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La historia de la National Hockey League es una de las más convincentes de los principales deportes profesionales. Cada semana, NHL.com/es te lleva al interior de la fundación y evolución de la liga, con episodios puntuales. En esta entrega, el viaje a través del tiempo, sirve para recordar una de las paradas más emblemáticas en la serie por el campeonato.

El año de 1994 es quizás el más especial para cualquier aficionado de los New York Rangers y con toda la razón, pues fue la última vez que el equipo alzó la Stanley Cup, cortando una sequía de más de cinco décadas, gracias a una postemporada que incluyó el "Juego Garantizado" de Mark Messier y una final memorable ante los Vancouver Canucks.
Después de ser goleados de 5-1 en el tercer juego de la serie, los Canucks salieron con el apoyo de una afición que abarrotó el Pacific Coliseum, con el objetivo de ayudar al equipo a empatar la serie y tras el primer período, ése parecía ser el destino gracias a los goles de Trevor Linden y Cliff Ronning, quienes dejaron a los locales con ventaja de 2-0 tras el cierre de la primera fracción.
Inspirados por un discurso entusiasta del entrenador Mike Keenan, los neoyorquinos despertaron en el segundo parcial y así lo demostró el defensa e integrante del Salón de la Fama, Brian Leetch, quien venía de una actuación de cuatro puntos en el juego anterior, acercó a los visitantes con el 2-1.
La leyenda de Mike Richter
Vancouver comenzó a incrementar la presión sobre la red de los Rangers. En un increíble lapso de 25 segundos, lograron seis tiros contra el portero Richter, quien respondió al reto parando cada disparo que recibió. No obstante, a los seis minutos del segundo tramo, Pavel Bure, máximo goleador de aquella temporada, se escapó con el disco y tras recibir la falta de Brian Leetch, el árbitro Terry Gregson concedió un tiro penal para los Canucks.
Aunque todavía quedaba más de la mitad del partido por jugar, todos en el edificio sintieron que ese sería el momento decisivo de la competencia. Si Bure anotaba, Vancouver volvía a estar al frente por dos goles en casa. Si Richter negaba a Bure, el impulso estaba de lleno en la esquina de los visitantes, a pesar de que todavía perdían por un gol.

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Bure recogió el disco en el centro de la pista después de que el árbitro hiciera sonar su silbato y atacó a Richter, haciendo cuatro movimientos en el camino. Richter había salido a desafiar a Bure, retrocediendo lentamente hacia su red, mientras permanecía siempre en línea recta con el tirador y sin caer en sus fintas.
Finalmente, Bure se movió hacia su izquierda e intentó un rápido golpe de derecha. Richter irrumpió en su pliegue de izquierda a derecha, estirándose lo más que pudo y detuvo el tiro con el protector de su pierna derecha, tal y como lo hizo cinco meses antes, en el Juego de Estrellas de la NHL en la ciudad de Nueva York.
El Pacific Coliseum se quedó en silencio, a tal punto que se podían escuchar los gritos de los compañeros de equipo de Richter en la banca. La transmisión del partido, enfocó las cámaras dentro del Madison Square Garden, donde los aficionados de los Rangers se reunieron para ver aquel cuarto juego de la Final de la Stanley Cup. Allí, la celebración fue ensordecedora.
Gloria compensada
A partir de ahí, los Rangers recuperaron su juego y con solo 15.2 segundos restantes en el segundo período, Sergei Zubov, que regresaba de una lesión en el pecho, envió un tiro a través de una pantalla de Adam Graves y en la parte trasera de la jaula, empatando el juego 2-2.
En lugar de aferrarse a una ventaja de un gol en casa a 20 minutos de empatar en la serie, los Canucks se preguntaban cómo una ventaja temprana de 2-0, ocho oportunidades en Power Play y un penalti otorgado a su mejor jugador, habían derivado en un empate 2-2.
Para su crédito, los Canucks salieron con fuerza en el tercer período y Richter se vio obligado a hacer un par de grandes atajadas en escapadas separadas ante Bret Hedican y Martin Gelinas. Pero los Rangers también salieron volando, y el portero Kirk McLean también tuvo que estar listo para mantener el juego empatado a dos tantos por bando.
Después de liquidar un juego de poder de 4 contra 3 para Vancouver, los Rangers obtuvieron una ventaja de hombre a los 14:31 cuando Gelinas fue sancionado por una falta a Lowe. Los Rangers se pusieron a trabajar en esa secuencia y una jugada absolutamente hermosa de Leetch, le dio a Nueva York su primera ventaja de la noche. Más tarde a los 17:56 de la tercera fracción, Steve Larmer selló la victoria con pizarra de 4-2.
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Cuando sonó la bocina final, Richter, con 28 salvamentos en total, levantó los brazos en el aire. Había sido una competencia deslumbrante y un regreso conmovedor de los Rangers, que ahora estaban a solo una victoria de asegurar su primer campeonato de la Copa Stanley desde 1940.
Si bien, el camino presentó otros obstáculos, como por ejemplo el hecho de que los Canucks forzaron un séptimo encuentro. Al final, Nueva York terminó alzando la copa y la parada de Richter ante el integrante del Salón de la Fama, Pavel Bure, quedó registrada como "La Salvada".