Tanto le atrae ese ambiente que algún día le encantaría trabajar en las Grandes Ligas y en otros deportes; incluso hizo un campamento con los Buffalo Bills de la NFL. La rotación constante de la Liga Americana de Hockey (AHL), sin embargo, exige otro ritmo: cada año hay que aprender los gustos de cada jugador, porque la plantilla cambia casi por completo. “Probablemente retendremos a cinco jugadores y luego nos llega una ola completa de jugadores distintos; en la NFL tienes a un jugador cinco, ocho, diez años”, explicó.
El mayor reto en San José ha sido soltar el control y dejar que su colega Natalie Johnson encuentre su propia manera de hacer las cosas. “Ser el mejor micro gerente sin ser un mal micro gerente; ese es mi reto y espero estar haciéndolo bien”, admitió.
El “Gus”, por cierto, tiene certificado de origen. El entrenador que lo contrató en Allen lo llamó desde su camioneta para felicitarlo, pero con una condición: no lo llamaría Jaime porque el capitán del equipo también se llamaba así. “No te voy a llamar Jaime porque nuestro capitán también se llama Jaime. Te voy a llamar Gustavo”, le dijo. Cuando el entrenador le preguntó si sabía quién era Gustavo, García se rio: “Sí, es el narcotraficante de ‘Breaking Bad’”.
Años después, el gerente Randy Sexton lo presentó en Rochester como “Gus”, y así se quedó. En Milwaukee, tres excompañeros de Rochester lo recibieron a gritos de “Gus, Gus, Gus” el día del examen físico. “El apodo me siguió hasta aquí: en San José la mayoría de los jugadores me dice Gus y ya nadie sabe mi verdadero nombre”, dijo.
Es en los momentos bajos, durante las rachas de derrotas, cuando más piensa en lo afortunado que es. Creció con malas compañías en un vecindario difícil y lo dejó atrás al irse a estudiar. “Muchos de mis amigos terminaron muriendo o en la cárcel. No olvido de dónde vengo, pero tampoco quiero volver allá”, aseguró.
Catorce años después de aquel viernes en Fort Worth, el veredicto es rotundo. “Yo amo lo que hago: no he trabajado un día en 14 años en el hockey profesional, nunca he usado la palabra ‘trabajo’”, afirmó.
Ahora quiere devolver algo, sobre todo a la comunidad latina. Una estudiante, Valerie, hace una rotación con el equipo —normalmente está con los Sharks, pero están fuera de la ciudad— y García se ha propuesto enseñarle todo lo que sabe. “Voy a enseñarle lo que sé y decirle: traza tu propio camino, hazlo a tu manera, pero hazlo en grande”, expresó. El español, admitió, lamentablemente no le ayuda mucho en el trabajo; en cambio, el poco francés que habla le sirve con los dos francófonos del plantel, a uno de los cuales ya conocía de Milwaukee.
En casa, su hija Peyton fue patinadora competitiva hasta el año pasado y ahora patina de forma recreativa mientras se enfoca en la escuela, con la mira puesta en la medicina. “Eso sí, le dije que no fuera entrenadora atlética”, bromeó.
De un vecindario del sureste de Houston sin hockey a la banca de un equipo de la AHL, García abrió un camino donde no había ninguno. Y cada vez que un “Gus” retumba en San José, suena también, bajito, el eco de Guanajuato y de la Ciudad de México.