En Utah, Koury siempre era el único jugador latino en sus equipos y con frecuencia lo confundían con ser mexicano. La experiencia de la LATAM Cup le permitió, por primera vez en su vida, compartir un vestidor y el hielo con jugadores con los que comparte mucho más que su amor por el hockey.
“Fue un shock, fue un shock bastante grande. Como dijo mi amigo y compañero de equipo Jesse Woinicki, cuando creces piensas que eres el único o que quizá hay un par de muchachos más que están ahí. Y luego entrar a un vestidor donde el 95 por ciento de los jugadores se parecían a mí fue una de las experiencias más increíbles que pude haber vivido”, contó Koury.
“En mi juventud, generalmente era la minoría en la mayoría de los lugares donde jugué. Y ahora, estar del otro lado, donde todos se parecían a mí, tenían orígenes muy similares y habían crecido de manera parecida, fue una de las experiencias más increíbles de mi vida”.
A nadie le causó mayor orgullo ver a Koury lucir los colores de la bandera peruana que a su mamá.
“Estaba muy emocionada y feliz de verme representar a su país y sus raíces, que también son mis raíces. Nunca había visto a mi mamá tan feliz”, indicó Koury. “Afortunadamente, pudo ir a Florida y verme jugar, y realmente pudo vernos competir y darlo todo para lograr todo lo que podíamos”.
Sonia, quien nació en Callao, no solo le transmitió a Koury la cultura peruana, sino que también fue la persona que principalmente le inculcó su interés por el hockey. De cierta manera, este deporte marcó el inicio de la relación entre sus padres.
“Mi papá conoció a mi mamá en New Jersey cuando ella recién había emigrado a Estados Unidos. Por lo que entiendo, en su primera cita él la llevó a un partido de hockey sobre hielo. A ella siempre le había gustado mucho el hockey”, dijo Koury. “Cuando yo tenía alrededor de seis o siete años, estaba viendo una película de hockey. Me gustó mucho y mi mamá recordó aquella cita y cuánto le gustaba el deporte. Así que, cuando le dije que quería jugar, ella me animó mucho a practicar hockey”.
Su mamá también fue la encargada de que llegara al hielo para entrenar.
“Mi mamá fue una parte fundamental de todo esto. Mi papá trabajaba de tiempo completo y ella me llevaba a todos los entrenamientos”, contó. “Ella no manejaba, pero afortunadamente, la pista estaba a unos 15 minutos caminando de la casa. Mi mamá me ayudaba a cargar mi equipo y caminaba conmigo a los entrenamientos. Nunca falté a una práctica porque mi mamá siempre se aseguraba de que estuviera ahí”.
En su adolescencia, Koury también jugó lacrosse, béisbol y soccer, pero al final el hockey fue su deporte de preferencia. Tras participar en el hockey juvenil competitivo y de preparatoria, hizo la transición al nivel colegial. Primero fue parte del equipo de Weber State y luego, en 2015, se unió al equipo de la Universidad de Utah.
“El hockey colegial fue una experiencia muy buena para mí. Los muchachos eran mayores que yo y más fuertes, pero aprendí mucho jugando a ese nivel, especialmente de algunos de mis amigos que habían jugado hockey de mayor competencia y en niveles más altos de Junior A”, contó. “Fue como un despertar para mí, darme cuenta de cuánto cambia el juego y de lo diferente que es. Pasar de jugar hockey competitivo a entender qué tan rápido es el juego y cuántos niveles y grados de competencia existen fue toda una revelación”.
Sin embargo, su paso por la Universidad de Utah fue corto. Sufrió una conmoción cerebral en una jugada sobre el hielo que lo afectó profundamente. No solo tuvo que alejarse del hielo, sino que tampoco pudo terminar su carrera en econometría y economía cuantitativa.
“Ya había sufrido un par de conmociones cerebrales anteriormente, así que no era tanto que tuviera miedo de volver a jugar. Más bien, no me sentía bien mentalmente. Tenía mucha niebla mental y me resultaba difícil jugar al mismo nivel. La escuela también se volvió muy, muy difícil”, explicó. “Fue muy difícil tratar de regresar a la escuela y mantener todo en orden. Simplemente fue muy complicado”.
Después de su experiencia universitaria, incursionó en la rama de ventas de tecnología. Eventualmente, Koury también regresaría al hielo para jugar a nivel de club. El año pasado, mientras navegaba por las redes sociales, encontró la página de la Asociación Peruana de Hockey en Hielo y Línea y vio al equipo. A sus 30 años, inmediatamente se interesó y quiso representar a Perú en la LATAM Cup.
“Los seguí en Instagram y, entre las recomendaciones de la plataforma, me apareció uno de los jugadores del equipo. Resultó que él había jugado hockey masculino Senior A con un jugador con el que yo había jugado hockey universitario”, indicó. “Entonces me comuniqué con mi excompañero de la universidad y él me pasó sus datos. Así fue como contacté a Jesse Woinicki, quien forma parte del equipo de Perú. Básicamente, mantuve el contacto con él y, eventualmente, el equipo se comunicó conmigo para preguntarme si quería jugar con ellos”.
Koury contó que, en el vestidor del equipo de Perú, el tema principal que ayudó a unir al grupo no fue el hockey, sino el amor por la cultura peruana, en especial por su comida. A él, en particular, le encanta el ají de gallina.
“Fue muy genial convivir con personas cuyas mamás preparaban ciertos platillos y escuchar ese tipo de comentarios de ‘mi mamá prepara el mejor...’ o ‘mi mamá hace el mejor...’”, dijo. “Fue interesante conocer los gustos de cada uno y, además, saber que nuestras familias vienen de diferentes regiones de Perú”.