Por primera vez en mes y medio, los aficionados de los Toronto Maple Leafs pudieron celebrar un triunfo. Aunque, ciertamente, el uso de la palabra "celebrar" puede ser incorrecto aquí, dado el precio que el equipo tuvo que pagar por esos dos puntos.

Los Maple Leafs superaron 6-4 a los Anaheim Ducks el jueves en la Scotiabank Arena, para su primera victoria desde el 2 de febrero, justo antes de la pausa por los Juegos Olímpicos. Pero antes de oficializar la suma de los dos puntos, Toronto vio cómo su capitán, el mexicoamericano Auston Matthews, tuvo que abandonar el hielo instantes después de un choque con el defensor rival, Radko Gudas.

El punto de quiebre de la temporada de Toronto pudo haber ocurrido exactamente a los 15:47 del segundo periodo. Matthews intentó esquivar un impacto inminente del capitán de los Ducks. 

Al realizar el movimiento evasivo, dejó la parte inferior de su cuerpo comprometido, resultando en un brutal choque rodilla a rodilla. El centro estrella, quien apenas cinco minutos antes había roto una sequía personal de 12 juegos sin anotar, se derrumbó sobre el hielo retorciéndose de dolor. Tras permanecer tendido por varios minutos, tuvo que ser retirado hacia el vestuario con la ayuda del cuerpo médico y del defensor Brandon Carlo, evidenciando una preocupante incapacidad para apoyar peso sobre su pierna izquierda.

Gudas fue sancionado de inmediato con una penalidad mayor de cinco minutos y expulsado del partido.

"Es una jugada sucia", declaró categóricamente el entrenador de Toronto, Craig Berube, tras el encuentro. "La liga obviamente va a revisarla y ver cuál será la suspensión. O lo que sea que suceda".

Por su parte, el estratega de los Ducks, Joel Quenneville, defendió la acción argumentando falta de intencionalidad: "No hubo premeditación. Fue un acto reflejo".

Matthews, quien acumula 53 puntos en 60 compromisos de la presente campaña, será reevaluado por el cuerpo médico el viernes para determinar la gravedad de la lesión.

Más allá de la gravedad clínica del impacto, el partido dejó una imagen alarmante de la respuesta emocional del equipo en los segundos inmediatos a la agresión. Los cuatro jugadores de los Maple Leafs que acompañaban a Matthews en el hielo, William Nylander, Easton Cowan, Morgan Rielly y Brandon Carlo, no iniciaron ningún tipo de confrontación ni desafío hacia Gudas, rompiendo un código no escrito de protección en la NHL.

ANA@TOR: Matthews anota tras pase de Knies

Eso enfureció a Berube. "No hay explicación. Obviamente, deberíamos haber tenido a cuatro chicos allí haciendo algo al respecto, pero no ocurrió", sentenció el entrenador. Según reportes, el segundo intermedio fue escenario de fuertes reclamos en el vestuario local. Rielly asumió la carga ante los micrófonos: "No tuve una buena vista de ello porque el disco iba hacia el otro lado. Pero es mi responsabilidad no haber respondido antes a Gudas. Asumo toda la responsabilidad por no ser el primero en llegar. Cuando tu capitán cae de esa manera en una jugada sucia, tienes que responder como grupo".

Canalizando esa furia, los Maple Leafs salieron al tercer periodo transformados. John Tavares capitalizó el Power Play extendido a los 16:26 del segundo episodio, empujando un rebote en el área pequeña para igualar la pizarra 3-3. Nylander, cumpliendo su promesa tácita de responder por su capitán, anotó el 4-3 al inicio del tercer acto. Con Anaheim volcado al ataque en su propio Power Play, Benoit-Olivier Groulx se escapó en solitario tras un magistral pase aéreo de Carlo para anotar un espectacular gol en inferioridad numérica que sentenció el 5-3. Matthew Knies coronó la actuación con un gol a portería vacía, cerrando lo que fue apenas su segunda presentación de cuatro puntos en su carrera.

"Muestra que necesitas pasión, emoción en el juego para tener éxito", reflexionó Berube sobre el cambio del tercer periodo. "Jugaron con pasión y emoción. Una buena respuesta ahí".

El encuentro también dejó marcas para la historia de la franquicia: con sus respectivas anotaciones en Power Play, Tavares y Nylander alcanzaron los 80 goles en ventaja numérica con el uniforme de Toronto, empatando en el quinto lugar histórico de la organización.

A pesar de romper la racha de ocho derrotas (0-6-2) y evitar el inminente desastre de igualar la peor sequía de la franquicia desde el 2015, el panorama de los Maple Leafs sigue siendo sumamente precario. Con un récord de 28-27-11 (67 puntos), Toronto sigue hundido en la División Atlántica, batallando directamente con los Florida Panthers por evitar el foso del grupo. 

Mirando hacia arriba, la montaña parece difícil de escalar: los Maple Leafs se encuentran a 11 puntos de los Boston Bruins, dueños del segundo comodín de la Conferencia Este. Recortar un déficit de doble dígito con poco más de 15 juegos en el calendario, y potencialmente sin el aporte ofensivo de su capitán, convierte la contienda por los playoffs en una quimera matemática.

El alivio será efímero. Toronto deberá empacar de inmediato para enfrentarse el sábado en calidad de visitante al ecosistema más hostil y dominante de la división: los Buffalo Sabres, actuales líderes del Atlántico. Será una prueba de fuego para determinar si la furia mostrada en el tercer periodo puede sostenerse ante la élite de la liga, y sin su máxima figura en el hielo.

Contenido Relacionado