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Entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, la National Hockey League celebra el Mes de la Herencia Hispana, por lo que NHL.com/es ofrecerá historias fascinantes sobre la comunidad latinoamericana del hockey. Desde entrevistas con figuras de la NHL hasta futuros prospectos y el crecimiento de este deporte en todas las áreas, NHL.com/es brinda una cobertura especial de esta ocasión.

En un barrio de Buenos Aires, una niña de apenas nueve años encontró una actividad desconocida entre las alternativas deportivas que ofrecía su nueva comunidad. Había fútbol, tenis y otras disciplinas tradicionales, pero una expresión llamó particularmente su atención: Hockey sobre ruedas. Como ya sabía patinar, decidió probar suerte sin imaginar que aquella elección terminaría llevándola a recorrer tres continentes y convertirse en protagonista de un acontecimiento histórico para Argentina.

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Esa pequeña era Alma Ameigeiras, quien hoy forma parte del programa femenino de SUNY Canton, en el estado de Nueva York, y se presenta como la primera jugadora nacida en su país en alcanzar el hockey universitario de la National Collegiate Athletic Association (NCAA). Su llegada representa mucho más que una oportunidad deportiva, pues también demuestra cómo la perseverancia puede transformar una afición prácticamente desconocida en un proyecto de vida.

Detrás de este logro existe una historia marcada por largos desplazamientos familiares, entrenamientos improvisados, diferencias técnicas difíciles de superar y decisiones que exigieron abandonar la comodidad del hogar. Sin embargo, también sobresalen el respaldo incondicional de sus padres, la influencia de entrenadores que identificaron su potencial y una determinación que nunca desapareció, incluso después de experiencias capaces de hacerla reconsiderar su futuro sobre el hielo.

Una pasión descubierta sobre ruedas

A diferencia de muchos atletas norteamericanos que comienzan a deslizarse sobre superficies congeladas desde sus primeros años, Ameigeiras creció practicando una modalidad considerablemente más desarrollada en Argentina. Su primer acercamiento ocurrió cuando se mudó junto a su padre a una nueva zona residencial y descubrió una escuela que ofrecía el hockey sobre ruedas.

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"Cuando probé ahí en la escuelita me encantó; me enamoró el deporte, la adrenalina y el aspecto físico que tiene", recordó la jugadora durante una entrevista exclusiva con NHL.com/es. Aunque anteriormente había experimentado con fútbol, vóley y tenis, ninguna actividad consiguió despertar semejante entusiasmo.

Sus entrenadores, Fefe Fernández y Lu Soto, identificaron rápidamente aquella motivación y la invitaron a incorporarse a un club de San Isidro, donde podía practicar con compañeros mayores y de más experiencia. La decisión implicaba desplazamientos de hasta una hora en automóvil, varias veces por semana, un compromiso que sus padres asumieron para permitirle continuar desarrollándose.

Durante esa etapa, el hockey sobre hielo permanecía como una alternativa ocasional. Buenos Aires contaba con instalaciones pequeñas, mientras que las oportunidades competitivas se reducían prácticamente a un torneo anual y viajes esporádicos a Ushuaia. La situación contrastaba con la estructura existente para la disciplina sobre ruedas, donde Alma había encontrado su verdadera pasión.
Sin embargo, conforme comenzó a descubrir el alcance internacional de ambas modalidades, surgió una inquietud que terminaría cambiando su trayectoria: conocer hasta dónde podía llegar si recibía preparación constante sobre una superficie congelada.

Una experiencia que casi termina con el sueño

El primer intento importante llegó en julio de 2021, cuando una amiga que había participado en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Invierno la invitó a un campamento de alto rendimiento en Hungría. Ameigeiras tenía apenas 14 años y prácticamente ninguna experiencia de entrenamiento continuo sobre hielo.

