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La resaca del campeonato apenas comienza. La Stanley Cup ya descansa en Raleigh y la ciudad entera cuenta las horas para volcarse a las calles en el gran desfile de este sábado, en el mundo de la NHL, el tiempo no perdona.

Los Carolina Hurricanes acaban de tocar el cielo tras 20 años de espera, aplastando a sus rivales con un récord de 16-3 en la postemporada y cerrando con broche de oro en Las Vegas. Sin embargo, mientras los aficionados siguen saboreando la victoria y planeando la ruta de la caravana, el resto de la liga ya tiene la mirada puesta en la próxima temporada y se hace la misma pregunta: ¿tienen estos Hurricanes lo necesario para repetir la hazaña en 2027?

Staal recibió el trofeo de manos del comisionado Bettman

La realidad de la liga moderna dicta que los equipos campeones suelen desarmarse casi de inmediato. El tope salarial es un monstruo silencioso que devora dinastías antes de que logren nacer, obligando a los gerentes generales a dejar ir a sus mejores piezas por no poder pagarles lo que merecen tras ganar el título. Pero el caso de Carolina es un caso totalmente distinto.

Esta organización lleva ocho años consecutivos clasificando a los playoffs, acumulando lecciones a base de golpes, barridas en contra y decepciones. Todo ese trauma colectivo construyó un equipo que no fue diseñado para brillar por un par de meses de suerte, sino para dominar una década entera. Y la clave para pensar seriamente en un bicampeonato radica en cómo la gerencia manejó el éxito desde mucho antes de levantar la copa.

Eric Tulsky, el gerente general y cerebro analítico detrás de este rompecabezas, no se sentó a esperar que el mercado de agentes libres dictara las reglas. Sabiendo exactamente lo que tenía entre manos, se movió rápido, casi con frialdad, para amarrar a los pilares del futuro.

Jackson Blake, el chico que explotó liderando al equipo con 20 puntos en los playoffs, y Logan Stankoven, la bujía inagotable que le cambió la cara a la primera línea, firmaron extensiones máximas de ocho años. Lograron asegurar los mejores años de sus dos grandes joyas ofensivas. A esto se le sumó el blindaje del imponente K'Andre Miller por ocho campañas para anclar la línea azul y la permanencia de Nikolaj Ehlers por seis años más.

CAR@VGK: Un remate de primera de Blake pone a los Hurricanes arriba por 2

El mensaje que envían a la liga es claro y directo: el núcleo que destrozó a sus rivales en esta postemporada se queda en casa.

Pero lo que de verdad debería quitarle el sueño a los otros 31 equipos de la liga no es solo quién se queda, sino la chequera que tienen lista para usar. Mientras que otros campeones recientes han sufrido tratando de cuadrar los números para no pasarse del límite, los Hurricanes tienen espacio de sobra.

Tulsky no se guardó nada al hablar sobre sus planes para este verano, dejando claro que no van a conformarse con lo que ya tienen.

"Si hay alguna posibilidad de mejorar, la aprovecharemos", expresó el directivo. "Tenemos la total aprobación para gastar hasta el tope si hay formas de hacerlo para mejorar. Tenemos mucho espacio y un equipo muy fuerte. No hay garantía de que podamos encontrar formas de gastar todo ese dinero, pero vamos a pasar todo el verano intentándolo".

Escuchar a un gerente campeón hablar con esa agresividad financiera es algo inusual en la NHL de hoy, y demuestra que en Carolina el conformismo no tiene espacio en el vestuario.

Obviamente, nadie sale completamente ileso del mercado de verano. Veteranos de mil batallas muy queridos por la afición, como Brent Burns y Dmitry Orlov, empacaron sus maletas rumbo a nuevos horizontes. Con ellos se van muchísimos minutos de experiencia y liderazgo en la retaguardia. Pero si algo ha dejado claro el sistema de Rod Brind'Amour es que nadie es irremplazable cuando la estructura principal funciona.

La presencia de Miller y de los defensores más jóvenes que piden pista están ahí precisamente para tapar esos huecos. Brind'Amour ha creado un ambiente donde los jugadores compiten por el compañero de al lado, un sistema táctico que absorbe las salidas de los veteranos y potencia el talento de los que asumen esos roles.

K'Andre Miller - Cup

Y luego está el siempre delicado tema de la portería, el eterno dolor de cabeza de las franquicias que buscan repetir el campeonato. Carolina parece tenerlo resuelto con una tranquilidad pasmosa. Frederik Andersen, quien fue una auténtica muralla durante las primeras rondas hasta que el físico le pasó factura, regresa con un contrato sumamente amigable para el equipo. Y para cubrirle las espaldas, o incluso adueñarse de la titularidad, está el gran héroe inesperado de la Final. Brandon Bussi, el novato que llegó de la nada para salvar la temporada y blanquear a Las Vegas en el juego decisivo de la serie, ya firmó una merecida extensión de tres años. La red está doblemente asegurada.

Al final del día, el hockey se decide sobre el hielo, y ahí es donde la cultura interna de los Hurricanes marca una diferencia. Jordan Staal, el gran capitán y reciente ganador del Trofeo Conn Smythe, entrará al último año de su contrato. Si alguien en la liga piensa que a sus 37 años va a levantar el pie del acelerador ahora que ya tiene su segunda copa, es que no ha prestado atención a su carrera.

En su año 14 con los Hurricanes, el veterano capitán se lleva el MVP del playoff

Tras ganar el título, Staal dejó muy claro cómo opera la mente de este grupo:

"Todos estaban enchufados, y las cuatro líneas simplemente estaban en marcha. Lo hemos llamado la máquina antes, y simplemente la mantuvimos funcionando, y no se detuvo".

Esa "máquina" es el motor que empuja a la franquicia de Raleigh. Repetir un campeonato en la NHL es, sin lugar a dudas, una de las tareas más titánicas y agotadoras del deporte mundial.

Requiere talento de sobra, salud impecable, un toque de suerte y una gestión desde las oficinas magistral. Los Hurricanes ya demostraron que tienen el carácter para sobrevivir a las peores tormentas y superar los demonios del pasado. Ahora, con los contratos importantes amarrados, la billetera abierta y el hambre intacta de un capitán que querrá despedirse a lo grande, la verdadera pregunta no es si Carolina puede repetir. La pregunta que debería hacerse el resto de la liga es si alguien tiene con qué detenerlos.

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