La derrota 4-3 en el Juego 1 en el Rogers Place de Edmonton representó un duro golpe. No sólo por la forma en que se produjo —dejando escapar una ventaja de 3-2 con la que iniciaron el tercer período— sino porque rompió una impresionante racha de 29 victorias consecutivas para el equipo en postemporada cuando llegaba con ventaja a los últimos veinte minutos de juego. Históricamente, las estadísticas tampoco les favorecen: los conjuntos que ganan el primer choque en una Final de Stanley Cup a siete juegos tienen un récord histórico de 65-20 (.765).
Sin embargo, si hay un equipo en la NHL construido para desafiar esa estadística y sobreponerse a este tipo de reveses, son precisamente estos Panthers. La fortaleza del equipo no yace sólo en su talento, sino en su temple mental, forjado a través de la experiencia y la adversidad.
"Somos un grupo muy fuerte mentalmente", afirmó el delantero Matthew Tkachuk el jueves. "Tenemos muchas cicatrices de batalla de los últimos años, y hemos pasado por cosas mucho peores que lo de ayer. Podemos ser mejores".
Esa confianza no es infundada. Incluso en la derrota, los Panthers mostraron aspectos de su juego que les dan razones para ser optimistas. Lideraron en oportunidades de gol (41-35), cada uno de sus patinadores registró al menos un golpe, y el portero Sergei Bobrovsky tuvo una noche espectacular con varias salvadas en situaciones de apremio. Su capitán, Aleksander Barkov, fue dominante en el círculo de face-off, ganando el 64% de sus duelos (16 de 25).
Estos son los fundamentos a los que el equipo se aferra, la base de su juego que, como explica su entrenador, no necesita una reinvención, sino un reajuste.
"Casi siempre se trata de un ajuste para volver a nuestra forma", comentó Maurice. "No se trata de que los entrenadores hagan cambios drásticos; nadie está cambiando el sistema natural. Eso toma meses y años. Creo que [los jugadores] tienen un entendimiento bastante sólido de sus fundamentos".
Esa filosofía es compartida dentro del vestidor. No hay pánico, sólo un enfoque en lo que controlan: "Creo que nos damos una oportunidad cada noche. Jugamos de la manera que queremos", explicó el defensa Nate Schmidt. "Hay cosas que tenemos que mejorar y otras que queremos continuar haciendo para el próximo partido".
Ese entendimiento precisamente proviene de un grupo que ha aprendido a navegar los momentos turbulentos de la postemporada:
"Vas a tener momentos en un juego, momentos en una serie, en los que estarás en una montaña rusa", añadió Schmidt. "Y este equipo, creo, tiene una habilidad increíble no sólo para aprender de lo que ha hecho y aplicar su experiencia a situaciones como esta, sino también para saber cómo meter la mente en el juego y luego sacarla de nuevo para estar enfocado en el siguiente".
Esta mentalidad de "nosotros contra el mundo", como la describe Tkachuk, es particularmente potente cuando juegan de gira en un ambiente hostil, una situación que enfrentarán de nuevo el viernes en el Juego 2.
"Lo tratas como una victoria obligada de gran importancia en un ambiente hostil. Y es ahí cuando estamos en nuestro mejor momento", aseguró Tkachuk.
El catalizador para una posible remontada podría ser Sam Bennett. El delantero ha estado encendido, y en el Juego 1 anotó su undécimo y duodécimo gol de estos playoffs, igualando y luego estableciendo un nuevo récord de la franquicia de más goles en una sola postemporada. Once de esos tantos han sido en la carretera, empatando un récord de la NHL. Su capacidad para llegar a las zonas difíciles y su tenacidad son un reflejo del estilo de los Panthers.
"Es muy peligroso alrededor de la red. Llega a las áreas difíciles", describió el defensa Seth Jones sobre Bennett. "Es ese constante contacto físico alrededor de la red lo que realmente eleva su juego y lo hace difícil de manejar".
Los Panthers saben que la tarea no es fácil. La calidad del rival es innegable, un punto que Tkachuk no duda en reconocer. "Ambos equipos somos mejores este año", afirmó. "Tienes a dos equipos realmente buenos enfrentándose, dos de los mejores de la liga; no vas a poder dominar. Son un equipo muy, muy grande con jugadores peligrosos. Su profundidad ha mejorado".
Precisamente por eso, la capacidad de Florida para asimilar el golpe y responder es crucial. Carter Verhaeghe, otro de los pilares del equipo, resumió la filosofía que ha llevado a este grupo a tres finales consecutivas: "Creo que aprendemos más de la adversidad que de una victoria. Y pienso que cada vez que pierdes partidos o estás abajo en una serie, se trata de mantenerse firme".
El viernes, en el mismo Rogers Place, los Panthers tendrán la oportunidad de demostrar una vez más esa resiliencia. Con las "cicatrices de batalla" como recordatorio de lo que han superado y la confianza en su sistema y su fortaleza mental, buscarán igualar la serie y demostrar por qué, para ellos, una derrota en el primer partido es solo el comienzo de otro desafío, no el presagio de un final.