Stanley Cup Final: Vegas Golden Knights v Carolina Hurricanes - Game Two

El eterno debate de los deportes: ¿se puede trasladar un buen momento de un juego a otro? 

Cierto o no, es lo que intentarán los Carolina Hurricanes después de su épica victoria en tiempo extra en el Juego 2 de la Final de la Stanley Cup el jueves ante los Vegas Golden Knights, para empatar la serie a un triunfo por lado. 

Al menos, la meta de los dirigidos por Rod Brind'Amour será retomar la ventaja de localía, perdida en otro partido memorable que consiguieron los Golden Knights en el Juego 1. Y para ello, apelarán a una de sus fortalezas en esta postemporada. 

Los Hurricanes están perfectos en estos playoffs en los juegos fuera de casa, llegando a Las Vegas con marca de 6-0, en duelos en los que han superado a sus rivales con un marcador combinado de 20-8. El lema al jugar fuera de casa es simple: no cambiar absolutamente nada.

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Esa perfección como visitantes será puesta a prueba tras uno de los finales más dramáticos e en la historia de la liga. En el Juego 2, Carolina lucía asfixiado y perdía 2-0 tras un par de anotaciones de Brett Howden. Con menos de diez minutos restantes en el tiempo regular, Brind'Amour reestructuró sus líneas y la ofensiva finalmente despertó.

Logan Stankoven encendió la chispa con su décimo gol de los playoffs, empatando a la leyenda Eric Staal con la segunda mayor cantidad en una sola postemporada para la franquicia. Poco después, Mark Jankowski anotó el tanto del empate más tardío en la historia del club en una Final (52:46), y el capitán Jordan Staal desvió un disparo para darles una ventaja transitoria de 3-2.

La resiliencia de Vegas forzó el tiempo extra con un tanto agónico a falta de 81 segundos. Fue entonces cuando Seth Jarvis fulminó al portero Carter Hart con un potente disparo de primera intención en ventaja numérica para sellar el 4-3 definitivo y mejorar la marca del equipo a un inmaculado 6-0 en prórrogas este año.

Navegar por esa clase de turbulencia requiere de una madurez especial. El defensor Shayne Gostisbehere, pieza clave en la distribución del disco que derivó en el gol del triunfo, admitió la dificultad de mantenerse centrado cuando el partido parece escaparse.

"Es una montaña rusa, sin duda", relató Gostisbehere. "Durante casi 50 minutos estás un poco abajo, luego muy arriba, de nuevo abajo y otra vez arriba. Somos seres humanos, vamos a tener nervios y emociones, pero se trata de controlarlas y enfocarnos en la tarea que tenemos entre manos".

Para el experimentado defensor, la remontada fue la validación absoluta de la identidad del club.

"Decir las cosas correctas y luego obtener los resultados realmente te toca el corazón en el sentido de que de verdad tienes que creer", agregó. "Hicimos de esto una serie y trabajamos duro para lograrlo. Fue un juego de ida y vuelta, pero tienes que creer y simplemente seguir adelante".
Esa fe inquebrantable en el sistema es la razón fundamental por la que Carolina no ha perdido dos juegos consecutivos desde el mes de enero. Cada vez que reciben un golpe, responden con mayor fuerza. El delantero Andrei Svechnikov, quien se mantuvo en un profundo enfoque táctico tras el Juego 1, explicó cómo el grupo absorbe la adversidad con naturalidad.

"Todavía estamos hablando de creer. Creemos en el grupo, tenemos confianza en lo que hacemos y en cómo lo hacemos", sentenció. "Creemos en nuestro sistema y simplemente intentamos salir a jugar nuestro juego. Miramos el video después del primer partido, arreglamos un par de cosas y nos mantuvimos pacientes".

De cara al viaje al T-Mobile Arena, el atacante no muestra signos de intimidación por el ruido del desierto: "Sabemos cómo jugar como visitantes y va a ser emocionante jugar en Las Vegas".

El guardameta Frederik Andersen, la inamovible fortaleza humana de Carolina que completó 23 salvadas vitales en el Juego 2, comparte plenamente esa serenidad. Cuando se le cuestionó por qué el equipo es tan dolorosamente efectivo para los anfitriones en la carretera, su respuesta reflejó la frialdad competitiva que los caracteriza.

"Para ser honesto, no creo que nos importe mucho dónde jugamos. Estamos muy enfocados en nuestra base y en nuestro juego, y eso es lo que nos prepara para el éxito", analizó Andersen. "Pase lo que pase, obviamente no vas a ganar todos los partidos, pero sabemos responder presionándolos con nuestro juego de alta intensidad. Creo que somos un grupo muy maduro".

Además, el portero reveló su fascinante método personal para lidiar con las ruidosas y hostiles aficiones rivales, prefiriendo aislarse en medio del caos en lugar de usarlo como combustible agresivo.

"Cuanto más ruidoso se pone el ambiente, más silencioso te vuelves en tu propia pequeña burbuja, y luego solo te enfocas en lo que tienes que hacer para ejecutar de manera simple y efectiva", detalló.

Toda esta filosofía de desapego emocional ante el entorno es un reflejo directo del entrenador Rod Brind'Amour, quien lleva años desmitificando la supuesta dificultad inmanejable de jugar lejos de casa en la postemporada. Para el estratega, la clave del invicto de 6-0 como visitantes radica en la simplicidad de la ejecución y el profesionalismo.

"Hemos pasado por mucho de esto y entendemos que el juego realmente no cambia", sentenció Brind'Amour. "No debería cambiar solo porque cambies de escenario. El público anima por cosas diferentes, pero el juego sigue ahí. Si lo haces bien, tu juego debería ser el mismo. Y creo que en general, la paridad en la liga realmente ha quitado un poco de esa ventaja de localía que solía existir".

Con esa mentalidad clínica, un sistema hermético que castiga los errores y el inmenso ímpetu anímico de una remontada histórica, los Hurricanes saltarán al hielo de Vegas este sábado con un solo objetivo en mente: silenciar a la multitud, mantener su invicto a domicilio y tomar por asalto el control de la Final de la Stanley Cup.

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