del ex capitán levantando el trofeo en 2006 decoraba las paredes del vestuario y se veía a diario, sirviendo como un motivador constante.

"Verlo hacerlo de nuevo, esta vez con traje, fue increíblemente emotivo", compartió Jankowski, subrayando lo significativo que resultó completar la hazaña arropado por la misma organización.

Para Brind'Amour, Carolina es simplemente su hogar. El vínculo forjado con la comunidad y los jugadores es algo que, según admitió, sería imposible replicar en otro lugar. Esa lealtad bidireccional fue clave para mantener unido a un núcleo de jugadores que soportó años de dolorosas eliminaciones en la postemporada.

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Elementos como el actual capitán Jordan Staal, Sebastian Aho y Jordan Martinook se mantuvieron firmes bajo su doctrina sin dudar del proceso.
"Ha estado en nuestra esquina desde el principio y es una gran razón por la que nos quedamos en el equipo", aseguró Martinook con total convicción. "Es el mejor entrenador que he tenido y ganar juntos hace que este momento sea especialmente significativo".

El camino hacia la redención no estuvo exento de fantasmas ni de retos mayúsculos. Tras arrasar en la postemporada con un aplastante récord de 16-3, barriendo a rivales como Ottawa y Philadelphia, y presenciar la blanqueada de 3-0 en el Juego 6 comandada por el novato Brandon Bussi, el estratega reconoció que la duda siempre intenta filtrarse, especialmente tras los tropiezos del pasado causados por el desgaste físico. Sin embargo, destacó que la salud del plantel se mantuvo intacta este año, marcando una diferencia crítica. Su confianza inquebrantable contagió al resto.

Jackson Blake, una de las bujías ofensivas del equipo, apuntó que la fe del entrenador los impulsó a superar los obstáculos.

"Este año se sintió diferente", analizó el atacante. "La confianza de Rod, su fe en el grupo y su detallada planificación de los juegos fueron factores enormes. Verlo levantar la Copa tras 20 años hace que toda la rutina valga la pena; no hay nadie a quien le importe más que a Rod".

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El impacto del estratega resonó en todas las esferas de la franquicia, desde el hielo hasta las oficinas ejecutivas. El propietario del equipo, Tom Dundon, no escatimó en elogios para calificar el incalculable valor de su técnico.

"Es la figura más importante en la organización", sentenció el directivo. "Él encarna el orgullo, la responsabilidad y la cultura. Confiamos plenamente en cómo el equipo juega y en cómo trata a las personas".

Esa misma percepción fue compartida por el letal goleador ruso Andrei Svechnikov, quien expresó la catarsis colectiva del vestidor elogiando los ajustes tácticos del cuerpo técnico durante cada serie.

"Es un momento emotivo y especial. Quería esto desesperadamente para Rod después de ocho años juntos", agregó.

Incluso las leyendas del pasado validaron con profunda admiración el presente. Eric Staal, quien lideró la ofensiva de aquel equipo campeón de 2006 al lado del entonces capitán Brind'Amour, presenció con orgullo la consolidación absoluta del proyecto en el desierto de Nevada.

"No me sorprende en lo absoluto su éxito como entrenador, siempre fue un líder fuerte cuyos equipos son sumamente difíciles de enfrentar", comentó el exjugador.

Para Staal, ver a la nueva generación triunfar evocó la misma euforia de su propia conquista juvenil:

"Levantar la Copa ahora se siente tan bien como en 2006, la inmensa alegría viene de desearlo con tantas ganas para estos jugadores que lo merecían".
Cuando el reloj llegó a cero en Las Vegas y la celebración estalló, el entrenador finalmente se permitió disfrutar el fruto de su incansable labor de ingeniería deportiva. Al tocar físicamente la codiciada Copa por primera vez en dos largas décadas, admitió que no estaba seguro de si la levantaría sobre su cabeza, considerando que ese es un privilegio tradicional y casi exclusivo de los patinadores activos.

Pero cuando el momento llegó rodeado de sus pupilos, el instinto de campeón prevaleció y el gesto se sintió completamente natural. Carolina ha vuelto a la cima de la liga y el hombre que les enseñó a ganar sudando en el hielo es exactamente el mismo que acaba de dictar la clase maestra desde el banquillo.

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