Ese año la NHL creció a 24 clubes, dándole la bienvenida al Tampa Bay Lightning y a los Ottawa Senators como franquicias de expansión, y también fue el último año en el que las divisiones de la liga se llamaron Adams, Patrick, Norris y Smythe; era el inicio de una nueva era, los cambios estaban ocurriendo, y esto también involucró a una mujer, de nombre Manon Rhéaume.
La NHL se expandía por vez primera al estado de Florida, un territorio inexplorado para un deporte como el hockey, siendo una apuesta en la que la liga decidió correr el riesgo. Y años más tarde pagaría dividendos.
El entonces Gerente General del Lightning, el legendario y miembro del Salón de la Fama del Hockey, Phil Esposito, con el objetivo de cautivar a los aficionados y al mismo tiempo darle un impulso al deporte, decidió innovar a través de un acontecimiento único: abrir las puertas de su equipo a una mujer, haciendo historia en la liga.
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Remando a contracorriente desde la infancia
Rhéaume nació en Lac-Beauport, en la provincia de Québec, en Canadá, donde el hockey es el deporte más popular y en el que desde muy temprana edad decidió incursionar, jugando la mayoría de las veces en equipos en los que ella era la única mujer.
La primera resistencia que halló fue con su padre, a quien tuvo que convencer para que la dejara competir para ser parte de estos equipos, y aunque al inicio no tuvo éxito, siempre la arropó. Sin embargo, ella sería marginada, pero no bajó los brazos, ya que volvía a insistir en ser admitida, trabajando con más ahínco para ganarse un lugar.
"Mi papá nunca me decía la verdad, para que yo no supiera (que no eran bienvenidas las mujeres en el deporte)", dijo Rhéaume a Yahoo! Sports en una entrevista. "Iba a los campamentos, y me cortaban, pero eso me motivaba a entrenar más duro para intentar quedarme en el equipo al año entrante. Así fueron tres años seguidos".
Al llegar a la categoría llamada Bantam AAA, uno de los máximos niveles en los programas juveniles, también le cerraron la puerta.
"Todos los porteros con los que jugué a ese nivel recibían invitaciones, excepto yo, porque era mujer", dijo Rhéaume. "Pero a ese punto ya era mayor y me di cuenta y dije 'está bien, soy una de las mejores guardametas a ese nivel y no me están invitando'. Supe que una mujer no era bienvenida".