Nagano, 1998

Los jugadores de la NHL participarán en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 en febrero, la primera vez desde 2014 en la que los mejores jugadores del mundo estarán en el escenario olímpico. Los días 5 y 20 de cada mes previo a los JJOO, NHL.com/es recordará los 10 momentos más emblemáticos de la historia olímpica en los que participaron jugadores de la NHL, incluyendo partidos de las ediciones de 1998, 2002, 2006, 2010 y 2014. Hoy, nos centramos en el número 5: la memorable actuación que tuvo Pavel Bure en los Juegos de Nagano 1998, ayudando a Rusia a capturar la medalla de plata en aquella ocasión.

La edición de 1998 de los Juegos Olímpicos de Invierno marcó un hito muy especial, pues tal y como sucedió en Barcelona 1992, cuando los jugadores de la NBA pudieron participar en la justa olímpica y acaparando los reflectores como los atletas más destacados en el evento, algo similar ocurrió cuando en tierras japonesas se confirmó la presencia de los jugadores de la NHL para el torneo olímpico de hockey.

Por fin, las grandes estrellas del hockey mundial recibieron la luz verde para representar a sus respectivos países en el torneo internacional de mayor relevancia, un momento que por años los aficionados estaban esperando.

Dejando de lado a los legendarios delanteros de la selección de Canadá como Wayne Gretzky, Eric Lindros y Joe Sakic, o a Mike Modano y Brett Hull por parte de Estados Unidos, el contingente europeo para los Juegos Olímpicos de Invierno Nagano 1998 estaba muy bien representado en lo que a ofensiva se refiere.

Por Suecia estaban Mats Sundin y Peter Forsberg, por Finlandia Teemu Selanne y Saku Koivu, representando a República Checa destacaba Jaromir Jagr, pero por Rusia había una pléyade de talentos ofensivos, como Alexei Yashin, Sergei Fedorov y, quizás quien mayor expectación causaba, era un joven de 26 años que para ese entonces ya sumaba dos temporadas de 60 goles en la NHL: el ‘Cohete Ruso’, Pavel Bure, entonces estrella de los Vancouver Canucks.

La expectativa que generaba el torneo varonil de hockey sobre hielo olímpico era enorme por la presencia de varios de los nombres mencionados y por diversas razones, como el talento del manejo con el bastón de Jagr, la leyenda de la magia de Gretzky, la fuerza y el poderío de Lindros, la letalidad ofensiva de Selanne y Sundin, pero en una categoría aparte estaban Bure y su incomparable velocidad.

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En el primer partido de Rusia en el torneo, el equipo euroasiático debutó con un apabullante triunfo de 9-2 ante Kazajistán, en el que Bure participó con dos goles, un resultado que mandó un mensaje al resto del contingente.

Las cosas en el segundo duelo no fueron tan sencillas. Con Finlandia como rival, los nórdicos llegaron a tener una ventaja de 2-0 en el segundo periodo, pero un gol de Bure en el Power Play metió a los rusos al partido, y aunque los finlandeses llegaron a separarse 3-1, Rusia halló la manera de regresar y gracias a tres goles sin respuesta, por parte de Sergei Nemchinov, Yashin y Alexei Morozov, completaron la remontada.

Rusia cerró con otro gran triunfo en la primera ronda. Aunque Pavel Bure no logró manifestarse en el marcador, su hermano, Valeri, consiguió uno de los goles con los que los rusos superaron 2-1 a República Checa, en un ensayo de lo que habría de ser el partido por la medalla de oro, aunque en ese momento, ni rusos ni checos se imaginaban que se verían las caras días más tarde en busca de la parte más alta del podio.

Con la consecución de tres victorias en tres partidos de la fase de grupos, Rusia se clasificó a las rondas eliminatorias y en los Cuartos de Final se enfrentó a Bielorrusia, rival al que superó por 4-1, incluyendo un gol de Bure, su cuarto del torneo para ese momento, ayudando a los rusos a meterse a las Semifinales y asegurar al menos la disputa de una medalla.

Lo mejor para el ‘Cohete Ruso’ estaba por venir, al menos a nivel individual, pues el desenlace del torneo olímpico no derivó en un final feliz para Rusia, aunque eso no le quita ningún lustre a lo hecho por la entonces estrella de los Canucks.

En lo que fue una repetición del duelo de la fase inicial, Rusia y Finlandia se volvieron a ver las caras, pero esta vez el partido tendría matices distintos. Primero fueron los rusos quienes establecieron una ventaja de 3-0, incluyendo dos goles de Bure, sobre todo uno que parecía ‘golpe matador’, tras una escapada en la que exhibió su patentada velocidad para darle a su selección lo que parecía ser una diferencia definitiva.

Pero los finlandeses no bajaron los brazos y gol tras gol, lograron empatar a 3-3 en el segundo periodo. Y como si se tratara de una memorable pelea entre boxeadores de peso completo, intercambiando demoledores golpes, Rusia volvió a ponerse adelante 4-3 con el gol de Alexei Zhitnik, lo cual sentaba las bases para vivir un tercer periodo épico.

Y, en efecto, los finlandeses volvieron a responder, cuando Saku Koivu puso el 4-4, pero al partido le restaban casi 15 minutos en el tercer periodo y los rusos no perdieron el tiempo. Un minuto y 18 segundos después, con un golpe de suerte, Rusia tomó una delantera definitiva, cuando un puck, después de un faceoff, golpeó el patín de Andrei Kovalenko y el disco cruzó lentamente la línea de gol para el 5-4, un golpe que desmoralizó a los finlandeses.

Pero la mesa estaba puesta para sellar una de las actuaciones individuales más grandes de los últimos tiempos, cuando Finlandia intentaba empatar de nuevo el juego, Bure recuperó un puck suelto en la zona neutral y se escapó, encendiendo los cohetes, hasta encender la lámpara con un lapidario 6-4.

Pavel Bure poses with his Hall of Fame ring at the Hockey Hall of Fame ring ceremony on November 12, 2012 in Toronto, Canada. Bure and three other former NHL players will be inducted into the Hall during a ceremony later today. (Photo by Bruce Bennett/Getty Images)

“Estoy muy feliz por la manera en la que el equipo jugó. Íbamos ganando 3-0, luego nos empataron 3-3 y en lugar de que el equipo se viniera para abajo, nos pudimos sobreponer. Este ha sido nuestro mejor partido hasta ahora”, dijo Bure entonces.

Bure todavía anotó un gol más, de larga distancia, con la portería vacía, y aunque empató la proeza de Miroslav Satan en Lillehammer 1994 de anotar cinco goles, lo que diferencia el hito del ‘Cohete Ruso’ es que el nivel de competencia cuatro años más tarde era bastante superior.

Quizás como referencia, en la llamada ‘era moderna’, aunque sin presencia de los jugadores de la NHL, el récord de más goles anotados por un jugador en un solo partido del torneo varonil de hockey sobre hielo de los Juegos Olímpicos es de seis goles, el cual ostenta Václav Nedomanský de Checoslovaquia, conseguido en los JJOO de Sapporo 1972.

Desgraciadamente para Rusia, a Bure y al equipo entero les tocó el infortunio de medirse a Dominik Hasek en el que quizás fue el mejor partido de toda su carrera, ayudando a que República Checa derrotara 1-0 a los rusos en el partido por la medalla de oro, aunque la mágica actuación del astro ruso queda para la posteridad.

“Hasek es probablemente el mejor portero que exista en el mundo”, dijo Bure, quien lideró a todos los anotadores del torneo con sus nueve goles.

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