La temporada de los Edmonton Oilers ha estado marcada por la inconsistencia. Y en eso, han sido verdaderamente constantes, si es que puede haber algo de lógica en ese concepto.

Aun luciendo dominantes en algunas ocasiones, los Oilers parecen no terminar de despegar. E incluso en lo negativo, cuando peor lucen, siempre logran detener el mal momento.

En ese aspecto, el club ha sido uno de los equipos más estables de la NHL. Por un lado, los Oilers no han sufrido rachas largas de derrotas. Por el otro, no han podido hilvanar más de dos triunfos consecutivos en esta campaña, dejando a los dirigidos por Kris Knoblauch en una especie de corriente gris.

Dicho esto, el hecho de estar en la débil División del Pacífico mantiene a Edmonton en el segundo lugar, a apenas dos puntos de los líderes Vegas Golden Knights —con 58 puntos, el club estaría fuera de los tres primeros lugares en cualquiera de las otras tres divisiones.

Sin embargo, la frustración de estar en ese territorio neutro está empezando a generar fisuras en el vestuario, tal y como se apreció el jueves, cuando sufrieron un duro revés 6-2 ante los Pittsburgh Penguins en el Rogers Place.

La derrota fue definida por un colapso estructural histórico que sacudió los cimientos del Rogers Place y reescribió los libros de récords de la franquicia de la peor manera posible.

EDM@PIT: Penguins prenden la pizarra con tres goles

En un lapso de apenas 37 segundos al inicio del primer periodo, los Oilers permitieron tres goles, estableciendo la marca de los tres tantos en contra más rápidos en la historia del equipo. Para Pittsburgh, fue la secuencia ofensiva más explosiva en la historia del club al inicio de un partido.

El desastre comenzó a los 2:20, cuando Anthony Mantha desvió un pase filtrado de Justin Brazeau, exponiendo la falta de cobertura. Apenas 22 segundos después, una pérdida en la zona neutral permitió a Mantha escaparse en un mano a mano para poner el 2-0. Y antes de que los aficionados pudieran procesar el golpe, Sidney Crosby desvió un disparo a los 2:57 para el 3-0. Fue una tormenta perfecta de errores defensivos y oportunismo visitante.

"No creo que esperes eso... tuvimos suerte de que funcionara de esa manera", comentó Crosby sobre el inicio que sentenció el duelo antes de los tres minutos.

Este descalabro tuvo un protagonista trágico en la portería: Tristan Jarry. Enfrentando a su ex equipo por primera vez desde el canje en diciembre, en lo que se perfilaba como un "juego de revancha" emocional, Jarry vivió una pesadilla absoluta.

El portero permitió tres goles en los primeros cuatro disparos que enfrentó, una estadística devastadora para la confianza de cualquier guardameta. Jarry terminó la noche con apenas 16 salvadas en 22 intentos (un porcentaje de .727), incapaz de realizar esa parada clave que calmara las aguas durante el asedio inicial.

"Creo que si pudiera mantener uno o dos de esos fuera temprano, nos daría una mejor oportunidad de pelear", admitió Jarry.

La frustración fue palpable en las palabras del capitán Connor McDavid, quien se quedó sin puntos por segundo juego consecutivo, una rareza estadística que no le ocurría desde febrero de 2025.

Históricamente dominante ante Crosby, esta vez McDavid fue neutralizado por la estructura defensiva de Pittsburgh, dejando a los Oilers con un récord de 0-7-2 en partidos donde su capitán no suma.

"Obviamente no es el inicio de la estadía en casa que estábamos buscando... Jugar a ponerse al día es difícil en esta liga y te ves bastante mal cuando lo estás haciendo", sentenció McDavid con un tono sombrío. "Quedan 30 juegos... El sentido de urgencia tiene que subir en nuestro grupo. La carrera por los playoffs está muy apretada".

El regreso de Leon Draisaitl, quien volvió sorpresivamente al equipo tras ausentarse tres juegos por un asunto familiar en Alemania, tampoco pudo evitar el tropiezo, aunque su actuación ofreció una paradoja analítica. Draisaitl centró una línea junto a Andrew Mangiapane y Vasily Podkolzin que dominó territorialmente, controlando casi el 97% de los goles esperados (xG) cuando estuvieron en el hielo 5 contra 5. Sin embargo, el hockey se decide en las redes, no en las hojas de cálculo; Draisaitl terminó con un diferencial de -1 y sin puntos en más de 19 minutos de acción, víctima de la falta de finalización y el colapso en la portería propia.

012226 EDM Leon Draisaitl

Edmonton intentó reaccionar tímidamente. Jake Walman anotó un gol espectacular en desventaja numérica en el segundo periodo, mostrando destellos de orgullo individual, y Matt Savoie agregó otro tanto, pero la estructura defensiva nunca se recuperó del golpe inicial, permitiendo que Pittsburgh ampliara la ventaja con goles de Rickard Rakell, Evgeni Malkin y Egor Chinakhov.

El entrenador Kris Knoblauch no ocultó su decepción y preocupación por la regresión en los hábitos del equipo, comparando el rendimiento con los peores momentos del inicio de la temporada:

"Me recordó a la forma en que jugábamos al principio del año... gastábamos tiempo en la zona ofensiva, pero las oportunidades que regalamos fueron bastante inexcusables".

Ahora, con un récord de 25-19-8 y habiendo perdido cuatro de sus últimos seis compromisos, los Oilers se encuentran en una encrucijada crítica. La "urgencia" pedida por McDavid no puede quedarse en palabras; deberá materializarse este sábado cuando reciban a los Washington Capitals, otro equipo veterano que buscará explotar las mismas debilidades que Pittsburgh desnudó.

En una División del Pacífico donde nadie logra escaparse, Edmonton sigue vivo en la pelea, pero actuaciones como la del jueves son una advertencia clara de que el talento generacional no basta si la estructura defensiva se desmorona en 37 segundos.

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