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Aquella aventura, concebida originalmente para dos semanas, terminó convirtiéndose en una situación angustiante. Su compañera contrajo COVID-19, posteriormente aparecieron otros contagios y las restricciones sanitarias complicaron el regreso a Argentina. La joven permaneció aproximadamente un mes en territorio europeo, lejos de sus padres y enfrentando circunstancias que superaban ampliamente lo deportivo.

"Fue toda una pesadilla y muy duro porque yo tenía 14 años solamente. Estaba con mi amiga y su mamá, pero no era mi familia, y mis padres en Argentina estaban tratando de hacerme volver", relató.
Además de las dificultades personales, el nivel competitivo que encontró resultó abrumador. Sus rivales y compañeras acumulaban años de preparación especializada, mientras ella todavía intentaba familiarizarse con las diferencias fundamentales entre patines de ruedas y cuchillas.
Cuando finalmente regresó a Buenos Aires, tomó una decisión contundente: no quería volver a experimentar algo semejante. Durante un tiempo concentró sus esfuerzos exclusivamente en la modalidad que conocía.

Pero aquella despedida no sería definitiva.

En 2024, la curiosidad regresó acompañada de una pregunta mucho más profunda: ¿qué podría conseguir si realmente se dedicaba a entrenar hockey sobre hielo con la misma intensidad que había demostrado durante su infancia? La respuesta comenzó a tomar forma en Miami, durante un campamento de College Hockey Showcase (CHS), donde recibió una propuesta para incorporarse a un nuevo proyecto de desarrollo en Canadá.

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Un verdadero punto de inflexión

En enero de 2025, Ameigeiras viajó a British Columbia para integrarse a Prowl Hockey Academy, una institución que le ofrecía algo prácticamente imposible de conseguir en su país natal: entrenamientos diarios sobre hielo, preparación especializada y la posibilidad de competir regularmente contra jugadoras con amplia experiencia.

Su primera estancia se extendió hasta comienzos de mayo y estuvo acompañada de enormes desafíos. Mientras muchas compañeras habían comenzado a patinar desde los dos años, la argentina todavía necesitaba perfeccionar aspectos técnicos esenciales para desenvolverse al mismo ritmo. "Fue muy desafiante y por momentos muy frustrante, pero lo pasé. La familia que me alojó fue un amor, me hicieron sentir súper cómoda y lograron que Canadá fuera mi hogar esos meses", explicó.

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Posteriormente regresó para una temporada completa, esta vez compartiendo dormitorios con otras integrantes de la academia y formando parte de un entorno donde todas perseguían objetivos similares. "Era muy lindo estar rodeada de gente que quiere lo mismo que uno: mejorar, ir a una universidad, superarse día a día", señaló. Aquella experiencia contrastaba con la soledad que había sentido anteriormente al buscar entrenamientos adicionales en Argentina, donde muchas personas practicaban la disciplina principalmente como entretenimiento.

Su crecimiento internacional también incluyó una estancia de dos meses y medio en Namibia, trabajando sobre ruedas bajo la orientación de Brian Sobel. Aunque aquella preparación correspondía a otra modalidad, la influencia del entrenador transformó su confianza y comprensión del juego. "Brian me cambió un montón la cabeza, me enseñó a confiar en mí, en mi potencial y a explotarlo, algo que en ese momento solo él creía que yo tenía hasta que empecé a creérmelo yo también", reconoció.

Una bandera argentina en la NCAA

Todo aquel recorrido encontró una recompensa significativa con su incorporación a SUNY Canton, donde actualmente representa a los Roos dentro del hockey universitario femenino estadounidense. El programa compite en la conferencia State University of New York Athletic Conference (SUNYAC), un escenario que exige preparación constante y ofrece a Ameigeiras la oportunidad de continuar desarrollándose mientras cumple sus responsabilidades académicas.

