El hockey nunca se olvida
Miguel Hernández llegó junto con su esposa hace dos años a Playa del Carmen enfocado en un negocio familiar de farmacias. Sin embargo su vasto pasado en el hockey (el cual incluye jugar un Mundial sub-20 y un paso por la Western States Hockey League) eventualmente lo impulsaría a buscar otros horizontes en el mundo deportivo.
"No podía estar tranquilo sin jugar hockey", recordó emocionado Hernández, quien encontró turistas y residentes canadienses en la ciudad, con los cuales podía compartir su pasión por el este deporte.
Al correrse la voz del interés por el deporte en la región, Miguel fue invitado a hacer una exhibición en Cancun (a 68km de Playa del Carmen) y justo ahí conoció a otro chico que jugaba. Fue tanta la emoción de relacionarse con más gente de hockey, que el exjugador procedió a comprar bastones y porterías para iniciar un nuevo proyecto, aunque tendría que ser más creativo, al no contar con espacios donde practicar."
"Cuando vi a los niños jugando y sonriendo no pude borrar esa imagen de mi cabeza," mencionó Hernández. "No teníamos pista, así que empezamos a investigar sobre el ball hockey."
La ventaja del ball hockey básicamente es no se necesitan patines y puede practicarse donde sea. Eso fue ya un punto importante para invitar a niños mexicanos cuyos padres no tuvieran que preocuparse por el alto gasto inicial de adquirir unos patines de ruedas o para hielo.