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La sequía más larga sin postemporada en la historia de la NHL pareciera estar cerca de llegar a su fin. Los Buffalo Sabres, quienes tienen 14 temporadas sin alcanzar los Playoffs de la Stanley Cup, dieron un golpe en la mesa el domingo, en el que posiblemente haya sido el partido más emocionante para ellos en ese lapso.

En un juego con ambiente de postemporada, los Sabres vencieron al Tampa Bay Lightning 8-7 en el KeyBank Center, para llegar a siete victorias consecutivas y asaltar la cima de la División Atlántica, reforzando así su calidad de contendiente en esta temporada.

Precisamente, para adquirir esa etiqueta, cada equipo suele superar retos particulares que impulsen ese concepto. Y para Buffalo, este desafío pareciera que podría marcar un antes y un después, considerando la realidad que rodea a este club. Así de vital fue el compromiso del domingo.

No solo porque el triunfo los coloca en el primer lugar de su división a estas alturas del campeonato por primera vez desde el 11 de abril de 2010, sino por la forma tan dramática en la que se consiguieron los dos puntos.

El encuentro fue una auténtica montaña rusa que desafió toda lógica defensiva moderna, convirtiéndose en el 16to partido en la historia de la liga (y el primero desde 1992) en el que ambos conjuntos se combinan para anotar siete o más goles en múltiples periodos. 

Buffalo y Tampa Bay intercambiaron ventajas, golpes y emociones en un duelo que vio a siete jugadores distintos registrar al menos tres puntos, una rareza estadística que solo se había presenciado tres veces en los últimos 30 años en la NHL.

Fiel al ambiente de postemporada que rodeaba el compromiso, la intensidad y el rigor físico dictaron el ritmo desde el salto inicial. Las emociones a flor de piel entre dos rivales directos que se disputaban el control de la división generaron un primer periodo de constantes interrupciones, acumulando 70 minutos de penalidad combinados y estableciendo un nivel de urgencia máxima que se mantendría durante el resto de la velada.

Aprovechando la indisciplina, Buffalo castigó sin piedad mediante sus equipos especiales. Los locales llegaron a construir una cómoda ventaja de 4-1 en el segundo periodo, impulsados por tres goles consecutivos en Power Play —incluyendo el primero de la noche obra de Josh Doan— y una genialidad en inferioridad numérica de Alex Tuch. Sin embargo, la ventaja probó ser un espejismo ante el poderío de Tampa Bay.

Liderados por un Nikita Kucherov que repartió tres puntos en la velada para llegar a 61 juegos de tres o más unidades en la carretera a lo largo de su carrera, el Lightning anotó tres veces sin respuesta para igualar la pizarra antes del intermedio.

El tercer periodo ignoró cualquier manual defensivo. Apenas a los 59 segundos, Kucherov le dio a los visitantes su primera ventaja de la noche (5-4) con un potente disparo de primera intención.

TBL@BUF: Kucherov anota el 5-4 con su segundo gol del juego

Cuando Brandon Hagel amplió la brecha a 7-5 a favor de Tampa Bay restando solo 10 minutos en el reloj, parecía que la racha victoriosa de Buffalo había llegado a su fin. Pero este equipo de los Sabres ha demostrado tener un temple distinto.

Demostrando una resiliencia inquebrantable, Buffalo orquestó su sexta victoria en la historia de la franquicia tras ir perdiendo por múltiples goles en los últimos 10 minutos de juego. Dahlin acercó a los suyos con una brillante jugada individual. Poco después, el veterano Jason Zucker robó un disco y empató el encuentro en una escapada solitaria.

TBL@BUF: El segundo gol de Doan le da ventaja de 8-7 a los Sabres

El delirio se desató restando 4:17 en el reloj reglamentario, cuando, en otra situación de superioridad numérica, Josh Doan barrió un rebote frente al área de pliegue para sellar el milagroso 8-7 definitivo.

"Creo que el grupo se ha vuelto muy unido, y se demostró esta noche", expresó un orgulloso entrenador Lindy Ruff, quien curiosamente también dirigía a los Sabres la última vez que lideraron la división en 2010.

"Simplemente la forma en que trabajamos tan duro para volver al juego. No hubo rendición". Ruff valoró especialmente la hermandad mostrada en el hielo, justificando su decisión de dejar al portero Ukko-Pekka Luukkonen (21 salvadas) en el partido tras ver cómo el finlandés abandonó su portería para defender a Dahlin en una escaramuza. 

"Ves a un par de chicos, sus caras un poco hinchadas, un par de pequeños rasguños. Simplemente te pone una sonrisa en la cara. Ese es mi tipo de hockey", sentenció el estratega.

La noche consagró el nivel estelar de Tage Thompson, quien asumió un rol de facilitador al repartir cuatro asistencias (0-4—4), extendiendo a 11 su racha de partidos consecutivos sumando puntos, la más larga para un jugador de Buffalo desde Jack Eichel en 2019.

Del otro lado de la pista, la lectura fue diametralmente opuesta. Jon Cooper, entrenador de un Lightning que ha perdido cinco de sus últimos seis choques, fue lapidario en su análisis: "El resultado final es que concedimos cinco goles de equipos especiales. Ese fue el partido. Podría haber manejado el resto de eso, sin problema".

Con un récord de 39-19-6 y 84 puntos, Buffalo ahora mira a todos desde arriba en el Atlántico, ostentando una ventaja de dos unidades sobre el propio Tampa Bay. El mensaje de vestuario lo resumió a la perfección Rasmus Dahlin. 

"Finalmente estamos aquí, y estamos haciendo cosas buenas. Así que no doy esto por sentado en absoluto. Estoy tan entusiasmado. Estoy tan feliz por Buffalo como ciudad y por todos los fanáticos, también. Esto significa el mundo", dijo el capitán.

Los Sabres buscarán mantener ese ímpetu y defender su nuevo liderato divisional cuando reciban a los San Jose Sharks este martes en la continuación de su estadía en casa.

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