El jueves amaneció en Detroit con un comunicado y terminó con una exhibición de tres goles de Viktor Arvidsson. Horas antes de recibir a los Chicago Blackhawks, los Red Wings anunciaron la suspensión sin paga de Dylan Larkin, excapitán de la franquicia, luego de que el delantero les informó que no volvería a jugar para el equipo mientras espera un traspaso.

La respuesta del vestidor no tardó: un triunfo 4-1 en la Little Caesars Arena que, en una jornada así, vale bastante más que los dos puntos.

El entrenador Todd McLellan se encargó de ponerle el marco a la noche apenas terminó la acción, con un mensaje dirigido tanto a su grupo como a cualquiera que pregunte por el tema en las próximas semanas.

“Vamos a pasar la página. Esto lleva demasiado tiempo y es de lo único que hemos hablado. Hoy jugamos un tremendo partido en un día que pudo salir para cualquier lado, al volver de una gira, con todo lo demás que pasó y algunas lesiones, pero el grupo se unió y jugó como un equipo”, comentó.

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Si la respuesta colectiva tuvo un rostro, fue el de Arvidsson. El delantero sueco, de 33 años, firmó el sexto Hat-trick de su carrera y el primero con la camiseta de Detroit, igualó su marca personal con cuatro puntos y participó en cada uno de los cuatro tantos de su equipo en el encuentro. No fue una noche aislada: Arvidsson suma ocho goles y 14 puntos en 13 titularidades esta temporada, con dos presentaciones seguidas de múltiples puntos y cuatro en total en la campaña.

Detroit tuvo que remar, como ya es costumbre en su temporada. Connor Bedard adelantó a Chicago a los 5:59 minutos del primer período, aprovechando el rebote de un disparo de Wyatt Kaiser, y los Red Wings no encontraron el empate hasta el segundo acto, cuando Arvidsson desvió un tiro de William Wallinder a los 7:31 minutos. Poco después, John Gibson sostuvo la igualdad al detener el tiro de castigo de Frank Nazar, y la historia se definió al inicio del tercer período: Lucas Raymond marcó en situación de Power Play a los 1:09 minutos, y Arvidsson cerró su noche con dos anotaciones más, la última a puerta vacía a los 16:45 minutos.

“Fue bueno. Creo que jugamos un muy buen partido, todo el equipo”, comentó Arvidsson. “Y al igual que en Edmonton, encontramos la manera de ponernos en marcha. Creo que nuestro segundo y tercer período fueron sobresalientes”.

En ESPN+/Disney+: Arvidsson firma su sexto triplete en la NHL

El defensa Moritz Seider, que lideró a Detroit con 24:17 minutos sobre el hielo y dio la primera asistencia en el tanto decisivo de Raymond, describió el peso extra de ganar precisamente esta noche.

“Obviamente, significó un poco más”, afirmó. “Creo que todo se redujo a que este es nuestro equipo y tenemos un muy buen grupo aquí. Creo que todos estaban algo emocionados de ver también a Patrick Kane del otro lado, y creo que simplemente hicimos un muy buen esfuerzo colectivo. Nos mantuvimos serenos aunque estábamos en desventaja temprano y creo que fuimos tomando el control del juego paso a paso”.

La noche tuvo además un reencuentro cargado de simbolismo. Kane, de 37 años y jugador de Detroit entre 2023 y 2026, volvió por primera vez como rival y recibió un video tributo y una ovación de pie de la afición local durante el primer período; una infracción suya por bastón alto, en el arranque del tercer período, abrió la puerta al tanto que inclinó la balanza.

Del otro lado de la historia queda lo que Detroit pierde mientras se resuelve el futuro de su excapitán. El gerente general interino Shawn Horcoff anunció la suspensión antes del encuentro y la franquicia explorará un traspaso para un delantero que suma 649 puntos (278 goles y 371 asistencias) en 818 partidos de temporada regular, que portó la “C” del equipo y que aún tiene cinco temporadas de un contrato de ocho años y US$69.6 millones, firmado en marzo de 2023.

McLellan, que ya dirigió a Arvidsson durante su etapa con Los Angeles Kings, conoce de sobra esa versión del sueco y la describió sin rodeos.

“Es un tremendo jugador de hockey, pero lo que aporta noche tras noche es esa competitividad”, señaló. “Y se nota. Su motor nunca se detiene. Cuando no está marcando, está cazando rivales y provocando pérdidas del disco”.

Esa idea de cerrar filas la repitió Alex DeBrincat, autor de dos asistencias en la noche, al hablar de la cultura que el grupo intenta construir en medio de la turbulencia.

“No creo que haya sido necesariamente fácil, pero nos unimos como grupo y decidimos que nos respaldaríamos unos a otros, que jugaríamos unos por otros cada día, que vendríamos a la pista y trabajaríamos duro”, aseguró. “Esa es la cultura que estamos estableciendo aquí. Vamos a seguir adelante y vamos a estar bien”.

McLellan cerró la noche con la descripción de un vestidor que, a fuerza de golpes, empieza a reconocerse a sí mismo.

“Han tenido que lidiar con mucho ya, incluso antes de que empezara la temporada, y a veces todo este sinsentido une a un grupo y hace que se mantenga unido”, valoró. “No hay grupitos por aquí ni grupitos por allá. Todavía gritan y se quejan en la banca, pero eso es lo que pasa en una familia, solo que mucho menos. Hay mucha más aceptación de los roles y de cumplirlos, así que eso ha sido muy bueno para nosotros”.

Por ahora, los números acompañan el relato: Detroit (6-4-3) llegó a 15 puntos, hiló su segunda victoria seguida y sumó su quinto triunfo viniendo de atrás en la temporada, la mayor cantidad de la Liga junto a Carolina y Toronto. El siguiente examen llega rápido: este sábado, los Red Wings reciben a los St. Louis Blues en el Little Caesars Arena, ya sin su excapitán y con una identidad que empieza a aparecer.

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