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El hockey mexicano ha buscado expandir sus horizontes en los últimos treinta años y esto ha consistido en buscar diferentes torneos en el extranjero para evaluar su nivel de juego. Es por esto que el Quebec International Pee-Wee Hockey Tournament fue fundamental en una generación hambrienta de crecimiento, especialmente de 1994 al 2004.

Durante este trecho, los jóvenes mexicanos necesitaron el apoyo de familias canadienses que pudieran apoyarlos con hospedaje, transporte y logística en un país ajeno. Y es aquí donde nace la historia de Kathy Rouillard, conocida cariñosamente como la “Madrina”, quien hasta la fecha todavía mantiene una estrecha relación con varios de los jugadores a los cuales apoyó.

El inicio del legado

Como la típica nativa de Quebec, Kathy Rouillard creció en el ambiente del hockey como fanática de los Nordiques, equipo de la NHL que en 1995 emigró a Colorado. En esos tiempos, su jugador favorito era Dale Hunter, quien de 1980 a 1987 promedió más de 60 puntos por temporada con esta franquicia.

Ya en su vida adulta con responsabilidades de madre, tuvo la oportunidad de ver crecer a sus dos hijos y única hija jugando hockey. Fue ahí donde tuvo la oportunidad de conocer al presidente del Quebec International Pee-Wee Hockey Tournament, una histórica competencia que data del año 1960.

En 1993 Kathy se ofreció en alojar a niños que llegaron al torneo procedentes del Reino Unido y solo un año después empezaría una longeva relación con los participante mexicanos.

“El alojamiento es costoso, así que los organizadores buscaron familias que pudieran cooperar”, comentó Rouillard. “Me gusta conocer nuevas culturas y fue así como me convertí en la ‘madrina’ de los mexicanos”.

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Cabe señalar que desde la primera estancia, Kathy tuvo que cubrir todos los gastos como voluntaria por amor al deporte. Esto incluía hospedaje, transporte y comida para los jóvenes mexicanos que visitaban Quebec para el torneo.

Desde la llegada de los hermanos Javier, Juan Pablo y Adrián Velázquez en 1994, Kathy ha hospedado a más de 50 niños y jóvenes en su casa. Fue así como tuvo la oportunidad de aprender el idioma y la cultura que en su opinión es muy similar a la propia.

“Después de dos minutos de su llegada, todos éramos ya una familia”, declaró Rouillard. “Nuestra relación se hizo más estrecha y ellos me seguían llamando años después de su visita”.

Relaciones a largo plazo

Estos nexos originados de 1994 al 2004, se convirtieron en pactos a largo plazo con una cercanía prácticamente familiar. Kathy recuerda el caso de un niño que una ocasión le solicitó hospedaje para asistir a una escuela de verano de hockey, pero que terminó quedándose un año entero para estudiar francés.

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Su novio Eric Paquette recuerda un caso donde en medio de una extrema tormenta de nieve a temperatura bajo cero, dos adultos llegaron de la nada tocando a su puerta. Resulta que era uno de los “hijos mexicanos” de Kathy pidiendo posada, basado en la confianza que desarrollaron por tantos años.

Rouillard quedó encantada de conocer tanto de las tradiciones mexicanas y recientemente visitó el famoso destino turístico de la península de Yucatán, incluyendo la ciudad de Cancún. Durante el viaje, la familia adoptó a un perro xoloitzcuintle, al cual cariñosamente bautizó como “Taco”.

“Me he enamorado de la cultura mexicana y por eso decidí visitar Cancún”, comentó Rouillard. “Ahora con ‘Taco’ ya tengo un pedacito de México en mi casa”.

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