Pocas historias pueden compararse a la carrera de los Calgary Flames para ganar la Stanley Cup en 1989, siendo un equipo que contó con tres capitanes; Lanny McDonald, Tim Hunter y Jim Peplinski, quienes ayudaron al club a conseguir el que hasta ahora, ha sido el único título de la franquicia.
Uno de estos capitanes, McDonald, completó una carrera de 16 años, 500 goles y más de mil puntos, pero en la mañana del 25 de mayo de 1989, el ahora integrante del Salón de la Fama, acudió a una iglesia en la ciudad de Montreal para pedirle a Dios por la oportunidad de jugar el sexto encuentro de aquella final ante los Canadiens.
Sus oraciones fueron contestadas, pues al llegar esa tarde al Montreal Forum, se encontró con la noticia de que su entrenador, Terry Crisp, le informó que regresaría a la pista después de haberse perdido los tres partidos anteriores por motivos de precaución. "Ha sido la decisión más difícil de mi carrera", expresó el técnico a la cadena Sportsnet en una entrevista realizada en 2020.
Y es que Crisp tuvo que decantarse por uno de sus tres capitanes, lo que significó que dos ellos verían el partido desde el banquillo. No obstante, la decisión fue aceptada de buena manera y de acuerdo a la prensa local, la misma pareció inspirar varias de las figuras de aquel conjunto de los Flames como Doug Gilmour y Joe Nieuwendyk.
Final Feliz
A sus 35 años, McDonald sabía que los playoffs de 1989 serían los últimos en su carrera, aunque nunca se dijo nada oficial. El delantero aun no había podido anotar en esa postemporada, pero la amarga sequía llegó a su fin a los 4:24 del segundo período, cuando el jugador saltó desde la caja de penalidades, tomó el pase de Nieuwendyk y sacó un remate por encima del guante del portero Patrick Roy, para marcar el gol que puso arriba a los Flames 2-1, una ventaja que el club jamás volvió a perder.
"Cuando vi que el disco entró en la red, quería que el partido se acabara para irnos a casa con la copa". Señaló McDonald en una entrevista en 2020 a Sportsnet. Su deseo se hizo realidad un poco más tarde, pues Doug Gilmour completó un doblete en el tercer período y de esa manera, Calgary se coronó campeón de la Stanley Cup en 1989, siendo el único equipo hasta ese momento, que logra ganar la corona en la casa de los Canadiens.
Si bien 1989 fue inolvidable para McDonald, debido a que el 7 de marzo de ese mismo año, logró marcar su gol número 500, el delantero no tuvo dudas al manifestarle a NHL cuál había sido el mejor momento de su carrera. "Siempre sueñas con ser parte de un juego de la Final de la Stanley Cup en el que puedas hacer la diferencia".
Y es que así lo fue, pues con su único gol en 14 juegos de playoffs de 1989, McDonald puso arriba a su equipo, iniciando una reacción que llevó al triunfo 4-2. "Poder anotar en mi último juego, hacerlo en Montreal, donde ningún equipo visitante había ganado la copa, ser parte importante de todo eso y celebrar dentro del Forum, fue realmente especial".
La victoria conllevó a otro momento memorable, cuando al final del encuentro, McDonald se reunió con Tim Hunter y Jim Peplinski, conformando el trío de capitanes de los Flames que alzó el trofeo, siendo una imagen que se mantiene viva en la afición dentro y fuera de la ciudad de Calgary.
Selecto Club
Con su gol, McDonald ayudó a los Calgary Flames a superar una desventaja de 2-1 en la serie después de una dolorosa derrota en doble tiempo extra en el tercer juego, gracias a una reacción de tres victorias de forma consecutiva, para convertir al equipo en apenas en la segunda organización hasta la fecha, en ganar la Stanley Cup y el President's Trophy en el mismo año.
Aquella plantilla de los Flames reunió a un McDonald que terminó su carrera con 1.006 puntos en 1.111 partidos, junto a un Doug Gilmour que comenzaba a establecerse como estrella y uno de los mejores delanteros defensivos en el circuito, así como Joe Nieuwendyk, quien aportó 82 unidades en su tercera campaña como profesional. Los tres terminaron en el Salón de la Fama.
Junto al tridente destacó el otro integrante del Salón de la Fama, Joe Mullen, quien comandó al equipo con 110 puntos, para permitirle a Calgary conseguir una marca de 54-17-9, sumando 117 unidades, dos más que los Montreal Canadiens, para llevarse el Trofeo de los Presidentes.