Es la mejor manera posible, de palpar, sentir, apreciar y vivir el 'Vals sobre el Tundra'.
Les diré por qué. Sin rodeos y al grano. Al estilo Romano.
Porque el frio tundra es la esencia de este deporte. Porque allí, al aire libre: se respira, se aprecia, se le sufre a la inclemencia gélida y de paso se absorbe pues se empapa, se condensa y vive, reside y se transforma en el aire.
Todo mientras caen las pringas de nieve, a la vez que 10 guerreros bailan el Vals del hombre. El más rudo, pero a la misma vez, el más elegante en el deporte.
EXPERIENCIA RELIGIOSA
Otro apunte importante es la entrega y el hecho que, para los feligreses que viajaron de ambas ciudades, esto es casi una religión. Sí, una experiencia casi, religiosa.
Algo en lo cual puedo estar equivocado, no porque no lo quieran que sea, o porque signifique una blasfemia, sino porque quizás, paras ellos, ya es lo que titubeo en afirmar y asegurar.
Allí, en el frío tundra de Saskatchewan, se pararon en la pista y se congelaron en la grada -repleta, por cierto-oriundos de Calgary, y de Winnipeg (y curiosos entre otros), que viajaron 756 y 573 kilómetros respectivamente para ver a los suyos, jugar, ganar, perder y.o sumar.
En una temporada invernal que no pudo haber arrancado de mejor forma, con la quinta edición del Heritage Classic entre Flames y Jets que nos devolvió la visual de la edición de 2003 y la de 2008 y 2014 del Winter Classic con 'maná del cielo, bendiciendo el juego' con un 2-1 a favor de Jets en la prórroga.