USA olympics 2002

Los jugadores de la NHL participarán en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 en febrero, la primera vez desde 2014 en la que los mejores jugadores del mundo estarán en el escenario olímpico. Los días 5 y 20 de cada mes previo a los JJOO, NHL.com/es recordará los 10 momentos más emblemáticos de la historia olímpica en los que participaron jugadores de la NHL, incluyendo partidos de las ediciones de 1998, 2002, 2006, 2010 y 2014. Hoy, nos centramos en el número 4: la memorable actuación de la selección de Estados Unidos jugando en casa en los Juegos de Salt Lake City 2002, cayendo en el juego por el oro ante la poderosa Canadá en la gran Final.

La última vez que la selección olímpica de hockey de Estados Unidos había disputado una Final en busca de la medalla de oro, fue en la edición de 1980 en Lake Placid, de entrañables recuerdos para ese país por la consecución de la presea áurea tras vencer por 4-2 a Finlandia y consumar el llamado “Milagro en el Hielo”, particularmente alcanzado tras derrotar a la Unión Soviética en Semifinales.

Para los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002, se albergaba la esperanza de que, jugando en casa, Estados Unidos pudiera resarcirse después de tener un no muy agraciado debut con jugadores de la NHL en Nagano 1998, al ser eliminados por la República Checa en la Ronda de los Cuartos de Final, dejando un sabor de boca amargo, pues se proyectaba una actuación más decorosa.

Para la cita olímpica de 2002, una de las características que tuvo el equipo de las barras y las estrellas, en aras de tener una participación sólida frente a su gente, era la de la experiencia, pues con una edad promedio de 31 años y 10 meses, era el equipo más veterano de la competencia, asegurando un roster de jugadores habituados a lidiar con la presión de los grandes escenarios.

CAN USA olympics 2002

Con nombres como los de los delanteros Brett Hull, Tony Amonte, John LeClair, Jeremy Roenick o Doug Weight, o de defensas como Chris Chelios, Phil Housley y Brian Leetch, y sólidos porteros como Tom Barrasso y Mike Richter, la intención de poner en el hielo jugadores que estuvieran habituados a la presión era clara.

Otro ingrediente especial de esa selección estadounidense de la edición de 2002 es que, apelando al sentimentalismo y a la añoranza, USA Hockey decidió llamar al entonces veterano entrenador Herb Brooks, quien estuvo detrás de la banca de EEUU 22 años atrás en Lake Placid, arquitecto del equipo que logró el “Milagro en el Hielo”, para conducir a aquel veterano grupo de jugadores en Utah.

Estados Unidos superó la primera fase del torneo con bastante holgura, con dos victorias y un empate. Los triunfos ocurrieron ante Finlandia por 6-0 y 8-1 contra Bielorrusia, mientras que registró un empate 2-2 frente a Rusia para acabar con marca invicta. El balance de goles anotados y recibidos, de 16-3, catapultaba a la selección local como una de las favoritas en las rondas eliminatorias.

El primer rival de los estadounidenses en esa etapa fue Alemania. Como era de suponerse, no fue un partido complicado y Estados Unidos ganó 5-0 con sólidas actuaciones de dos de los veteranos, dos puntos para Jeremy Roenick (1-1--2) y otro par para John LeClair (1-1--2), mientras Mike Richter sellaba la blanqueada que mandaba a los locales a la Semifinal, asegurando al menos presencia en un partido por las medallas.

Luego de que Rusia venciera por 1-0, con gol de Maxim Afinogenov y blanqueada de Nikolai Khabibulin, a la República Checa en una especie de revancha tras la derrota por el mismo marcador en el juego por la medalla de oro cuatro años atrás en Nagano 1998, se dio una Semifinal de ensueño.

TOML Salt Lake City 2002 (CANvsUSA handshakes)

Pero ese júbilo fue efímero. Antes de que concluyera el segundo periodo, y prácticamente tres minutos después del gol de Rafalski, Joe Sakic le dio a Canadá una ventaja de 3-2, una que jamás perdería y que se incrementó con el segundo gol de Iginla y otro más del mismo Sakic, para consumar el fin de la sequía canadiense de cinco décadas sin ganar el oro olímpico.

