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Entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, la National Hockey League celebra el Mes de la Herencia Hispana, por lo que NHL.com/es ofrecerá historias fascinantes sobre la comunidad latinoamericana del hockey. Desde entrevistas con figuras de la NHL, hasta futuros prospectos y el crecimiento de este deporte en todas las áreas, NHL.com/es brinda una cobertura total de esta ocasión especial.

¿Quién se habría imaginado que los espectaculares goles y las virtuosas jugadas de algunas de las más grandes estrellas de la NHL se generan con bastones de hockey sobre hielo que se fabrican en México y por manos mexicanas?

Aunque esto suene a una historia inconexa e inverosímil, la marca Warrior Hockey eligió, desde hace más de dos décadas, abrir una fábrica a nueve kilómetros del muro fronterizo entre México y Estados Unidos, en Tijuana, Baja California, y apostar por pisar fuerte en medio de un competitivo mercado, con marcas que tenían más de medio siglo de historia dominando en el ramo como CCM o Bauer.

A mediados de la década de los 90 nació la compañía bajo el nombre de Innovative Sports en Spokane, Washington, Estados Unidos, con la idea de competirle a algunas de las grandes marcas de equipamiento deportivo, en especial fabricando mangos de palos de golf y bastones de lacrosse y hockey; luego, las instalaciones fueron llevadas a Simi Valley en California, donde la estadía de la empresa fue de apenas dos años.

Habría una mudanza más, pero esta sería clave para el florecimiento de la compañía y es ahí donde la historia cobra un inesperado giro. Warrior Hockey decidió abrir su fábrica de palos de hockey en Tijuana, México.​

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“Por aquel entonces, solo fabricábamos los mangos de material compuesto para bastones de hockey, pero no la pieza completa. Supongo que la necesidad de escalar el negocio y, obviamente, los factores de los costos influyeron en la decisión. Resulta mucho más barato fabricar un mango de bastón de hockey en México que en California”, contó para NHL/es Jared Quartuccio, gerente de producto de Warrior Hockey.

“Así que el propietario de la empresa en aquel momento, Ron Kunasaki, decidió abrir nuestra primera fábrica en Tijuana. Creo que fue una cuestión de conveniencia y cercanía; Ron sabía que tendría que estar presente en la fábrica durante el proceso de montaje y supervisión. De hecho, al principio él mismo actuaba como gerente de la planta”, detalló.

Aunque al inicio solo fabricaban los mangos de los palos, tras la llegada de Quartuccio en 1999, y pese a que la fábrica llevaba poco tiempo de haber abierto, él ayudó a transformar la planta, que al principio era muy pequeña y se centraba en un producto muy específico, algo muy diferente a lo que es hoy en día, 27 años después, fabricando una variedad de equipamiento bajo los más altos estándares de calidad y que se vende en todas partes del mundo.​

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Como era de esperarse, al inicio de las operaciones, la mayoría del personal trabajando en la fábrica era de nacionalidad estadounidense, respaldándose en la experiencia de las personas trabajando en el área de San Diego, zona en la que había una vasta manufactura de palos de golf y personal con conocimiento del manejo de la fibra de carbono, pero con el paso del tiempo empezaron a echar mano de la gente local en Baja California, capacitando a las personas, hasta que la balanza se inclinó casi por completo del lado mexicano.

“Me parece genial cómo evolucionó todo. Funcionó muy bien desde el principio, contratar a gente de la zona y enseñarles a fabricar algo que desconocían por completo, ya que ahí nadie sabía nada de hockey”, explicó Quartuccio. “Realmente no había conexión con ellos. Pero, en términos sencillos, creo que los mangos de los sticks (palos) de hockey que fabricábamos al principio podrían haber sido cualquier cosa, como un poste para una tienda de campaña, una varilla para un palo de golf o, ya sabes, cualquier otra cosa. Al fin y al cabo, no eran más que piezas alargadas de forma rectangular. Así que llevó su tiempo, y al principio la relación con el deporte no importaba realmente, todo se centraba en fabricar el producto correctamente y enrollar el material compuesto para crear el mango del bastón”.​

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Sin embargo, hubo un punto de inflexión en el crecimiento de la fábrica en todos sentidos. Desde la dirección hubo la intención de sensibilizar al personal acerca de la importancia de la labor que llevaban a cabo, y que tuvieran claro dónde acababan los productos que elaboraban. En las instalaciones miran jugadas destacadas de la NHL y algunos de los trabajadores mexicanos incluso ya pudieron ver juegos en vivo y entender de mejor manera lo que era el hockey y quiénes eran los usuarios finales de los bastones que fabricaban.

