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Los jugadores de la NHL participarán en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 en febrero, la primera vez desde 2014 en la que los mejores jugadores del mundo estarán en el escenario olímpico. Los días 5 y 20 de cada mes previo a los JJOO, NHL.com/es recordará los 10 momentos más emblemáticos de la historia olímpica en los que participaron jugadores de la NHL, incluyendo partidos de las ediciones de 1998, 2002, 2006, 2010 y 2014. Hoy, nos centramos en el número 1: el inolvidable gol de Sidney Crosby con la selección de Canadá en los Juegos de Vancouver 2010, guiando a Canadá a recuperar su estatus como la potencia número uno en el deporte con su gol en tiempo extra en el juego por la medalla de oro ante Estados Unidos.

Después de los Juegos Olímpicos de Torino 2006, Canadá tenía mucho trabajo por delante después del decepcionante torneo en el que su participación terminó de manera anticipada cuando Rusia ganó por 2-0 el duelo entre ambas selecciones en la ronda de los Cuartos de Final, sumando uno de los más grandes fracasos que se recuerden en la historia reciente en una justa invernal.

Doblemente preocupante era el hecho de que en cuatro años Canadá sería sede de los JJOO de invierno en Vancouver 2010, una fiesta nacional en la que se tenía la esperanza de tener en el hielo a la mejor selección canadiense en la historia de unos Juegos Olímpicos, para dar una gran impresión y proclamarse como la gran potencia en el hockey, pero ese descalabro ante los rusos caló hondo.

Una nueva generación de jugadores, incluyendo un joven prospecto en quien estaban depositadas grandes esperanzas como Sidney Crosby, formaban parte de la sangre nueva de una selección canadiense que estaba buscando escribir una nueva historia a partir de 2010 y dejando en el pasado la decepción de Torino.

“Es una locura pensar que ya ha pasado una década", dijo Crosby cuando se cumplieron 10 años de la proeza. "Pero la gente piensa en ello todo el tiempo. Todavía hay gente que se me acerca y me cuenta dónde estaban cuando lo conseguí: en un bar mientras estaban de vacaciones, en una cabaña, donde sea. De niño, creciendo en Canadá, sueñas con estar en un escenario como ese. Juegos Olímpicos. En casa. Tiempo extra. La presión. El drama. Y luego, la sensación de: ‘¡Lo logramos!’”.

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Canadá comenzó el torneo olímpico en casa superando ampliamente a Noruega, por un holgado 8-0, pero luego vinieron las complicaciones, comenzaron las dudas en el resto de la fase de grupos, con una apretada victoria por 3-2 en los tiros de desempate (shootout) ante Suiza.

Sin embargo, llegó el duelo más esperado del Grupo A, ante Estados Unidos. Pero Canadá sucumbió por 5-3 con una sólida actuación de Brian Rafalski, quien anotó dos goles y que cimbró fuerte a los locales en cuanto a la moral de cara a la ronda eliminatoria.

Canadá tuvo que tomar la ruta larga camino al podio. Todo comenzó con un triunfo por 8-2 ante Alemania en el playoff clasificatorio; luego, una anhelada revancha ante los rusos después de cuatro años de amargura, con una contundente victoria por 7-3 en los Cuartos de Final y que catapultaba a los anfitriones a la pelea por las medallas.

Y a los canadienses les tocó medirse ante la revelación del torneo en la ronda de los cuatro mejores cuando tuvieron que verse las caras ante la pujante y sorprendente selección de Eslovaquia, liderada por Pavol Demitra y Jaroslav Halak, dos de los jugadores más sorprendentes del torneo.

Gracias a una memorable actuación del guardameta Roberto Luongo, Canadá dejó en el camino a los eslovacos y se metió al partido por la medalla de oro. Los canadienses, a primera hora, ya sabían quién sería su rival en la Final olímpica en caso de avanzar por encima de Eslovaquia, luego del triunfo de 6-1 de Estados Unidos sobre Finlandia.

Para ese entonces, las actuaciones de Crosby habían sido relativamente discretas, con tres goles y tres asistencias, pues jugadores como Jarome Iginla, Jonathan Toews o Ryan Getzlaf habían cargado con el peso de la ofensiva durante los partidos previos a la Final.

team canada sidney crosby 2010

“Recuerdo dos o tres partidos de mi carrera en los que no pude dormir la noche anterior de los nervios. Y ese fue uno de ellos. Creo que cada noche se sentía la energía y la tensión, porque casi todo el centro no dormía. Sentía que se oía todo, toda la ciudad estaba de fiesta cada noche”, dijo Toews previo a la Final, para poner en contexto la relevancia del partido.

Llegó el partido del 28 de febrero en lo que hoy se conoce como la Rogers Arena, recinto en el que se iba a dirimir la medalla de oro olímpica. Los canadienses tomaron ventaja de 2-0 con los goles de Toews y Corey Perry. Parecía que la suerte estaba echada, pero cinco minutos después del segundo gol de los locales, en el segundo periodo, Ryan Kesler descontó para EEUU.

No obstante, a solo 15 segundos del final del tercer periodo, la Rogers Arena enmudeció cuando Zach Parise hundió el gol del empate. Ese 2-2 en el marcador electrónico punzaba no solo en los ojos de los asistentes sino en las almas de millones de canadienses, temiendo que una nueva tragedia estuviera por acontecer.

“Tuvimos que darle la vuelta a la página rápidamente. Cuando te anotan un gol tan tarde, no hay mucho tiempo para pensar en eso”.

Pero minutos más tarde, el reloj se detuvo a los 7:40 del tiempo extra, después de que Iginla acorraló el disco contra las tablas cerca del círculo izquierdo de faceoff, y Crosby, pidiendo un pase, gritó “¡Iggy!”.

El pase llegó. Y cuando Crosby disparó rápidamente el disco bajo el guante del portero estadounidense Ryan Miller, la euforia invadió el recinto y a todo el país.

“No lo vi entrar”, dijo Crosby, originario de Nueva Escocia. “Solo oí los gritos. La sensación es difícil de describir. La reacción del público fue increíble”.

Crosby solo estaba aplanando el terreno para cimentar su legado como uno de los mejores de todos los tiempos, pues cuatro años después, en Sochi 2014, ayudó a Canadá a revalidar el oro olímpico y poco después levantó la Stanley Cup con los Pittsburgh Penguins por segunda y tercera vez en su carrera, gracias a uno de los momentos más emocionantes en un torneo de hockey olímpico de los que se tenga memoria.

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