Lucas Raymond #23 of the Detroit Red Wings celebrates with teammates after a goal in the second period against the New York Rangers at Madison Square Garden on November 16, 2025 in New York City. (Photo by Jared Silber/NHLI via Getty Images)

Si los Detroit Red Wings quieren pensar en acabar con una sequía de nueve temporadas consecutivas sin clasificar a los Playoffs de la Stanley Cup, deben empezar a cortar algunas tendencias que han marcado sus últimas campañas.

El domingo, terminaron con una de ellas.

Con un gol oportuno de Lucas Raymond en las postrimerías del tercer periodo, los Red Wings superaron 2-1 a los New York Rangers en el Madison Square Garden, para finalmente acabar con una cadena de siete partidos consecutivos perdidos ante sus rivales de la Gran Manzana.

El triunfo fue mucho más que romper una racha; fue una respuesta de carácter. Menos de 24 horas antes, Detroit había sufrido un colapso catastrófico en casa, desperdiciando una ventaja de tres goles en el segundo período para caer en tiempo extra ante los Buffalo Sabres. Esa derrota estaba fresca en la mente del equipo al entrar a uno de los estadios más difíciles de la liga, y contra un equipo que no contaba con su entrenador en jefe, Mike Sullivan, por razones personales.

DET@NYR: Raymond anota para darle ventaja a Detroit en el tercero

"Realmente buena respuesta", afirmó el entrenador Todd McLellan. "No estaba muy seguro de cómo iba a ir. Obviamente, recibimos un golpe en la barbilla ayer y buscábamos algo de esa resiliencia. La vimos en nuestro grupo".

McLellan calificó el esfuerzo como "nuestro mejor juego de equipo en general durante 60 minutos", destacando que jugaron sin la "despreocupación o imprudencia" que les costó el partido anterior.

El defensa Moritz Seider fue más directo sobre el significado cultural de la victoria.

"Honestamente, creo que fue un paso muy grande en la dirección correcta", dijo Seider. "No puede ser una noche sí y una noche no. Han sido demasiados años de eso y creo que solo necesitamos cambiar la cultura ahora mismo y este fue un buen paso".

Ese cambio cultural se tradujo en un dominio casi total del hielo. El marcador final de 2-1 es engañoso y no refleja la realidad de un encuentro que Detroit controló de principio a fin, duplicando a sus rivales en disparos a puerta con un contundente 42-19.

La única razón por la que los Rangers se mantuvieron en el partido fue una actuación memorable de su portero, Jonathan Quick, quien realizó 40 salvadas. Quick fue una muralla, especialmente en el segundo período, donde realizó 18 salvadas, y frustró a la ofensiva de Detroit en casi todas sus cinco oportunidades de Power Play (Detroit terminó 5-1 pero con 16 tiros en esas ventajas).

"El aplomo y la perseverancia... eso es importante, especialmente cuando te encuentras con un portero que está caliente", reconoció McLellan, quien vio a Quick robar partidos así por años cuando dirigía a Los Ángeles Kings. "Su mejor hombre en el penalty kill fue su portero... Fui lo suficientemente afortunado de verlo hacer eso durante muchos años a muchos equipos. Solo tienes que seguir con ello".

Detroit finalmente rompió el hielo en el segundo período, precisamente en el Power Play. Alex DeBrincat anotó su quinto tanto en tres juegos a los 9:30 minutos, empujando un rebote desde la línea de gol después de una brillante secuencia de pases entre Patrick Kane y Lucas Raymond. Los Rangers respondieron minutos después, también con ventaja numérica, cuando Mika Zibanejad empató el marcador 1-1.

El partido se mantuvo empatado gracias a Quick, hasta que faltaban menos de cuatro minutos para el final. Fue entonces cuando Raymond, quien había sido más un creador de juego (siete asistencias en los tres juegos anteriores) que un definidor, tomó el control. La jugada comenzó en la zona defensiva con Seider robando el disco. Dylan Larkin lo envió a Raymond en la zona neutral. El sueco de 23 años entró en la zona, patinó por el círculo derecho, rodeó la red y salió por el izquierdo. Con una paciencia magistral, cortó hacia el centro, provocando que Quick perdiera el equilibrio, y disparó el disco al ángulo superior para el 2-1 definitivo.

"Solo traté de aguantarlo [el disco], ver qué se abría", explicó Raymond. "Quizás esta vez fue la jugada correcta no disparar (de inmediato)".

El golazo de Raymond fue la culminación de una noche histórica en los libros de récords. Con esa presentación de dos puntos, Raymond llegó a 20 unidades (5 goles, 15 asistencias) en solo 17 partidos. Se convirtió en el jugador de los Red Wings (de 23 años o menos) más rápido en alcanzar esa marca desde el legendario Sergei Fedorov en 1993-94.

El capitán Dylan Larkin, quien asistió en el gol de Raymond, registró el punto 599 de su carrera y, significativamente, su asistencia número 128 en un gol que daba la ventaja al equipo, empatando nada menos que a Ted Lindsay en el noveno lugar de la historia de la franquicia. Además, el gol de DeBrincat, asistido por Kane, marcó la 189na vez que el dúo estadounidense se combina para un mismo gol, empatando el récord de la NHL.

Cam Talbot, en la portería de Detroit, tuvo una noche relativamente tranquila gracias al esfuerzo defensivo, realizando 18 salvadas.
"Solo mantenerlos por fuera, dejamos que ‘Talbs’ (Talbot) viera el disco... mantenernos compactos y funcionó", dijo Seider.

Con la victoria (11-7-1), los Red Wings (23 puntos) se colocan en el segundo lugar de la División Atlántico, a solo un punto de los Bruins, y ahora han sumado puntos en tres juegos consecutivos (2-0-1). Regresarán a casa para iniciar una estadía de tres juegos, comenzando el martes contra el Seattle Kraken.

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