A meses de haber sido elegido en el Draft, Crosby debutó con el equipo grande, con quienes tuvo una temporada impresionante de novato. En 81 juegos, el delantero anotó 102 puntos, con 39 goles y 63 asistencias. Sin embargo, no fue el ganador del Trofeo Calder. Quedó en segundo lugar, ¿por detrás de quién? Alex Ovechkin, claro, significando el nacimiento de una de las rivalidades más entretenidas de los últimos tiempos.
Sin embargo, pese a esa gran temporada, los Penguins volvieron a quedarse fuera de los playoffs. Pero los aficionados del hockey habían sido testigos del nacimiento de una estrella.
Ahora, más que una gran temporada con un final decepcionante, el primer año de Crosby rebasó las fronteras de las estadísticas. Lo más valioso para el futuro astro fue compartir el hielo con uno de los mejores jugadores en la historia.
Mario Lemieux, quien estaba en su último año de carrera, pudo pasarle la antorcha a Crosby, al compartir con él en su primera temporada en la liga, algo que sobrepasó los estadios de la NHL.
Crosby vivió por años junto a la familia Lemieux. Más que un mentor, la leyenda del hockey es considerado casi un padre para Crosby.
"Es una gran persona para estar alrededor", dijo en su momento Lemieux. "Mis hijos lo adoran. Él es parte de la familia. Ha estado con nosotros mucho tiempo y es genial que esté por aquí".
Al final, esa transición fue consagrada en el 2007, cuando Crosby se convirtió, con apenas 19 años, en el Capitán de los Penguins, heredando el título de su mentor y conservándolo hasta la fecha.