Sólo pudo producir 38 puntos (14 goles y 24 asistencias). En los siguientes dos torneos no mejoraría mucho, al conseguir 52 tantos (21 goles y 31 asistencias) en la 2015-2016 y 53, (16 goles y 37 asistencias), en la 2016-2017. Esta última temporada fue la más difícil para Mackinnon, pues el equipo registró el peor récord de la liga y muchos, lo empezaron a catalogar como una decepción.
Pero sólo era el comienzo.
Al inicio de 2016-2017, Colorado traspasó al armador Matt Duchene, y Mackinnon se convirtió en la nueva cara de la franquicia. Ya formaba parte de la primera línea del ataque, junto a los habilidosos delanteros, Gabriel Landeskog y Mikko Rantanen.
Los cambios le dieron nueva vida, ya que dio un colosal salto de calidad. Sumó 97 puntos (39 goles y 58 asistencias) en 74 partidos, para terminar como el quinto mejor anotador del certamen. También participó en su segundo Juego de Estrellas y estuvo entre los tres finalistas, para el Hart Trophy, premio al Jugador Más Valioso del Año. Todo ello, liderando al Avalanche a los Playoffs de la Stanley Cup, por primera vez en cuatro años.
Era claro que Mackinnon había arribado.
"Ni sabía que podía hacer eso", le dijo el jugador a ESPN hablando sobre su gran temporada. "Tuve como 50 puntos el año anterior. Solo quería establecerme como un sólido jugador de hockey. No sabía que podía hacer eso, ahora sí lo sé. Ya tengo confianza".
Con la copa en la mira
La campaña pasada de 2018-19, aunque fue el séptimo mejor anotador del torneo, el armador produjo una mejor cifra de puntos (99; 41 goles y 58 asistencias).