Desde su fundación oficial en 1917, la National Hockey League se ha convertido en una de las cinco ligas más influyentes del deporte profesional en América del Norte. Con el paso de cada temporada, nuevos mercados se han ido sumando a la afición, mientras más jóvenes encuentran en el hockey una disciplina que va más allá de la competencia. Bajo esa premisa, NHL.com/es presenta Conexiones fuera del hielo, una serie que explora los vínculos entre este deporte y las historias humanas que lo rodean. En esta entrega, la protagonista no es una figura externa, sino una jugadora que encarna el crecimiento, la herencia y el propósito del hockey femenino de Puerto Rico en el escenario internacional: Katie Leffler.
El desarrollo del hockey suele medirse en pistas nuevas, programas juveniles o mercados emergentes que poco a poco encuentran su lugar dentro del mapa del deporte. Sin embargo, en ocasiones ese crecimiento se vuelve tangible a través de historias individuales que, sin proponérselo, terminan representando un movimiento mucho más amplio. Desde el Caribe hasta el sur de América, el hockey femenino de Puerto Rico ha comenzado a escribir una narrativa propia, y en ese proceso, nombres como el de Katie Leffler se han convertido en símbolos de pertenencia y propósito.
La medalla de oro obtenida por la selección femenina de Puerto Rico en el torneo 3x3 avalado por la Federación Internacional de Hockey Sobre Hielo (IIHF por sus siglas en inglés), no solo representó un logro deportivo. Para Leffler, ese momento fue la convergencia de una trayectoria poco convencional, forjada entre el sur de Florida, Boston y una herencia familiar profundamente arraigada en la Isla.


























