"Estos muchachos fueron tremendos. Sabían esto, 'existe la posibilidad de que perdamos este juego porque no contaban con portero regular en la NHL, pero no quería defraudarlos", dijo el cancerbero. "Sé lo cerrada que está la carrera por los playoffs. Sabía que iba a tener que luchar". Agregó Ayres, cuya carrera como jugador, prácticamente había llegado a su fin, 15 años antes.
Mientras estaba jugando en las ligas menores de hockey buscando llamarle la atención a un club de la NHL, necesitó de un trasplante de riñón, el cual fue donado por su madre. Siendo la vida su nueva prioridad, se retiró del hielo. No obstante, el destino eventualmente lo dejaría cumplir su gran sueño, al menos por una noche.
"Fue muy especial. Les dije a los muchachos después del partido, les agradecí porque eso me dio un recuerdo increíble", explicó el entrenador de Carolina Rod Brind'Amour hablando de lo que significó el encuentro para él, gracias a Ayeres.
"Simplemente la forma en que se desarrolló ese juego, lo duro que estábamos jugando y luego que sucediera eso. Uno piensa, 'bueno, ¿cómo va a terminar esto?'. Cavamos y dijimos que no íbamos a perder. Para él, fue un momento que tendrá por el resto de su vida. Eso es increíble. Por eso haces esto".