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La expectativa es inmensa por el regreso de las estrellas de la National Hockey League al contexto olímpico y es por ello que, la cita de Milano-Cortina 2026, presenta una de las mayores anticipaciones de la historia reciente, debido a una realidad no vista en los últimos 12 años. En tal sentido, el crecimiento sostenido de este deporte en Estados Unidos ha llevado al país a un punto que parecía impensable hace apenas dos décadas, creando uno de los grupos más completos y diversos que el programa haya podido reunir para una competencia internacional.

Con una base nutrida de jugadores establecidos en la NHL, experiencia reciente en torneos de alto nivel y un núcleo que ya estuvo a un solo gol de destronar a Canadá en el 4 Nations Face-Off, la expectativa alrededor de Team USA es tan alta como delicada. Sin embargo, el talento por sí solo no garantiza resultados en el escenario olímpico. Para aspirar a su primera medalla de oro desde 1980, Estados Unidos deberá responder con claridad tres preguntas fundamentales que definirán su camino en Italia.

Estas son tres preguntas directas para el equipo que dirige el dos veces campeón de la Stanley Cup, Mike Sullivan, actual entrenador de los New York Rangers.

1.¿Apostar nuevamente por la base del 4 Nations maximiza las probabilidades de éxito?

Estados Unidos llega a Milano-Cortina con un grupo que mantiene una fuerte continuidad respecto al 4 Nations Face-Off, torneo en el que finalizó con marca positiva y alcanzó el partido por el campeonato. En ese evento, el equipo permitió solo dos goles en el juego final durante 65 minutos, sostuvo una ventaja de 2-1 avanzada la segunda mitad y llevó el encuentro a tiempo extra antes de caer 3-2. A nivel estructural, el rendimiento defensivo fue sólido, pero la producción ofensiva quedó concentrada en un número reducido de jugadores.

En el torneo, Vincent Trocheck, Brock Nelson, J.T. Miller y Noah Hanifin finalizaron sin registrar puntos, mientras que Estados Unidos generó una cantidad limitada de goles de cinco contra cinco en situaciones de alta presión. En contraste, Canadá resolvió el título con un solo tanto en tiempo extra, una diferencia mínima que expuso el impacto de la eficiencia ofensiva en torneos cortos.

La continuidad del grupo se apoya en la química construida, pero el dato central es que la ofensiva secundaria no produjo en el momento decisivo. En un evento olímpico con eliminación directa, esa falta de conversión amplifica su peso. La decisión de mantener una base casi intacta implica confiar en que el retorno de jugadores ausentes y el crecimiento interno compensarán ese déficit, una apuesta medible solo en función de resultados y producción real en momentos clave.

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2.¿El núcleo ofensivo seleccionado ofrece suficiente respaldo estadístico para resolver partidos cerrados?

El argumento a favor del potencial ofensivo estadounidense se sostiene en nombres con producción comprobada a nivel NHL. Auston Matthews es el principal referente del grupo: es el único estadounidense activo con una temporada de 60 goles y ha superado los 40 tantos en múltiples campañas, con producción consistente tanto en cinco contra cinco como en ventaja numérica. Su impacto no se limita al volumen goleador, sino a su capacidad para definir partidos con un solo disparo, una variable crítica en juegos de margen reducido.

Jack Eichel aporta un perfil distinto pero igualmente medible. Desde la temporada 2019-20, Eichel ha producido a ritmo cercano o superior a un punto por partido, incluyendo campañas recientes de 66 puntos en 67 juegos y 68 en 63. En situaciones de cinco contra cinco, se ha ubicado entre los líderes de su equipo en tiros a puerta y tiempo de posesión ofensiva, indicadores directos de control territorial y generación sostenida de oportunidades.

Brady y Matthew Tkachuk representan otra vía de producción. Ambos han registrado temporadas de más de 30 goles en la NHL y destacan en métricas relacionadas con tráfico frente a la red y recuperación de discos, factores clave para anotar en segundas jugadas. Matt Boldy se suma como uno de los estadounidenses más productivos de los últimos años, superando los 30 goles y los 70 puntos en campañas completas, mientras que Tage Thompson aporta un perfil físico y de disparo con antecedentes de más de 45 goles en una sola temporada.

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3.¿La fortaleza defensiva y la portería compensan cualquier margen reducido?

Si existe un departamento donde Estados Unidos presenta una ventaja estadística clara, es en la defensa y la portería, y esa afirmación se sostiene en producción y métricas avanzadas. Quinn Hughes, Zach Werenski y Charlie McAvoy han superado la barrera de los 60 puntos en temporadas recientes de la NHL, con Hughes y Werenski ubicándose entre los defensores con mayor tasa de puntos por 60 minutos en cinco contra cinco.

En el plano defensivo puro, Jaccob Slavin y Jake Sanderson destacan por su impacto medible: Slavin se ha mantenido consistentemente entre los líderes de la liga en porcentaje de tiros permitidos desde zonas de bajo peligro, con equipos que conceden menos de 2.3 goles esperados en contra por 60 minutos cuando está en el hielo. Sanderson, por su parte, ha registrado diferenciales positivos en posesión, con porcentajes de tiros a favor superiores al 53 por ciento en cinco contra cinco, y se ubica entre los defensores jóvenes con menor tasa de oportunidades de alto peligro concedidas por 60 minutos.

Pasando a la portería, el respaldo estadístico es uno de los pilares del planteamiento estadounidense. Connor Hellebuyck llega como el guardameta principal tras liderar a los guardametas estadounidenses en rendimiento internacional reciente; en el 4 Nations registró un promedio de goles en contra inferior dos tantos por partido y un porcentaje de atajadas por encima de .930, cifras que sostuvieron al equipo en partidos de bajo margen.

Jake Oettinger aporta consistencia como opción secundaria, con temporadas consecutivas en la NHL por encima de .910 en porcentaje de salvadas y experiencia probada en postemporada. A ese grupo se suma Jeremy Swayman, quien ha mantenido un rendimiento de élite desde su consolidación como titular en Boston, incluyendo una temporada con porcentaje de atajadas cercano a .920, un promedio de goles en contra alrededor de 2.00 y múltiples actuaciones de 30 o más salvadas en partidos de alta exigencia.

En conjunto, Estados Unidos llega a Milano-Cortina con tres porteros que combinan volumen de trabajo, eficiencia sostenida y antecedentes medibles en escenarios de presión, un factor tangible en un torneo donde una sola atajada puede definir el resultado.

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