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Desde su fundación oficial en 1917, la National Hockey League se ha convertido en una de las ligas más influyentes del deporte profesional en América del Norte y en una plataforma global que conecta al hockey con nuevas realidades alrededor del mundo. Con el paso de cada temporada, más jóvenes encuentran en esta disciplina un espacio de identidad, disciplina y crecimiento, incluso en países donde el hielo todavía busca consolidarse. Bajo esa premisa, NHL.com/es presenta Conexiones fuera del hielo, una serie que explora los vínculos entre esta actividad y las historias humanas que la rodean. En esta entrega, el protagonista encarna la conexión entre la resiliencia del atleta cubano, la exigencia del guardameta en el balompié y los paralelismos mentales con el hockey sobre hielo.

Para Raiko Arozarena González, la actividad física comenzó como una exploración natural dentro de su entorno en Cuba. Nacido en la provincia de Pinar del Río, específicamente en el pueblo de Arroyos de Mantua, su infancia estuvo marcada por una fuerte relación con el béisbol, disciplina en la que compitió a nivel nacional durante varios años. “Toda mi infancia fui pelotero, participaba en los campeonatos nacionales representando la provincia por cuatro años seguidos”, recuerda. Sin embargo, como muchos niños, su curiosidad lo llevó a probar distintas prácticas, incluyendo karate, atletismo y balompié, este último inicialmente como una alternativa recreativa que con el tiempo comenzaría a transformar su camino.

El punto de inflexión llegó durante su etapa formativa dentro del sistema deportivo cubano. Tras ingresar a la escuela de alto rendimiento en béisbol, una reestructuración obligó a varios atletas a abandonar temporalmente el programa, situación que cambió por completo su destino. “No quería salir de la escuela, así que como también sabía jugar fútbol hablé con los entrenadores para que me hicieran unas pruebas”, explica. Aunque comenzó como delantero, una decisión marcaría el rumbo definitivo de su trayectoria. “Pasé casi todo un año de delantero hasta que me pasé a la portería, me gustaba la posición y también lo hice porque mi padre también fue portero”. A partir de ese momento, su compromiso con el arco se consolidó hasta convertirse en una vocación profesional.​

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Nuevo escenario

La evolución dentro de un rol tan demandante como la portería requiere una fortaleza psicológica constante. En una responsabilidad donde un instante puede definir el resultado de un encuentro, la preparación mental adquiere un valor determinante. “Se necesita estar bien mentalmente, con mucha concentración y siempre estar positivo porque el equipo te va a necesitar y tienes que estar listo”, afirma. Esa capacidad de mantenerse enfocado bajo presión representa uno de los rasgos que definen a quienes asumen esa función dentro del terreno.

La influencia familiar también ha jugado un papel fundamental en la construcción de su identidad competitiva. Proveniente de un entorno donde el alto rendimiento forma parte de la vida cotidiana, Arozarena ha desarrollado una mentalidad basada en el apoyo mutuo y la admiración compartida. “Tenemos una relación de hermanos muy bonita, nos queremos y nos apoyamos mutuamente, él ha sido una parte muy importante en mi carrera y los dos estamos muy orgullosos de nuestras carreras”. Esa conexión ha servido como motor para mantener la disciplina y proyectarse hacia nuevos objetivos dentro de su recorrido.

Como todo atleta, su camino no ha estado exento de obstáculos. Uno de los mayores retos ha sido el manejo de la confianza personal en momentos adversos, una realidad común dentro del alto rendimiento. “Uno de los mayores desafíos que he tenido que enfrentar ha sido la confianza en mi persona, llegan momentos difíciles en la carrera, es algo normal porque no somos perfectos, pero lo importante es mantenerse fuerte, seguir confiando que sí lo puedes lograr y ser muy positivo”. Esa reflexión evidencia una madurez que trasciende el campo de juego y se convierte en una herramienta clave para su crecimiento.​

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Velocidad, reacción y la complejidad del hockey

Durante su paso por territorio estadounidense, específicamente en una urbe como Las Vegas, la exposición a diversos entornos atléticos amplió su visión. A pesar de no haber asistido a encuentros en directo, la influencia del hockey sobre hielo en el entorno local resultó evidente. “Nunca tuve la ocasión de presenciar juegos, pero me hubiera encantado, es una disciplina muy entretenida y a la vez impresionante, guarda muchas similitudes con el fútbol, así que cuando tenga chance iría”. Su apreciación evidencia un interés auténtico por entender una actividad diferente, aunque con características en común.

Desde su experiencia como guardameta, identifica similitudes claras entre ambas posiciones, especialmente en lo relacionado con la exigencia técnica y mental. “No he visto mucho hockey, solo algunos cortes, pero son dos deportes que tenemos mucho en común, pienso que el portero de fútbol y el de hockey somos iguales, creo que es

difícil ser portero de hockey, pero creo que lo puedo intentar”. Esa comparación resalta la complejidad de un rol donde la anticipación, los reflejos y la toma de decisiones se convierten en factores determinantes.​

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Mentalidad, sacrificio y orgullo cubano

Al conocer el crecimiento del hockey dentro de comunidades latinoamericanas, incluyendo la participación de Cuba en torneos internacionales, su reacción conecta directamente con una identidad marcada por la perseverancia. “Considero que los atletas cubanos somos muy talentosos en todos los deportes, es una lástima que no tengamos los recursos suficientes para ser mejores, pero tenemos mucha hambre de ganar, mucha garra, pasamos mucho trabajo, pero siempre queremos superarnos y pelear hasta el final con lo poco que tenemos, los cubanos somos unos guerreros”. Sus palabras reflejan una realidad compartida por muchos deportistas que han construido su camino a partir del esfuerzo constante.

Esa misma filosofía se proyecta hacia las nuevas generaciones que sueñan con alcanzar el profesionalismo. Para Arozarena, la disciplina, la obediencia y la determinación son pilares fundamentales en la formación de cualquier atleta. “El mensaje que les mandaría es que luchen por sus sueños, que sean disciplinados, que obedezcan a sus padres, que no dejen de soñar en grande y que siempre estén dispuestos a aprender”. Su propia historia sirve como ejemplo de lo que puede lograrse a través del compromiso. “A mí una de las cosas que me hace más fuerte es mirar hacia atrás y ver a ese niño de 14 años que comenzó a jugar un deporte nuevo y a los 21 firmó su primer contrato profesional, así que si te lo propones tienes un 90% de que lo conseguirás”.

Dentro de esa visión se encuentra una idea que conecta directamente con la esencia del alto rendimiento: la convicción de que el éxito se construye a partir de la constancia, la disciplina y la fortaleza mental. Ya sea defendiendo un arco en el balompié o reaccionando bajo presión sobre el hielo, la mentalidad del atleta permanece intacta y la determinación se convierte en el motor que impulsa a quienes buscan trascender.

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