El desafío para los Stars, contrario a la mayoría de los conjuntos que realizan movimientos de emergencia, no radica en una recuperación, sino más bien, en la consistencia. Actualmente, Dallas mantiene una racha de tres victorias al hilo y su portero, Ben Bishop, ha sido la piedra angular en los dos desafíos más recientes, con un total de 61 salvadas, permitiendo sólo un gol. Lejos de implicar cambios, la presencia de un nuevo entrenador llega como un factor determinante para fortalecer la identidad de un equipo, que se apoyó en una racha de 12 partidos consecutivos sumando puntos y así, meterse en los puestos de clasificación.
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Ganadores de seis de sus últimos 10 cotejos, Dallas se ubica en el primer comodín en la Conferencia Oeste con 39 puntos, sin quitar el enfoque de los tres primeros lugares de la División Central, en la que apenas tres unidades, separan a los texanos de la cima. En su segundo año en la NHL, el finlandés Roope Hintz, es el líder goleador de la franquicia con 11 tantos en 25 juegos, superando su cantidad total de la temporada pasada, cuando marcó nueve en 58 presentaciones.
EL DESAFÍO DE BOWNESS
La última vez que Rick Bowness estuvo al frente de un equipo en la liga, lo hizo de forma interina, cuando asumió las riendas de los entonces Phoenix Coyotes en el 2004. Su última presencia como entrenador principal fue hace más de 20 años, cuando dirigió a los New York Islanders. Su record global es de 123 triunfos por 289 derrotas (48 overtimes) y en 463 partidos, sólo ha podido alcanzar los playoffs en una oportunidad, cuando lideró a los Boston Bruins a la postemporada en la 1991-92.
Tras 15 años fuera de la "silla caliente", Bowness encuentra frente a sí, el reto de mantener la estructura ganadora que ha colocado a los Stars en posición de pelear por su segunda corona en la NHL, después de 20 años del inolvidable título de la Stanley Cup en 1999. (vencieron a los Buffalo Sabres en la final). El nuevo entrenador de Dallas asume el nuevo capítulo de su carrera apelando a su más reciente experiencia como asistente técnico y dirigente asociado, roles en lo que no sólo alcanzó la postemporada, pero, además, formó parte de unos Vancouver Canucks que ganaron títulos divisionales y el Presidents Trophy en el 2011, año en que levantaron el banderín de la Conferencia Oeste.