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La historia de la National Hockey League es una de las más convincentes de los principales deportes profesionales. Cada semana, NHL.com/es te lleva al interior de la fundación y evolución de la liga, con episodios puntuales. En esta entrega, el viaje a través del tiempo, sirve para recordar una de las noches más emocionantes de todos los tiempos, gracias a Mario Lemieux.

En el mundo de los deportes profesionales, son pocos los atletas que logran ser identificados como el emblema de una franquicia. Pero en el caso de Lemieux, la relación va más allá, pues el integrante del Salón de la Fama no sólo es la cara histórica de los Pittsburgh Penguins, sino prácticamente el salvador de la institución, no sólo en una pero en dos ocasiones.
Los Penguins estaban en una situación desesperada a mediados de la década de 1980 y reclutar a Lemieux, evitó la debacle y posible mudanza del club. En los años siguientes, el delantero se convirtió en la pieza central que junto a Jaromir Jagr, lograron traer dos títulos de la Stanley Cup a la ciudad de Pittsburgh.
Tras superar lesiones, operaciones y hasta un cáncer, Lemieux se retiró en 1997 con un total de 1494 puntos, producto 613 goles y 881 asistencias en 745 partidos. No obstante, los problemas económicos volvieron a aparecer para los Penguins y el equipo enfrentó la posibilidad de ser vendido e incluso mudarse de sede.

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Fue entonces cuando Lemieux, volvió a demostrar su lealtad y amor por la camiseta y en lugar de demandar los más de 30 millones que se le debían en salario diferido, aceptó una oferta para comprar al equipo como propietario mayoritario. Una vez aprobado el proceso, el canadiense se convirtió en el primer ex jugador en convertirse en dueño principal de su antiguo club. Lemieux no solo se hizo cargo, sino que hizo un excelente trabajo.
De la oficina al hielo
A fines del año 2000, corrieron rumores de que Lemieux estaba considerando regresar, motivado principalmente por el hecho de que su hijo Austin nunca lo había visto jugar. Las teorías resultaron ser ciertas, debido a que el delantero estaba entrenando en secreto con su ex compañero Jay Caufield.
La historia cuenta que Caufield, se encontraba manejando de regreso a casa, cuando su teléfono sonó y del otro lado de la línea estaba Mario Lemieux, quien con 35 años de edad, le preguntó si tenía tiempo para poder ayudarlo a practicar. La interrogante entre ambos no se basó en la razón, sino más bien en la disponibilidad para comenzar a entrenar lo más pronto posible.

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Y así comenzó la ruta con Lemieux, un talento generacional icónico cuya carrera había terminado prematuramente debido a las lesiones, mientras Caufield, un ex jugador de fútbol americano universitario convertido en caballo de batalla de la NHL, que trabajó arduamente en la cuarta línea y protegió a las estrellas de los Penguins: los dos compartían un parentesco forjado durante años de respeto mutuo y afinidad.
Toronto el lugar escogido
Después de 44 meses de retiro, durante los cuales fue exaltado al Salón de la Fama del Hockey, Lemieux regresó y como si el tiempo no hubiese pasado, en aquella noche del 27 de diciembre del 2000 ante los Toronto Maple Leafs, repartió una asistencia a su principal socio en la pista, Jaromir Jagr, con apenas 33 segundos de haber tocado la pista de hielo en un partido de la NHL, el cual terminó con victoria para Pittsburgh con pizarra de 5-0.
Tres noches después, Lemieux sumó un gol y tres asistencias ante los Ottawa Senators en su segundo partido, todo ello en ruta a terminar la campaña con 76 puntos (35 goles, 41 asistencias) en 43 partidos. Pero su impacto fue mucho más allá que números simples y es que la presencia del espigado delantero ayudó la salud financiera del equipo, mantenerlos en Pittsburgh y asegurar una nueva arena.

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Los 76 puntos en sólo 43 juegos, le permitió a Lemieux terminar con el promedio de puntos más alto por juego en la liga ese año y ocupó el tercer lugar en la votación del Trofeo Hart, entregado al Jugador Más Valioso de la NHL. Los Penguins llegaron hasta las Finales de la Conferencia Este en aquel año, gracias a algunos actos heroicos tardíos de Lemieux en la serie contra los Buffalo Sabres, antes de que finalmente cayeran ante los New Jersey Devils en cinco juegos.
El regreso a la pista con Pittsburgh, le permitió a Lemieux recuperar el estado físico para poder brillar a nivel internacional y es que a pesar de todos su logros, el delantero no pudo participar en los Juegos Olímpicos hasta el final de su carrera. Por ello, se tomó un tiempo libre con los Penguins en la temporada 2001-02 para estar más preparado físicamente para la cita olímpica y terminó anotando seis puntos en cinco juegos, para ser parte de un equipo soñado de Canadá que sin sorpresas, terminó llevándose al medalla de oro. Aunque su nivel en la NHL esa temporada no fue nada especial para sus estándares, la compensación de poder asegurar una medalla dorada y completar su vitrina de trofeos valió la pena.
Durante su tercera etapa en la liga, Lemieux no descuidó su trabajo en la oficina y fue el responsable de reclutar al actual capitán de los Penguins, Sidney Crosby, a quien el 3 de noviembre de 2005, le repartió una asistencia en la victoria 5-1 ante los New York Islanders. Cuatro años después, liderados por Crosby, Pittsburgh ganó su tercera Stanley Cup, la primera de tres (2016 y 2017) de Mario Lemieux como propietario.