La transformación de Columbus Blue Jackets bajo la conducción de Rick Bowness ya no admite lecturas parciales. Desde su llegada al banquillo el 13 de enero, el equipo ha mostrado una evolución inmediata tanto en resultados como en identidad, alcanzando un registro de 7-1-0 en sus primeros ocho partidos.
Ese arranque no solo consolidó la confianza del vestidor, sino que estableció el mejor inicio de un entrenador en la historia de la franquicia. La victoria 4-2 ante Chicago Blackhawks durante el viernes, fue una confirmación más de ese impacto, con Charlie Coyle como figura central y con Zach Werenski afirmando su rol como sostén estructural del equipo.
Bowness y Coyle, una identidad que se consolida
El impacto de Rick Bowness se manifiesta tanto en los resultados como en la mentalidad del vestidor. Tras el partido, el entrenador destacó los aspectos positivos, sin perder de vista los detalles a corregir. “Creo que hicimos muchas cosas buenas”, explicó. “No me gustó el primer gol que recibimos tarde en el primer período. Son cosas simples de arreglar, pero tienen que ver con la conciencia dentro del hielo. Anotamos un gol grande en el Power Play y luego les regalamos uno. Para mí, se los dimos nosotros”.
La respuesta del equipo fue inmediata y marcó el desarrollo del juego. Charlie Coyle, eje ofensivo de la noche, abrió el marcador a los 19:13 del primer período con un tanto en Power Play, aprovechando una secuencia bien trabajada desde la línea azul. Chicago empató poco después, pero Columbus no perdió el rumbo. En el segundo período, Coyle volvió a aparecer temprano, a los 1:23, con un gol sin asistencia que reflejó presión alta y determinación individual.
La noche de Coyle se completó en el tercer período, a los 18:57, con el gol que selló el 4-2 definitivo y su segundo Hat-Trick de carrera, el primero desde el 9 de noviembre de 2023. Ese logro se inscribió además en un contexto histórico para la Liga, al convertirse en el Hat-Trick número 31 del mes de enero, estableciendo un nuevo récord mensual.
Para el delantero, la actuación fue una muestra de cómo el juego puede cambiar de un día para otro. “El hockey es curioso por cómo funciona a veces”, explicó. “A veces te sientes muy bien y todo fluye. Otras veces te sientes muy bien y no sale nada. Y otras te sientes mal y terminas involucrado en muy buenas jugadas. Pero creo que nuestra línea, juegue donde juegue, intenta hacer las cosas de la manera correcta y dejar la jugada atrás”.
El Hat-Trick se completó en el tercer período, a los 18:57, con el gol que selló el 4-2 definitivo. La jugada fue el cierre ideal para una noche redonda, construida desde la lectura correcta del momento y la ejecución precisa. Para Coyle, la actuación representó mucho más que tres goles: fue la consolidación de su liderazgo ofensivo dentro de un sistema que potencia su impacto sin desordenar el conjunto. “No pasan seguido, especialmente para mí. Pero lo que más me gusta es cuando ganamos. Queremos ganar aquí y parece que cada noche aparece alguien distinto, y a nadie le importa quién sea. Si conseguimos los dos puntos que venimos a buscar, todos estamos contentos.”





















