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Entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre, la National Hockey League celebra el Mes de la Herencia Hispana, por lo que NHL.com/es, ofrecerá historias fascinantes sobre la comunidad latinoamericana del hockey. Desde entrevistas con figuras de la NHL, hasta futuros prospectos y el crecimiento de este deporte en todas las áreas, NHL.com/es brinda una cobertura total de esta ocasión especial.

Diego Gutiérrez sabe que las miradas a su alrededor son cada vez más numerosas.

Cazatalentos (Scouts), entrenadores, compañeros, aficionados y distintas evaluaciones forman parte de una realidad muy diferente a la que vivía hace algunos años, cuando el joven defensa mexicoamericano comenzaba a destacarse dentro del hockey juvenil de Estados Unidos.

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Sin embargo, en medio de todo ese crecimiento, su estrategia para afrontar quizás la temporada más importante de su joven carrera resulta mucho más sencilla. “Algo que los entrenadores y muchas personas alrededor del hockey me han enseñado es a estar donde están mis pies, vivir un día a la vez”, señaló Gutiérrez en conversación con NHL.com/es. “Me concentro en el día de hoy. Mañana me preocuparé por mañana”.

La frase resume la transformación de un jugador cuya trayectoria ha sido seguida por NHL.com/es durante los últimos años. Primero, desde Shattuck St. Mary’s, la prestigiosa escuela secundaria que sirvió de formación de campeones de la Stanley Cup como Sidney Crosby y Jonathan Toews, entre otras leyendas de la NHL y donde comenzó a sobresalir no sólo por su producción desde la línea azul, sino también por el orgullo de llevar un apellido que refleja las raíces mexicanas de su familia. Luego, superando una lesión para conquistar un campeonato nacional y ganarse un lugar en el Programa de Desarrollo de la Selección Nacional de USA Hockey (NTDP, por sus siglas en inglés).

Después de completar su primera campaña dentro del programa y recibir incluso la oportunidad de jugar con el equipo Sub-18, Gutiérrez afronta el reto con una perspectiva distinta. Ya conoce el nivel de competencia, la exigencia física y también lo que significa salir al hielo sabiendo que cada vez hay más personas evaluando su desarrollo.

Pero lejos de intimidarlo, la experiencia aumentó su confianza. “El trabajo que hice durante este verano me da mucha confianza”, indicó el defensa. “Obviamente, el año pasado fue muy especial. Haber tenido la oportunidad de jugar con el equipo Sub-18 es algo que no doy por sentado. Fue una experiencia increíble”.

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Un sueño llamado USA Hockey

Mucho antes de poder utilizar el suéter nacional, Gutiérrez ya conocía perfectamente el significado de la camiseta de Estados Unidos. “Cuando era más pequeño escuchaba hablar del NTDP y siempre fue como un sueño para mí”, recordó. “Cuando llegas aproximadamente a los 14 años empiezas a escuchar mucho más sobre el programa y, al acercarte a los 16, comienzan a observarte con la posibilidad de formar parte del equipo”.

El sueño eventualmente se convirtió en realidad, pero llegar también significó descubrir una exigencia diferente. Gutiérrez venía de un programa de Shattuck St. Mary’s acostumbrado a ganar y de repente comenzó a enfrentarse a rivales mayores, más fuertes y con varios años adicionales de desarrollo físico.

Las derrotas llegaron con mayor frecuencia. Y con ello, las lecciones. “Cuando tienes 17 años y juegas contra muchachos de hasta 20, vas a perder partidos”, afirmó. “A nadie le gusta perder. Yo odio perder. Pero es parte del proceso”. Por eso, en lugar de permitir que los resultados negativos afectaran su confianza, comenzó a observarlos desde otra perspectiva. “Lo importante es aprender de cada derrota, utilizar lo que aprendiste y tratar de ganar el siguiente partido”.

La adaptación tampoco se limitó a los rivales.

El NTDP reúne a jugadores que, en muchos casos, fueron las principales figuras de sus respectivos equipos juveniles antes de llegar al programa. De repente, todos deben compartir vestuario, minutos sobre el hielo y responsabilidades. “Prácticamente todos llegan después de haber sido el mejor jugador de su equipo anterior y de repente los colocas a todos juntos. Por eso tuvimos que aprender que lo más importante era la meta colectiva”, explicó Gutiérrez.

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Un apellido más allá del suéter

Para Gutiérrez, vestir los colores de Estados Unidos también lleva consigo un significado que trasciende al hockey. El joven nació en Texas, pero sus padres, Lydia e Ivan, son originarios de México. Desde pequeño, esa herencia ha formado parte de su identidad, desde la pequeña bandera mexicana colocada en uno de sus primeros cascos hasta el apellido que hoy aparece en la parte posterior de la camiseta estadounidense.

