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La población llamada Gustavo Díaz Ordaz es una pequeña ciudad de apenas 11 mil habitantes, localizada en la frontera del estado mexicano de Tamaulipas con Los Ébanos, Texas. Sin mayores conexiones con el mundo deportivo en el área, a excepción de un equipo profesional de beisbol a 46 kilómetros que dejo de existir en 2009, es difícil explicarse como pudo surgir un movimiento clave para el hockey mexicano en la década de los noventas.

Con recursos limitados, pero una gran hambre de triunfo, una buena cantidad de niños en esta región tamaulipeca comenzaron su camino en el hockey para eventualmente representar dignamente a su país en mundiales sobre hielo y en línea, así como en ligas nacionales e internacionales. Saliendo del anonimato, ciudad Díaz Ordaz ha dejado un legado en este deporte que pocas ciudades en Latinoamérica pueden presumir.

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Lazos de Familia
Miguel Hernández fue uno de los niños de ciudad Díaz Ordaz que comenzó a experimentar en el mundo del hockey junto con sus primos, todo gracias a la película de Disney Mighty Ducks, la cual ha servido de gran inspiración para muchos niños que han practicado este deporte.
"Entre primos comenzamos jugando con escobas y tapas de garrafones", recordó emocionado Hernández. "Mi papá nos impulsó a jugarlo bien y empezamos a hacerlo en ambos lados de la frontera".
Con apoyo del Doctor Juan Carlos Hernández, los niños empezaron a participar en el hockey sobre ruedas desde los 8 años. Aún sin experiencia previa en este deporte, el nuevo coach estaba motivado para seguir aprendiendo cuestiones técnicas y tácticas, con el afán de ofrecer a los jugadores de esta comunidad una opción divertida que los mantuviera fuera de vicios y con una vida sana.
Su intención nunca fue ir a ganar una olimpiada o llegar a una selección nacional, de hecho en esos tiempos, en ciudad Díaz Ordaz, ni si quiera se hablaba de la NHL o de becas universitarias. Sacrificando mucho de su tiempo para sacar este nuevo proyecto adelante, su estilo estricto y disciplinado, dejó un efecto importante en los jóvenes aprendices.
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"Principalmente fue gracias al entusiasmo y las ganas de mi papá", recalcó Miguel. "Todo lo que mi papá nos dejó, el amor al deporte, eso fue lo que siempre quiso transmitir".
Entre la familia Hernández, fueron más de una docena de jugadores que llegaron a selecciones naciones en hockey sobre hielo y en línea. Miguel jugó con los Dallas Ice Hawks de la Western States Hockey League, su primo Julian Ramírez fue parte de un campamento de desarrollo de los Dallas Stars y su hermana Patricia emigró al viejo continente para jugar hockey profesional en Barcelona.
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Poniendo a Tamaulipas en el Mapa
Los jugadores de ciudad Díaz Ordaz empezaron a competir en torneos internacionales desde los 12 años y no se detuvieron hasta llegar a disputar mundiales en categorías juveniles y mayor. De hecho, hubo una etapa de en la que la Selección en la que la los jugadores de ciudad integraban dos lineas completas en su alineación.
Entre los primeros proyectos para llevar el hockey mexicano a otro nivel y ponerlo en el mapa al otro lado de la frontera, destaca una colaboración con los Killer Bees de la Central Hockey League en la primera pista de hielo en Hidalgo, Texas. La State Farm Arena fue sede de programas juveniles que involucraban a jugadores de ambos lados de la frontera.

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Otro momento fundamental fue en el que Julián se muda a la ciudad de Monterrey para estudiar en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y para saciar su pasión por el hockey, convence al comité atlético de su escuela para permitirle organizar la primera liga colegial de hockey en México. Este proyecto atrajo a jugadores universitarios de gran parte de la república e incluso a estudiantes internacionales que en ese momento residían en el país.
Fue tal el entusiasmo y poder de convencimiento, que la UANL se convirtió en la primera universidad mexicana que ofrecía apoyo con becas, comidas y uniformes a jugadores de hockey. Otro de los jugadores nacidos en Díaz Ordaz que han aportado aún lejos de casa, ha sido Eduardo Grosso, quien también formo parte de ese equipo universitario que tuvo una vigencia total de seis anos (2011-2017).
Mas adelante, Grosso se mudó a la Ciudad de Mexico para ser coordinador del club de hockey de la pista Ice World Santa Fe en la Ciudad de México. En ese puesto, el seleccionado nacional fue parte clave de la reciente asociación histórica con los LA Kings, para formar un programa que ya cuenta con más de cincuenta niños en activo.
"La mejor lección que aprendí es que no hay límites si uno se propone las cosas", mencionó Eduardo. "Sin contar con las facilidades que existen hoy en día, nunca hubieron excusas para mejorar y aspirar a más".

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El Legado Tamaulipeco
Julián y Eduardo siguen representando dignamente a su ciudad y a su país, jugando recientemente el Mundial de hockey en línea en Italia. Miguel mientras tanto se mudó al sureste del país para formar el primer club de hockey en Playa del Carmen. Otros jugadores de esta región llegaron a jugar junior hockey en Canadá e incluso a nivel universitario en San Antonio.
Todas estas semillas sembradas desde la década de los 90, comenzando con una película y juegos callejeros con tapas de garrafón, han puesto en el mapa a esta pequeña ciudad fronteriza, en un país que poco a poco empuja fuerte para crecer entre la élite del hockey mundial. Con todos estos logros, no es exageración decir que la ciudad de Gustavo Díaz Ordaz es candidata a ocupar el titulo de "Hockey Town" entre todas las entidades de la República Mexicana.
"El legado que dejan los equipos de Tamaulipas es que se siempre se puede lograr cualquier meta, se puede ganar con dedicación y trabajo en equipo. Las victorias no son importantes si no se ganan con honor y respeto", remató el Doctor Hernández.