De pronto, en un abrir y cerrar de ojos, los Pittsburgh Penguins no solo se metieron de lleno en la lucha por puestos de postemporada, sino que ahora se encuentran afianzados en el segundo lugar de la División Metropolitana, aparentemente encaminados a terminar con una sequía de tres años sin Playoffs de la Stanley Cup.
Sí, falta mucho hockey por disputar como para afirmar con arraigo cualquier concepto; sin embargo, lo mostrado en los últimos días por Pittsburgh genera optimismo en que la campaña no terminará de la mano con la temporada regular.
Los Penguins doblegaron el domingo a los Vancouver Canucks 3-2 en la Rogers Arena para terminar una gira perfecta de cuatro partidos, en la que dejaron en el camino al Seattle Kraken, Calgary Flames, Edmonton Oilers y a los Canucks con un marcador global de 19-8.
El domingo, en particular, fue la profundidad del equipo la que impulsó a la escuadra hacia los dos puntos, en medio de un ambiente bien emocional para el protagonista: Ben Kindel. El novato de 18 años, nativo de Coquitlam, Columbia Británica, vivió una noche de ensueño que trascendió la narrativa deportiva habitual.
Jugando frente a 192 familiares y amigos —una cifra confirmada por sus padres, Steve Kindel y Sara Maglio, quienes gestionaron la logística de las entradas— Kindel no solo jugó, sino que dominó el escenario.
La presión sobre el joven delantero era inmensa. Entró al partido cargando una sequía de 19 juegos sin gol, una eternidad para una selección de primera ronda (11 global). Sin embargo, el apoyo local funcionó como un escudo psicológico.
Su primo, Bryce McLaughlin, le había enviado un mensaje profético por la mañana: "anota un gol, o dos o tres".
Y Kindel cumplió con creces.
"Es increíble. Mucha gente que ha sido parte de mi vida por mucho tiempo y me ha ayudado a llegar aquí, así que es genial. Esta noche es tanto para ellos como para mí", comentó Kindel, emocionado.
Kindel abrió su cuenta personal a los 8:41 del segundo periodo. En una jugada que demostró su inteligencia táctica, se posicionó en el tráfico frente a la red para desviar un disparo del defensor Ryan Shea, rompiendo el cero en su cuenta personal desde el 14 de diciembre.
Pero fue su segundo gol el que dejó boquiabiertos a los presentes: a los 17:22, recibió un pase de Justin Brazeau y soltó un disparo de primera intención desde el círculo derecho con tal potencia que, según los reportes técnicos, llegó a dañar la cámara interna de la portería.




















