El mensaje que envían a la liga es claro y directo: el núcleo que destrozó a sus rivales en esta postemporada se queda en casa.
Pero lo que de verdad debería quitarle el sueño a los otros 31 equipos de la liga no es solo quién se queda, sino la chequera que tienen lista para usar. Mientras que otros campeones recientes han sufrido tratando de cuadrar los números para no pasarse del límite, los Hurricanes tienen espacio de sobra.
Tulsky no se guardó nada al hablar sobre sus planes para este verano, dejando claro que no van a conformarse con lo que ya tienen.
"Si hay alguna posibilidad de mejorar, la aprovecharemos", expresó el directivo. "Tenemos la total aprobación para gastar hasta el tope si hay formas de hacerlo para mejorar. Tenemos mucho espacio y un equipo muy fuerte. No hay garantía de que podamos encontrar formas de gastar todo ese dinero, pero vamos a pasar todo el verano intentándolo".
Escuchar a un gerente campeón hablar con esa agresividad financiera es algo inusual en la NHL de hoy, y demuestra que en Carolina el conformismo no tiene espacio en el vestuario.
Obviamente, nadie sale completamente ileso del mercado de verano. Veteranos de mil batallas muy queridos por la afición, como Brent Burns y Dmitry Orlov, empacaron sus maletas rumbo a nuevos horizontes. Con ellos se van muchísimos minutos de experiencia y liderazgo en la retaguardia. Pero si algo ha dejado claro el sistema de Rod Brind'Amour es que nadie es irremplazable cuando la estructura principal funciona.
La presencia de Miller y de los defensores más jóvenes que piden pista están ahí precisamente para tapar esos huecos. Brind'Amour ha creado un ambiente donde los jugadores compiten por el compañero de al lado, un sistema táctico que absorbe las salidas de los veteranos y potencia el talento de los que asumen esos roles.