Photo 1 Jaime García

Entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, la National Hockey League celebra el Mes de la Herencia Hispana, por lo que NHL.com/es ofrecerá historias fascinantes sobre la comunidad latinoamericana del hockey. Desde entrevistas con figuras de la NHL, hasta futuros prospectos y el crecimiento de este deporte en todas las áreas, NHL.com/es brinda una cobertura total de esta ocasión especial.

En el vestuario de los San Jose Barracuda, equipo filial de los San Jose Sharks en la American Hockey League (AHL) nadie lo llama Jaime: para todos es “Gus”. El apodo nació una noche en un bar del centro de Dallas, donde Jaime García veía jugar a los Dallas Stars. Un desconocido le pasó el brazo por los hombros y le dijo que se parecía a Gustavo Fring, el villano de “Breaking Bad”. García, que nunca había visto el programa, se rio; al día siguiente, en el vestuario, un compañero exclamó que ese era el personaje al que se parecía.

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Detrás del apodo hay una historia más poderosa: la de un estadounidense de origen mexicano nacido y criado en el sureste de Houston, donde el hockey no existía. Sus abuelos paternos eran de las afueras de Guanajuato y los maternos, de las afueras de la Ciudad de México; en la universidad rastreó su linaje materno hasta la época de los aztecas.

“Mis padres trabajaban muchas horas y no había hockey en nuestro vecindario cuando yo crecía; mi deporte principal, para ser honesto, era el taekwondo”, comentó García. Su primer instructor fue su padre, veterano de Vietnam que enseñaba a tiempo parcial. Empezó a los seis años y practicó el arte marcial hasta los 26, cuando colgó el cinturón. “De ahí saqué el impulso para ser disciplinado y más enfocado a medida que crecía”, explicó.

El salón de clases, en cambio, nunca fue su territorio. Se graduó de la secundaria sin buenas notas, lo intentó en la universidad y no funcionó; trabajó como barman y mesero, y tampoco funcionó. “La escuela y yo éramos como el vinagre... bueno, como el agua y el aceite, simplemente no nos mezclábamos”, dijo entre risas.

Volvió a estudiar y descubrió el entrenamiento atlético. Quería ayudar a la gente a sentirse mejor, en parte por su padre, quien sufría de artritis a causa de su servicio militar. Un médico de la Universidad de Houston lo ayudó a transferirse desde un colegio comunitario y allí aprendió de Michael Shea y John Houston. Tres años después se graduó y cursó la maestría en Stephen F. Austin, donde descubrió que quería trabajar en hockey.

“No era el deporte tradicional de Texas. Yo estaba un poco cansado del fútbol americano y no tenía una vía para entrar al fútbol profesional. Pensé: ¿por qué no el hockey?”, recordó.
La oportunidad llegó cuando era jefe de entrenadores atléticos en una escuela de Pasadena, Texas. Una excompañera en Dallas le avisó que un entrenador dejaba el hockey y que necesitaban un reemplazo. Le preguntó si todavía lo quería y él respondió: “anótame”. “Me llamaron un lunes, bajé un jueves a Dallas, me entrevisté el viernes y conseguí el trabajo el mismo día”, relató.

Era 2012 y el equipo eran los Fort Worth Brahmas de la CHL. Desde entonces no ha salido del hockey profesional: pasó por los Allen Americans de la ECHL, Rochester y Milwaukee, hasta llegar en 2024 a San José como jefe de entrenadores atléticos y gerente de medicina deportiva de los Barracuda. En 2017, sus colegas de la ECHL lo votaron para trabajar el Juego de Estrellas, un honor que no todos reciben.

“Aterrizamos en Albany, manejamos hasta Glens Falls y fue cámaras, luces y acción para el delantero Chad Costello. Apenas dormimos: jugó y nos fuimos justo después. Fue una locura, pero divertido, una buena experiencia”, contó.
Como jefe, es el primero en salir al hielo cuando un jugador cae. Considera que los jugadores de hockey y los de rugby están empatados como los más duros del mundo, y que los beisbolistas y los jugadores de hockey comparten una personalidad muy parecida. “Las dos personalidades que sí coinciden son las de los beisbolistas y los jugadores de hockey: siguen siendo jóvenes de corazón”, afirmó.

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Tanto le atrae ese ambiente que algún día le encantaría trabajar en las Grandes Ligas y en otros deportes; incluso hizo un campamento con los Buffalo Bills de la NFL. La rotación constante de la Liga Americana de Hockey (AHL), sin embargo, exige otro ritmo: cada año hay que aprender los gustos de cada jugador, porque la plantilla cambia casi por completo. “Probablemente retendremos a cinco jugadores y luego nos llega una ola completa de jugadores distintos; en la NFL tienes a un jugador cinco, ocho, diez años”, explicó.

El mayor reto en San José ha sido soltar el control y dejar que su colega Natalie Johnson encuentre su propia manera de hacer las cosas. “Ser el mejor micro gerente sin ser un mal micro gerente; ese es mi reto y espero estar haciéndolo bien”, admitió.

El “Gus”, por cierto, tiene certificado de origen. El entrenador que lo contrató en Allen lo llamó desde su camioneta para felicitarlo, pero con una condición: no lo llamaría Jaime porque el capitán del equipo también se llamaba así. “No te voy a llamar Jaime porque nuestro capitán también se llama Jaime. Te voy a llamar Gustavo”, le dijo. Cuando el entrenador le preguntó si sabía quién era Gustavo, García se rio: “Sí, es el narcotraficante de ‘Breaking Bad’”.

Años después, el gerente Randy Sexton lo presentó en Rochester como “Gus”, y así se quedó. En Milwaukee, tres excompañeros de Rochester lo recibieron a gritos de “Gus, Gus, Gus” el día del examen físico. “El apodo me siguió hasta aquí: en San José la mayoría de los jugadores me dice Gus y ya nadie sabe mi verdadero nombre”, dijo.

Es en los momentos bajos, durante las rachas de derrotas, cuando más piensa en lo afortunado que es. Creció con malas compañías en un vecindario difícil y lo dejó atrás al irse a estudiar. “Muchos de mis amigos terminaron muriendo o en la cárcel. No olvido de dónde vengo, pero tampoco quiero volver allá”, aseguró.

Catorce años después de aquel viernes en Fort Worth, el veredicto es rotundo. “Yo amo lo que hago: no he trabajado un día en 14 años en el hockey profesional, nunca he usado la palabra ‘trabajo’”, afirmó.

Ahora quiere devolver algo, sobre todo a la comunidad latina. Una estudiante, Valerie, hace una rotación con el equipo —normalmente está con los Sharks, pero están fuera de la ciudad— y García se ha propuesto enseñarle todo lo que sabe. “Voy a enseñarle lo que sé y decirle: traza tu propio camino, hazlo a tu manera, pero hazlo en grande”, expresó. El español, admitió, lamentablemente no le ayuda mucho en el trabajo; en cambio, el poco francés que habla le sirve con los dos francófonos del plantel, a uno de los cuales ya conocía de Milwaukee.

En casa, su hija Peyton fue patinadora competitiva hasta el año pasado y ahora patina de forma recreativa mientras se enfoca en la escuela, con la mira puesta en la medicina. “Eso sí, le dije que no fuera entrenadora atlética”, bromeó.

De un vecindario del sureste de Houston sin hockey a la banca de un equipo de la AHL, García abrió un camino donde no había ninguno. Y cada vez que un “Gus” retumba en San José, suena también, bajito, el eco de Guanajuato y de la Ciudad de México.

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