A lo largo de la temporada regular, NHL.com/es ofrece una mirada a los temas más candentes del momento, tomando en cuenta resultados recientes, rachas destacadas y la situación general de las escuadras. Aquí, la edición de esta semana.
Hay noches en que el hockey escribe guiones que ni Hollywood se atrevería a filmar. Los Carolina Hurricanes elevaron su banderín de campeones de la Stanley Cup al techo, y el encargado de arruinarles la fiesta fue un viejo conocido: Jacob Markstrom, de vuelta en el arco de Florida más de una década después, con una blanqueada de 15 atajadas que selló el 1-0 en tiempo extra en la jornada inaugural.
Porque esta no es la historia de un partido. Es la historia de un regreso y de unos zapatos enormes por llenar. El sueco de 36 años debutó en la NHL con esta misma franquicia y regresa con la misión más ingrata para un portero: hacer olvidar a Sergei Bobrovsky. Su primera respuesta fue un cero en la noche del banderín del campeón defensor.
Lo hizo a la manera de Florida: con largos ratos de tedio y segundos de terror. El sistema de los Panthers le dejó apenas siete disparos en contra hasta bien entrado el encuentro, pero el margen de error era nulo: cuatro atajadas de alto peligro.
La atajada que definió la noche llegó en un ataque en inferioridad numérica de Sebastian Aho, la superestrella de Carolina. Markstrom leyó la jugada a la perfección y cerró el único espacio disponible para preservar el cero.
"Él venía. Hicimos un regreso defensivo muy duro. Pensé que tal vez sintió que el defensor que venía atrás lo iba a alcanzar. Así que calculé que simplemente tomaría algo de hielo, e intentó pasarla por debajo de mis piernas. Tuve la suerte de detenerla", expresó Markstrom.






















