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Una máscara de protección, un bastón de hockey y un personaje de dibujos animados fueron suficientes para despertar una pasión que terminaría transformando la vida de un joven de raíces latinoamericanas. Lo que comenzó como una curiosidad frente al televisor se convirtió en un recorrido marcado por el respaldo familiar, la perseverancia y el deseo de representar sus orígenes.

Hoy, Alfredo Menjívar combina su participación en el hockey universitario de Long Beach con una función dentro de Los Angeles Kings, organización con la que trabaja para acercar esta disciplina a nuevos aficionados. Su historia refleja cómo el deporte puede abrir oportunidades más allá de las tradiciones culturales y convertirse en un vehículo de identidad, integración y crecimiento para la comunidad hispana.

El recorrido del jugador salvadoreño-mexicano fue presentado durante una entrevista audiovisual realizada por el periodista deportivo Fernando Abarca en colaboración con NHL Español,  para explorar los orígenes de una afición poco habitual dentro del entorno cultural de su familia. La conversación reveló que el vínculo de Menjívar con el hielo no nació a partir de una academia especializada ni de una larga tradición competitiva, sino gracias a una escena de las Tortugas Ninja que observó en 2016. Gracias a esta interacción, la página oficial de la liga en español puede presentar una síntesis de otro capítulo que demuestra el crecimiento del hockey en la comunidad hispana.

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“Estaba mirando un cartón de los Ninja Turtles, y hay un carácter que se llama Casey Jones, y se usa una máscara para cubrir su identidad, y se pelea con un palo de hockey”, recordó Alfredo, quien encontró en aquel personaje la inspiración necesaria para descubrir una actividad que hasta entonces no había practicado.

La imagen de Casey Jones, acompañado de su equipo deportivo y desplazándose sobre patines, despertó una curiosidad que pronto se transformó en acción. Menjívar le pidió a su padre unos patines en línea y comenzó a practicar casi diariamente, sin imaginar que aquella decisión terminaría vinculándolo con una de las organizaciones más reconocidas de la NHL.

“Yo pensé que era bien cachimbón (impresionante) y por eso quería probarlo”, relató, al recordar la emoción que sintió mientras observaba al personaje. Aquellos primeros intentos sobre ruedas representaron el punto de partida de una relación que continuó fortaleciéndose con el paso de los años.

La influencia de la cultura popular no terminó allí. Las películas de The Mighty Ducks, centradas en un equipo juvenil de hockey, ampliaron su interés y le permitieron descubrir los valores de compañerismo, disciplina y superación asociados con esta actividad. Lo que inicialmente parecía una aventura inspirada en la ficción comenzó a tomar forma en su vida cotidiana.

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Una primera noche imposible de olvidar

El siguiente capítulo llegó ese mismo año, cuando su padre lo llevó a presenciar un encuentro de los Kings frente a los Calgary Flames. Para un niño que apenas comenzaba a familiarizarse con el hockey, aquella visita significó mucho más que asistir a un espectáculo deportivo.

“Mi papá me llevó a un partido de los Kings, estaba jugando con los Calgary Flames, y ganamos 3 a 0”, recordó Menjívar, quien todavía conserva imágenes de aquella jornada, especialmente la reacción que provocó el sonido de la celebración después de una anotación. “Me dio miedo porque no sabía qué estaba sucediendo. La primera vez que oí el gol, fue como, wow, ¿qué está pasando?”, expresó para describir una experiencia que terminó convirtiéndose en uno de sus recuerdos más especiales.

La velocidad de los jugadores, el ambiente de las tribunas y la presencia de Bailey, la mascota de Los Ángeles, contribuyeron a consolidar una conexión que ya había comenzado frente a la televisión. “Cada elemento ofrecía una sensación diferente a las que conocía de otras disciplinas, pero la atmósfera, todos los sonidos, la mascota de Bailey, la velocidad del partido, todo era tan diferente”, explicó el joven, para quien aquella primera visita representó una confirmación de que había encontrado algo especial.

Su relación con el deporte, sin embargo, no comenzó necesariamente sobre una superficie congelada. Durante la infancia había explorado distintas alternativas, especialmente el fútbol, una actividad profundamente ligada a las tradiciones de México y El Salvador. “A mí me encanta el fútbol, era mi primer deporte, yo estaba jugando fútbol cuando yo era, yo pienso que cinco años”, relató, al reconocer que ambas disciplinas ocupan un lugar importante en su vida, aunque ofrecen experiencias diferentes.

La distinción que encontró en el hockey fue principalmente física. Desplazarse sobre patines le permitió descubrir una sensación de libertad y velocidad que despertó su imaginación, hasta compararla con las habilidades extraordinarias de un personaje de ficción. “Es como si tuviera super velocidad”, expresó Menjívar al describir la sensación de patinar, estableciendo un vínculo entre aquella fascinación infantil y la experiencia real de practicar la disciplina que había descubierto años atrás.

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El respaldo familiar que abrió un camino

La historia de Alfredo también está marcada por las decisiones de sus padres y es que el apoyo no se limitó a facilitarle los materiales necesarios. Sus padres también le transmitieron la importancia de comprometerse con aquello que realmente disfrutaba, entendiendo que el aprendizaje exigía paciencia, práctica y dedicación. “Si quieres jugar al hockey, tienes que aprender. Tienes que aprender cómo hacerlo, y tienes que gustarle. No puedes hacerlo solo para hacerlo”, recordó Menjívar sobre los consejos que recibió en casa.