“No hay muchos jugadores mexicano-estadounidenses en el hockey y es algo de lo que estoy muy orgulloso”. “Vestir la camiseta de Estados Unidos es muy especial, pero también siento que estoy representando esa otra parte de mí”, agregó. “Incluso mi apellido lo refleja inmediatamente. Poder representar a Estados Unidos y, de cierta manera, también representar a México es increíble. Significa mucho para mí y lo llevo con muchísimo orgullo”.

La identidad mexicana tampoco desaparece cuando termina un partido. Por el contrario, también encontró espacio dentro del vestuario. “Mis compañeros me preguntan por mis raíces”, comentó Gutiérrez. “Algunos me preguntan si mi mamá me habla en español y siempre les digo que sí, especialmente cuando está molesta conmigo”.

La respuesta viene acompañada por una sonrisa. “Estoy mejorando mi español, pero puedo entenderlo con bastante fluidez”. Más allá del idioma, Gutiérrez entiende que el significado de representar a dos culturas aumenta conforme avanza su trayectoria. Y en casa existe una frase que sirve como recordatorio permanente: “Representa bien el apellido Gutiérrez”, siendo unas palabras que viene de su papá.

Ivan Gutiérrez observa cómo la atención alrededor de su hijo aumenta, pero asegura que las conversaciones familiares continúan siendo prácticamente las mismas, pues los rankings no han cambiado las reglas de la casa. “Sé un buen hijo, haz tu cama, respeta a los mayores, mira a tu entrenador cuando te está hablando y cuida tu actitud”, explicó Ivan al resumir algunos de los consejos que continúa ofreciéndole. “Todo lo que haces comunica algo sobre quién eres”, agregó.

Mientras Diego intenta “estar donde están sus pies”, Ivan prefiere hablar del proceso. “Si algún día llega a ser jugador profesional, fantástico. Y si no ocurre, tampoco pasa nada. Para mí lo importante es que siga siendo un buen muchacho. Lo importante es el proceso. No puedes vivir pensando solamente en el resultado final. Tienes que concentrarte en lo que tienes que hacer ahora y mantener los pies en la tierra”.

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El apoyo detrás del jugador

Mientras Diego se acostumbraba a una nueva camiseta y a un nivel superior de competencia, la familia Gutiérrez también tuvo que realizar ajustes importantes. Uno de ellos llevó a Lydia, su madre, a recuperar una rutina que parecía haber quedado atrás. Preparar comidas. Empacar el almuerzo. Asegurarse de que su hijo descansara. Esperarlo en casa. “Volví a lo básico”, explicó.

Con Diego todavía en plena adolescencia y afrontando una campaña particularmente exigente, Lydia decidió rentar un pequeño apartamento para acompañarlo durante su primera temporada en el programa. La decisión representó un esfuerzo económico adicional, pero el razonamiento de Lydia fue mucho más simple.

“Sabíamos que iba a ser un año difícil para él”, señaló. “Si nosotros podíamos contribuir haciendo que llegara a casa y sintiera tranquilidad, que pudiera dormir bien y alimentarse correctamente, ¿por qué no hacerlo?”. Y es que si Lydia debe escoger una característica de su hijo, la respuesta llega rápidamente: Determinación. “No sé de dónde viene ese impulso tan fuerte que tiene cuando quiere conseguir algo”, expresó. “Ha sido así desde muy pequeño”.

Ivan utiliza otra palabra: Disciplina. Y curiosamente, asegura que la influencia terminó invirtiendo los papeles entre padre e hijo. “Ver la manera en que está concentrado en su objetivo, cómo duerme bien, cómo se alimenta, cómo trabaja y hace las cosas que necesita hacer, terminó inspirándome a mí”.

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Un mensaje claro

Cuando se trata de inspirar, Diego Gutiérrez, busca que su camino sirva para desarrollar otro: El de un niño hispano. Aquel que llega a una pista y quizás no encuentra muchos apellidos parecidos al suyo. El que observa un deporte donde todavía la presencia latina continúa creciendo. El que puede preguntarse si realmente existe un lugar para él.

“Creo que el mensaje más importante es que cualquiera puede hacerlo”, afirmó Diego. Su propia experiencia le permite entender esa sensación. “Si eres un niño hispano y llegas a unas pruebas quizás no veas a muchos otros hispanos allí. Puede que algunas personas incluso piensen que es extraño que alguien como yo juegue hockey. Pero creo que el hockey une a las personas”.

Por eso, el mensaje que quiere transmitir no gira alrededor de rankings, estadísticas o reconocimientos. “Hay que mantener la cabeza enfocada y seguir trabajando. Espero que un niño pueda ver dónde estoy yo ahora, conocer de dónde vengo y utilizarlo como motivación”. Gutiérrez sabe que todavía tiene mucho camino por recorrer y evita presentarse como alguien que ya alcanzó su destino. Pero también reconoce que su posición actual puede tener un significado especial para quienes vienen detrás.

Siempre, con los pies en la tierra y el apellido Gutiérrez, bien representado.

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