“Tengo una palabra para eso, el cambio fue automático. Se dio automáticamente”, dijo para NHL/es Santiago Cuéllar, a cargo del área de producto profesional de Warrior, para quien el hockey no era del todo ajeno, ya que de vez en cuando veía algunos juegos por televisión.

“Empiezo a trabajar en esta empresa hace 26 años y comienzo a entender cómo funciona un flex, una navaja, etc. Empiezo a entender un poquito más de la estructura de los sticks. Pero todavía recuerdo el primer día que fui a Los Ángeles a ver un juego de LA Kings. Verlo en vivo es totalmente distinto. Verlo en vivo es un boom en la cabeza”, añade Cuéllar.

Ver algunos juegos de la NHL y que los bastones que fabrican en la planta de Tijuana sirvan para ejecutar algunas de las más espectaculares jugadas y varios de los goles más importantes, generan inigualables sentimientos en quienes se ven involucrados en el proceso, gracias a esa cercanía que se ha generado con el hockey por parte de los empleados mexicanos.

“De hecho, tenemos cuatro pantallas en la fábrica distribuidas estratégicamente y en esa pantalla ponemos avisos generales para los empleados, pero también videos de nuestros jugadores” dijo David Ávila, gerente de la planta y quien lleva 15 años trabajando con Warrior Hockey. “Y la gente se emociona porque tratamos de que sean videos pequeños, como de TikTok, pero que se vea el producto, y la gente se entusiasma y dice ‘yo hice ese bastón’”.

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Otro detalle, que no es menor, es que cuando las grandes estrellas de la NHL que utilizan los bastones de Warrior se enteran de que sus herramientas de trabajo son fabricadas en Tijuana, México, les causa sorpresa, a decir de Quartuccio, pero cuando ellos dan su aprobación y siguen solicitando más bastones y con características especiales (custom) hay una sensación de entera satisfacción.

“Sí, se siente muchísimo orgullo y se presume con las amistades. Es un tema de conversación con los amigos, con la familia”, agrega Ávila. “Yo tengo dos hijas y la más pequeña, quien vive en Monterrey, ve los juegos de la NHL solo para identificar y contar los sticks de la marca. Entonces me manda un mensaje y me dice ‘papá, había cuatro, había cinco, había 12’. Entonces a mí me da mucho orgullo. Y es como una conexión con la familia, con la empresa. De verdad que sí se siente muy bonito”.

El astro de los Edmonton Oilers, Leon Draisaitl, el capitán de los Vegas Golden Knights, Mark Stone, el ganador del Calder Memorial Trophy de 2026, defensa de los NY Islanders, Matthew Schaefer, el tres veces ganador del Norris Trophy, Erik Karlsson, de los Pittsburgh Penguins, el capitán de los Buffalo Sabres, Rasmus Dahlin, los delanteros de los Florida Panthers, Winnipeg Jets y Tampa Bay Lightning, Brad Marchand, Mark Scheifele y Jake Guentzel, son algunos de los rostros más visibles usando palos de Warrior Hockey en sus partidos de la NHL, y que son fabricados en Tijuana, es decir, clientes frecuentes y embajadores de la marca.

Tanto Quartuccio como Ávila y Cuéllar, coinciden en que la fábrica está entrando en una etapa de grandes desafíos, básicamente porque la demanda de producto sigue aumentando y es por ello que se está analizando la posibilidad de ampliar las instalaciones o abrir unas nuevas, lo cual es el inequívoco síntoma de que a pesar de que los bastones de hockey se fabriquen en un lugar en el que ni siquiera un escritor de ficción habría atrevido a imaginar, la aceptación del producto y la calidad hablan por sí solas, siendo un orgullo mexicano de manufactura al más alto nivel.

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