Esa misma reverencia emana de cada rincón del vestuario de Carolina. Para sus compañeros, la edad cronológica del veterano es una simple anécdota frente a su despliegue físico. El delantero Mark Jankowski fue tajante al respecto:
"La edad no importa. Él es nuestra roca y el líder indiscutible que este grupo ha seguido todos los días desde el campamento de entrenamiento", aseguró.
Por su parte, el defensor Shayne Gostisbehere destacó la brutal exigencia con la que el capitán asume su rol en la pista:
"Juega de la manera correcta y de la manera difícil. Producir así a los 37 años es impresionante y bien ganado; francamente, no le podría pasar a una mejor persona", acotó.
Ese respeto inmenso, instigado por su sacrificio constante, hace que los rivales lo sufran en carne propia. Jordan Martinook aseguró sin titubeos que Staal es uno de los centros de élite de la liga y que debería ser considerado anualmente para el Trofeo Selke, revelando que "los centros estrella de los oponentes simplemente odian jugar contra él".
Andrei Svechnikov coincidió en el diagnóstico, señalando que la incansable ética de trabajo del veterano hace que su nivel de éxito actual no sea ninguna sorpresa para quienes lo ven sudar a diario.
Pero la narrativa histórica de Staal no estaría completa sin la perspectiva familiar. Sus hermanos Eric y Marc, con vasta experiencia en las trincheras de la NHL, vivieron la consagración desde las gradas del T-Mobile Arena, absorbiendo la tensión de cada impacto.
"Admito que me sentí más nervioso viéndolo desde la grada que cuando yo jugaba, pierdes totalmente el control", compartió Eric.