El acceso al equipo también fue parte del proceso de aprendizaje. En lugar de comenzar con una inversión considerable en materiales especializados, Alfredo utilizó implementos sencillos que le permitieron practicar los movimientos básicos y familiarizarse con el control de la pelota. “No tenía nada, solo un palo y un balón. Así es como empecé”, explicó, al recordar que sus primeros pasos no estuvieron condicionados por disponer de todo el equipamiento utilizado en las competencias oficiales.

Esa experiencia forma parte del mensaje que hoy desea transmitir a quienes sienten curiosidad por el hockey, pero consideran que las dificultades económicas o la falta de conocimientos pueden impedirles acercarse a él. “Vea un juego, ¿sabes? Vea un partido en su habitación y vea cómo lo experimentas”, aconsejó, antes de explicar que también existen alternativas accesibles para comenzar a practicar sin necesidad de contar inmediatamente con patines o una pista. “Puedes empezar con un palo y un balón”, añadió, sintetizando una filosofía que conecta su propia infancia con el deseo de abrir oportunidades para otros jóvenes.

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De las tribunas a una oportunidad con los Kings

Aquella primera visita a un encuentro de Los Angeles Kings, inicialmente compartida con su padre, adquirió una nueva dimensión cuando Menjívar consiguió incorporarse al Hockey Development Team de la organización, un departamento encargado de promover el desarrollo y la práctica del hockey. Su función le permite participar en iniciativas destinadas a mejorar la experiencia de los aficionados, al mismo tiempo que continúa creciendo como jugador universitario en Long Beach.

El joven colabora en las actividades que se organizan en los alrededores de Crypto.com Arena, escenario de los partidos de los Kings, además de participar en tareas sobre la superficie helada durante los encuentros. Su trabajo incluye el apoyo a programas de ball hockey (hockey con pelota), una modalidad que puede practicarse sin patines y permite que niños y familias descubran los fundamentos del juego en distintos espacios comunitarios.

La oportunidad también refleja la importancia de los programas de desarrollo impulsados por las franquicias de la NHL. Más allá del rendimiento competitivo, estas iniciativas permiten establecer vínculos con comunidades diversas, facilitar el acceso a la actividad física y despertar el interés de nuevas generaciones.

Para Alfredo, la experiencia tiene un significado adicional: representa la posibilidad de colaborar con el mismo equipo que lo cautivó durante su infancia, cuando los goles, los sonidos del estadio y la velocidad de los atletas le parecían elementos extraordinarios. Al mismo tiempo, su participación en el hockey universitario le permite continuar fortaleciendo las habilidades que comenzó a desarrollar en 2016. La combinación de ambas responsabilidades demuestra que su relación con este deporte no se limita a una sola faceta, sino que comprende tanto la competencia como el trabajo comunitario.

La labor de comunicadores como Fernando Abarca adquiere relevancia dentro de ese proceso. A través de esta conversación, el periodista de raíces salvadoreñas permitió conocer una historia vinculada con la identidad cultural y las oportunidades que ofrece el hockey. Su trabajo de divulgación contribuye a visibilizar experiencias que pueden inspirar a otros integrantes de la comunidad hispana a descubrir el deporte desde nuevas perspectivas.

En ese contexto, la cobertura periodística en espacios como NHL Español funciona como un puente entre las organizaciones profesionales y las familias que buscan referentes cercanos a sus propias experiencias. Las entrevistas, los contenidos audiovisuales y la difusión de programas de formación permiten que historias como la de Menjívar lleguen a espectadores que quizás todavía no conocen las posibilidades existentes dentro de esta disciplina.

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Un sueño que apunta hacia El Salvador

Aunque su vínculo profesional con los Kings representa un logro importante, Alfredo conserva una aspiración que conecta directamente con sus raíces familiares: vestir los colores de su país en una competencia internacional. Durante la conversación con Abarca, el joven expresó su deseo de continuar avanzando hasta conseguir una oportunidad de representación deportiva, una meta que considera parte esencial de su futuro.

“Espero que en un año jugaré para el equipo centroamericano representando a nuestro país”, manifestó, al compartir una aspiración que trasciende las experiencias acumuladas en California. “Siempre ha sido un sueño para mí desde que era niño representar el país”, añadió, dejando claro que el orgullo por sus orígenes sigue presente en cada nueva etapa de su recorrido”.

La posibilidad de competir internacionalmente representaría mucho más que un avance individual. Para un joven de ascendencia salvadoreña y mexicana, significaría conectar su pasión con una identidad cultural que ha acompañado su desarrollo personal, además de contribuir a la visibilidad de una disciplina que todavía busca ampliar su presencia en Centroamérica.

“Creo que en nuestro país, El Salvador necesita exponentes como estos. Específicamente en deportes donde tenemos poca representación”, expresó Abarca, al agradecer la oportunidad de compartir una historia que conecta esfuerzo personal, cultura y aspiraciones internacionales.

Las palabras resumieron el significado de un recorrido que comenzó con una escena de dibujos animados y terminó abriendo puertas dentro de la organización que despertó su admiración. Desde sus primeros intentos sobre patines en línea hasta las actividades comunitarias de los Kings, cada etapa ha contribuido a construir una trayectoria que continúa evolucionando.

Una historia que refleja el carácter humano de un joven que descubrió el hockey gracias a las Tortugas Ninja, pero no solamente encontró un deporte para practicar, sino también una manera de acercarse a sus raíces, colaborar con su comunidad y perseguir un sueño que algún día espera llevar hasta el escenario internacional.

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