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En dos de las últimas tres temporadas, los Carolina Hurricanes vieron truncadas sus esperanzas de volver a alzar la Stanley Cup a manos de los Florida Panthers, quienes avanzaron a la Final en los últimos tres años, ganando el ansiado trofeo las últimas dos veces.

Pues ahora, los Hurricanes están tomando una página del libreto de los Panthers en busca de su primera Stanley Cup desde el 2006, mientras se preparan para disputar la final ante los Vegas Golden Knights a partir del martes 2 de junio.

Durante esos años, el entrenador de los floridanos Paul Maurice habló en numerosas ocasiones sobre la importancia de la preparación física para afrontar con éxito el desgaste que produce una larga postemporada de la NHL, misma estrategia que parece estar adoptando ahora Rod Brind’Amour con sus dirigidos.

Ese compromiso absoluto con el acondicionamiento físico es lo que permite a Carolina desplegar su característico estilo de alto ritmo y presión total sobre toda la pista. Y, según destacan los propios jugadores, lo hacen "con una sonrisa en el rostro", conscientes de que el sufrimiento en el gimnasio es el precio a pagar para estar a cuatro victorias de la gloria absoluta.

“Es rápido. Hay mucha presión. Yo diría que es detallado”, explicó el veterano delantero Taylor Hall sobre el estilo de juego de los Hurricanes durante el Día de Medios de la Final de la Stanley Cup. “Para el aficionado promedio probablemente digan '¿qué significa eso?', pero nosotros sabemos dónde vamos a estar en el hielo casi en todo momento y eso hace que sea más fácil jugar rápidamente y jugar rápido”.

Hall, quien llegó al equipo el año pasado, confesó que la adaptación al sistema de Carolina fue un verdadero choque fisiológico:

“No estaba lo suficientemente en forma de patinaje para jugar de la manera que quería aquí. Me tomó un par de semanas. Hay mucho patinaje en la forma en que jugamos. Ahora parece una segunda naturaleza”, señaló el ex ganador del Trofeo Hart.

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Ese estándar inquebrantable se establece desde el primer día del campamento de entrenamiento. Brind'Amour, conocido durante su etapa como jugador por una ética de trabajo sobrehumana que le permitía jugar más de 24 minutos por noche a sus 35 años cuando levantó la Copa en 2006, sigue siendo el primero en dar el ejemplo.

“Trabajo duro. Creo que si vas a competir tan duro como puedas, entonces vas a poder jugar para Rod”, aseguró el veterano Jordan Martinook, uno de los líderes del vestuario. “Eso es lo que él dice... 'si eres competitivo, vas a estar bien en mi libro'. La habilidad viene después. Si vas a competir todas las noches, vas a estar en las buenas páginas del entrenador”.

Para mantener este nivel de exigencia sin colapsar por fatiga o lesiones en un maratón de más de 100 partidos entre temporada regular y playoffs, la ciencia del deporte juega un rol vital. El preparador físico principal del equipo, Bill Burniston, trabaja en perfecta sincronía con Brind'Amour.

“Roddy obviamente establece un estándar bastante impresionante con su estado físico, pero la forma en que nuestro equipo llega cada año, sabes que necesitas estar en forma y necesitas estar en forma por mucho tiempo porque nos gusta hacer largas carreras en los playoffs”, continuó Martinook. “Necesitas tener algo de fuerza y ser capaz de mantenerla. Nuestro entrenador de fuerza Bill Burniston hace un trabajo increíble”.

De hecho, Brind'Amour mantiene viva la leyenda interna del equipo al someterse a sus propias evaluaciones físicas. Cuando se le preguntó a Martinook si el entrenador aún realiza la brutal prueba de esfuerzo máximo en bicicleta, el delantero sonrió y confirmó:

“Cierto. Él hace la prueba de la bicicleta. No hay más que decir”, aseguró.

Ese motor cardiovascular es lo que impulsa las estadísticas avanzadas que tienen a Carolina con un impresionante récord de 12-1 en esta postemporada. Los Hurricanes lideran toda la NHL en robos de disco con 5.54 por cada 60 minutos, y dominan el tiempo de posesión en la zona ofensiva con un 47.2%. Esa capacidad aeróbica les permite cerrar espacios más rápido que nadie y sofocar las salidas del rival.

“No hace daño que tu entrenador esté en forma de esa manera”, concluyó Hall. “Ese es el tipo de persona que es. Él es un modelo a seguir para nosotros. Nosotros de alguna manera seguimos su ejemplo”.

Con esa preparación como estandarte y la motivación a tope, los Hurricanes buscarán agotar físicamente a los Golden Knights en una Final de la Stanley Cup que promete ser una auténtica guerra de desgaste.

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