Después de tres épicos juegos de la Final de la Stanley Cup, un descanso de dos días podría ser beneficioso para ambos bandos. Además del evidente tiempo de recuperación para el físico de los jugadores, en medio de una larga y exigente postemporada, el aspecto mental también puede ser crucial.
Ahora, en la segunda de esas dos fechas, se inicia el aspecto de la estrategia. En el caso de los Carolina Hurricanes, ¿cómo hacer para pasar la página de un histórico Juego 3 en el que quedaron en el lado opuesto de la celebración? ¿Cuál puede ser la clave para frenar los errores no forzados y capitalizar el ataque en los momentos más oportunos?
Y, quizás lo más importante de todo, ¿cómo lucirán las líneas? ¿Quién iniciará en la portería?
Ciertamente, Rod Brind'Amour tiene muchas opciones sobre la mesa, gracias a un roster rico de profundidad, pero en una serie tan disputada, el más mínimo detalle puede marcar la diferencia.
El foco mediático previo al Juego 4 se ha centrado en la meta de los Hurricanes. Tras retirar a Frederik Andersen en el segundo periodo del partido anterior y ser testigo de la soberbia actuación de relevo del novato Brandon Bussi —quien detuvo 18 disparos consecutivos, incluyendo un tiro penal— el cuerpo técnico de Carolina ha decidido jugar sus cartas en el más absoluto silencio para mantener a los Vegas Golden Knights en la incertidumbre.























