Nunca en la historia de la NHL un equipo pasó tantos años seguidos sin clasificar a los Playoffs de la Stanley Cup como los Buffalo Sabres, quienes el pasado 4 de abril le pusieron fin a una sequía que databa desde 2011, dejando atrás un racimo de temporadas repletas de sinsabores.
A pesar de la importancia de esa meta alcanzada, el equipo no está completamente satisfecho y quiere ir por más.
La noche del lunes, en un anticipado duelo por la cima de la División del Atlántico ante el Tampa Bay Lightning, los Sabres mostraron el músculo en el KeyBank Center para superar a sus rivales divisionales por 4-2 en medio de un juego con los ánimos caldeados y de una rivalidad que se está cocinando a fuego lento.
Sirva como antecedente el partido del pasado 8 de marzo cuando ambos equipos se vieron las caras en un duelo repleto de volteretas y en el que se impusieron los Sabres por 8-7, pero en el que se combinaron ambos clubes para más de 100 minutos de penalizaciones, un claro indicativo de que no se simpatizan.
“Este era un partido importante para nosotros”, dijo el entrenador en jefe de Buffalo, Lindy Ruff. “Fue una gran prueba esta noche porque sabíamos lo importante que era este partido. Sabíamos que nos enfrentábamos al equipo que estaba justo por delante de nosotros. No jugamos bien en los dos partidos anteriores (contra los Ottawa Senators y los Washington Capitals), y los buenos equipos saben cómo reaccionar. Y creo que nuestros jugadores reaccionaron muy bien”.






