Una medalla de plata es un premio que genera sentimientos encontrados. Ciertamente tiene más valor que la de bronce, otorgada al tercer lugar, pero para muchos es el consuelo de quien perdió el premio máximo; no obstante, otros la ven como una recompensa de alto valor que invita a volver a intentarlo de nuevo para cambiarla por una de oro.

Lo que es una realidad, es que la selección de Estados Unidos llevó a cabo un magnífico torneo en el que se quedó muy cerca de repetir otro milagro sobre la pista de hielo, pero siempre quedará esa sensación de que pudo haber logrado más.

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El 22 de febrero de 2002, Rusia y Estados Unidos se vieron las caras en el duelo que llevaba al partido por la medalla de oro. El equipo del coach Brooks logró sacar una ventaja que a la postre fue definitiva, con goles de Bill Guerin, Scott Young y Phil Housley, en el primero y segundo periodo, respectivamente, en power play todos ellos, para establecer un margen de 3-0 después de los primeros 40 minutos de acción.

No obstante, los rusos no se quedaron de brazos cruzados y respondieron con dos goles sin respuesta en el tercer periodo, el primero de ellos tan pronto como a los 11 segundos de haber comenzado ese lapso, por conducto de Alexei Kovalev, mientras que 3 minutos y 10 segundos después, Vladimir Malakhov apretó el partido a 3-2, derivando en un desenlace lleno de tensión.

No obstante, Richter se creció y no volvió a permitir que los rusos encendieran la lámpara una vez más, consumando una sufrida, pero festejada victoria por 3-2 y avanzar al juego por la medalla de oro, el regreso a esas instancias 22 años después.

“Ese fue el mejor partido en el que jamás haya participado”, dijo tras la Semifinal el delantero de EEUU Jeremy Roenick.

Y, como era de esperarse, Canadá superó por amplio margen a su rival en la Semifinal, por un holgado 7-1 ante Bielorrusia, lo que deparó en el duelo por la medalla de oro que la gran mayoría de los aficionados en Norteamérica estaban esperando.

“No puedes escoger contra quién jugar, pero sin duda le da emoción”, dijo el portero estadounidense Mike Richter previo a la Final ante Canadá. “Se esperan 60 minutos de hockey fantásticos”.

Los estadounidenses estaban muy motivados con la posibilidad de hacer un “Milagro en el Hielo 2.0”, estando en casa, jugando sólido en todas las áreas, recién triunfadores en una Semifinal épica ante Rusia y como añadido, la presencia del entrenador Brooks en la banca, como hacía 22 años.

Pero para su infortunio, en frente tenían a un equipo con sus propias razones y motivaciones. Canadá tenía 50 años sin ganar una medalla de oro, el país que considera al hockey como su deporte nacional, ocupando el mayor porcentaje de jugadores nativos en la NHL.

Además, Canadá buscaba su propia revancha, pues después de armar un supuesto ‘Dream Team’ que incluía a Mario Lemieux y Wayne Gretzky, en 1998 los de la hoja de maple se fueron en blanco, perdiendo incluso el juego por la medalla de bronce ante Finlandia, sellando uno de los mayores fracasos en la historia del hockey canadiense.

Y hasta bien entrado el segundo periodo, no había motivos para no pensar en un nuevo milagro estadounidense en el hielo. Amonte adelantó a los locales, pero los canadienses respondieron con dos goles de Paul Kariya y Jarome Iginla; no obstante, Brian Rafalski igualó 2-2 el partido, generando el bullicio en el E Center.

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Pero ese júbilo fue efímero. Antes de que concluyera el segundo periodo, y prácticamente tres minutos después del gol de Rafalski, Joe Sakic le dio a Canadá una ventaja de 3-2, una que jamás perdería y que se incrementó con el segundo gol de Iginla y otro más del mismo Sakic, para consumar el fin de la sequía canadiense de cinco décadas sin ganar el oro olímpico.

Una medalla de plata es un premio que genera sentimientos encontrados. Ciertamente tiene más valor que la de bronce, otorgada al tercer lugar, pero para muchos es el consuelo de quien perdió el premio máximo; no obstante, otros la ven como una recompensa de alto valor que invita a volver a intentarlo de nuevo para cambiarla por una de oro.

Lo que es una realidad, es que la selección de Estados Unidos llevó a cabo un magnífico torneo en el que se quedó muy cerca de repetir otro milagro sobre la pista de hielo, pero siempre quedará esa sensación de que pudo haber logrado más.

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