Photo 1 Pato Oward

Desde su fundación oficial en 1917, la National Hockey League ha trascendido su naturaleza competitiva para convertirse en un espacio donde distintas disciplinas, culturas y formas de entender el deporte encuentran puntos en común. A lo largo del tiempo, figuras provenientes de entornos ajenos al hielo han descubierto en esta práctica elementos familiares que conectan con su propia identidad profesional. Bajo esa premisa, NHL.com/es presenta Conexiones fuera del hielo, una serie que explora vínculos entre el hockey y protagonistas que, desde otros escenarios, reconocen en esta actividad valores universales como la intensidad, la disciplina y la búsqueda constante del máximo rendimiento. En esta entrega, la historia se traslada a la experiencia de Patricio O’Ward, piloto mexicano cuya relación inicial con el hockey abre una ventana hacia una conexión más profunda con la esencia del juego.

Para O’Ward, acostumbrado a la velocidad extrema y a la toma de decisiones en fracciones mínimas de tiempo, el acercamiento al hockey representa un descubrimiento que trasciende la curiosidad inicial. Durante su visita a la casa de los Dallas Stars, el piloto mexicano vivió por primera vez un partido desde adentro de la experiencia, a nivel de pista, en contacto directo con la intensidad del entorno. “Muy pocas, como media. Fui una vez en Tampa con los Tampa Bay Lightning, pero ni siquiera me quedé al juego. Solo fui a saludar y me fui. Esta es mi primera experiencia ya bien, completa”, relata, describiendo un primer contacto limitado que contrasta con la vivencia actual. Ese salto entre una visita breve y una inmersión real permite observar con mayor claridad los detalles que definen a esta disciplina, desde la cercanía con el hielo hasta la energía que se transmite en cada jugada.

La impresión generada por esa cercanía física con el entorno competitivo se convierte en uno de los aspectos más reveladores. “Está buenísimo. Nos tienen ahí pegados al acrílico y ya me dijeron que puedes golpearlo y hacer porras, así que estamos listos. Venimos con toda la actitud”, comenta, evidenciando cómo la experiencia en vivo transforma la percepción de un deporte que, visto a distancia, no alcanza a transmitir la totalidad de su intensidad. Esa interacción directa con el ritmo del partido permite comprender el nivel de exigencia al que están sometidos los protagonistas, una condición que O’Ward reconoce como un elemento familiar dentro de su propia carrera.

Intensidad que une disciplinas

La conexión entre el automovilismo y el hockey encuentra uno de sus puntos más claros en la exigencia física y mental que ambos requieren. Para O’Ward, la figura del guardameta representa una referencia inmediata de esa carga competitiva. “Que el portero carga con muchísimo peso y pierde bastante durante el partido, igual que los jugadores. Pero la verdad, lo que espero es mucha intensidad, mucha testosterona”, explica, resaltando aspectos que van desde la resistencia física hasta la confrontación directa como parte del espectáculo. Esa combinación de elementos configura un entorno en el que cada acción exige concentración absoluta, una característica compartida con la conducción de un monoplaza a alta velocidad.

Dentro del automovilismo, esa misma presión se manifiesta en contextos donde no existe margen para el error. “Yo creo que un poco de caos. Especialmente ante un circuito nuevo, un evento nuevo, y en el que no tenemos referencias claras de estrategia o zonas de rebase. Allí, vas a ver a muchos pilotos experimentando, siendo creativos, y algunos van a cometer errores”, señala, estableciendo un paralelismo implícito entre la incertidumbre de una pista desconocida y la dinámica impredecible de un encuentro de hockey. En ambos escenarios, la capacidad de adaptación se convierte en un factor determinante para alcanzar el éxito.

La experiencia vivida en el entorno del hockey permite a O’Ward identificar similitudes que antes no formaban parte de su radar. La velocidad, el contacto físico y la necesidad de anticipación se integran en una misma narrativa donde el tiempo de reacción resulta determinante. Esa coincidencia de factores refuerza la idea de que, más allá de las diferencias evidentes entre disciplinas, existe un núcleo común que define la competencia de alto nivel.

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Velocidad, precisión y lectura del entorno

El acercamiento de Patricio O’Ward al hockey no solo se limita a la experiencia vivida a nivel de pista con los Dallas Stars, sino que también le permite interpretar el deporte desde una lógica que domina, como por ejemplo la lectura de escenarios en constante cambio. En ese sentido, el análisis del circuito urbano del Gran Premio de Arlington se convierte en un punto de partida para entender cómo distintas disciplinas comparten una misma exigencia mental. “Es largo para ser callejero, cerca de tres millas, con una recta larguísima. Tiene una sección con una curva larga a la izquierda que conecta con varias derechas antes de la recta principal. Se ve interesante”, detalla el piloto mexicano, describiendo un trazado que demanda precisión absoluta. Esa manera de estudiar cada sección encuentra un paralelismo directo con la forma en que los jugadores sobre el hielo interpretan el movimiento del disco, anticipan trayectorias y detectan espacios en cuestión de segundos.

La preparación previa se convierte entonces en un elemento determinante dentro de esa conexión. Antes de competir en Texas, O’Ward recorrió físicamente el circuito urbano del Gran Premio de Arlington para comprender sus características, una práctica que refleja la importancia de anticiparse a lo que está por venir. “Sí, estuve caminando una parte del circuito, especialmente esa sección de la curva en forma de herradura, y se ve muy bien.” 

Esa intensidad también se traslada a la experiencia del público, donde la emoción surge de la incertidumbre y el ritmo constante de la acción. “Que vengan a los partidos y a las carreras, que lo disfruten. El ambiente siempre está lleno, buen clima, y seguro vivirán una gran experiencia”, comenta O’Ward, resaltando la importancia de crear espacios atractivos para quienes se acercan por primera vez.

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Identidad, mentalidad y proyección

Más allá de la técnica y la velocidad, la esencia competitiva de Patricio O’Ward se encuentra profundamente ligada a su identidad. Su forma de entender el deporte no se construye únicamente desde la ejecución, sino desde una mentalidad que exige compromiso total en cada escenario. Esa visión, aplicada tanto en el automovilismo como en su reciente acercamiento al hockey, establece un punto de conexión entre disciplinas que comparten exigencias similares en cuanto a intensidad, preparación y toma de decisiones.

La interacción con el entorno del hockey, sumada a su experiencia en el alto rendimiento, permite identificar elementos comunes en la manera en que se enfrenta la competencia.  Ese cruce de experiencias refuerza la capacidad del deporte para generar conexiones entre distintas audiencias, ampliando su alcance y consolidando espacios donde la identidad y la competencia coexisten. “El hambre. El hambre de triunfar y de hacer todo al cien, no a medias. Si vas a hacer algo, hazlo con todo. Eso es algo que siempre llevo conmigo, en mi carrera y en mi vida”.

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