"Para mí, ser la primera argentina en jugar en esta liga es un orgullo enorme, es mucha alegría y saber que todo el sacrificio, el esfuerzo y la disciplina tienen sus resultados y valen la pena", aseguró. Sin embargo, su satisfacción también encuentra significado en pequeños momentos cotidianos. "Para muchas personas, Argentina solo se conoce por el fútbol o por Messi, y no saben que tenemos un equipo de hockey sobre hielo, que tenemos una selección nacional, que jugamos torneos y que también jugamos hockey sobre ruedas", comentó.

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La experiencia también adquiere un significado especial por su participación con la selección nacional, incluyendo competencias internacionales como la LATAM Cup, donde ha podido representar a su país frente a otros programas del continente.

Aunque los logros individuales suelen ocupar los titulares, Ameigeiras considera imposible explicar su trayectoria sin reconocer el esfuerzo realizado por sus padres. Ambos provenían del vóley y desconocían buena parte de las exigencias del hockey cuando su hija decidió emprender aquel camino. "Yo no podría estar donde estoy si no fuera por todo lo que ellos han hecho por mí", afirmó.

La disciplina también condicionó numerosos aspectos de su adolescencia. En ocasiones, incluso dejó de recibir invitaciones a encuentros con amigos porque sus conocidos asumían que estaría ocupada compitiendo o entrenando. "Todo tiene su costo, son elecciones de vida que me trajeron a donde estoy ahora. Las hice con gusto, algunas capaz sin tanto placer, pero sabiendo que eran necesarias para cumplir mi objetivo", reflexionó.

El crecimiento de un deporte que busca su lugar

Desde su experiencia internacional, Ameigeiras observa con optimismo el desarrollo del hockey femenino en Argentina, especialmente por la aparición de nuevas oportunidades para quienes desean comenzar directamente sobre hielo. La disponibilidad de la pista Fantasy en Buenos Aires permitió organizar la primera liga femenina local y ampliar las posibilidades de formación infantil.

Otro factor importante es la difusión mediante plataformas digitales. Según explicó, las integrantes de la selección producen contenido para TikTok e Instagram con el objetivo de acercar este deporte a nuevos públicos. "Ya somos más de 20.000 seguidores en la cuenta de la Asociación Argentina de Hockey Sobre Hielo y En Línea. Son más de 20.000 personas que nos siguen y conocen el deporte", destacó.

Para Alma, el crecimiento sostenible depende tanto de mejorar las condiciones materiales como de conseguir que nuevas familias descubran la existencia de estas alternativas deportivas. Su historia comenzó en una pequeña escuela de Buenos Aires, continuó entre pistas improvisadas y desplazamientos familiares, atravesó momentos de incertidumbre en Europa y encontró nuevas oportunidades de aprendizaje en África y Norteamérica.

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Hoy, desde una universidad estadounidense, la joven argentina demuestra que el origen geográfico no tiene por qué determinar los límites de una carrera deportiva. "Me gustaría que una niña argentina o latinoamericana piense, cuando conozca mi historia, en que los sueños se cumplen y están para lograrlos y para cumplirlos", expresó.

También recuerda que siempre existirán comentarios negativos, comparaciones con deportistas más experimentadas y circunstancias que pueden parecer imposibles de superar. Sin embargo, considera que ninguna de esas dificultades debe impedir que una persona explore sus capacidades. "Uno puede hacer la diferencia. Siempre con disciplina, con respeto, con pasión y disfrutando. Siempre lo más importante, que mis padres me recuerdan todo el tiempo, es disfrutar el momento. En el momento en el que uno ya no lo está disfrutando, capaz ya no es más por ese lado. Pero si a uno le gusta lo que hace y le da alegría, es por ahí".

Desde aquellas primeras vueltas sobre ruedas hasta vestir los colores de SUNY Canton, Alma Ameigeiras ha construido una trayectoria que desafía las limitaciones tradicionales del hockey argentino. Su mayor conquista, sin embargo, podría encontrarse mucho más allá de cualquier estadística: demostrarles a futuras generaciones que los sueños también pueden comenzar en lugares donde casi nunca cae nieve.