Resulta apropiado, justo cuando nos adentramos en el fin de semana de Pascua, que los Vegas Golden Knights tengan sus escépticos. Igualmente oportuna es la ocasión que tiene el equipo este sábado por la noche para convertir a sus fieles seguidores en verdaderos creyentes.
Una victoria sobre los Edmonton Oilers hará que muchas más personas se despierten el domingo para recibir al Conejo de Pascua con buenas sensaciones respecto a su equipo de hockey.
Derrotar a su rival, los Oilers — quienes a su vez acumulan una racha de cinco victorias consecutivas —, tendrá un impacto mucho mayor que los triunfos presenciados esta semana ante los Vancouver Canucks y los Calgary Flames.
¿No le impresionan las victorias sobre dos de los peores equipos de la NHL? Se podría argumentar que ganar cualquier partido en la NHL conlleva su propio conjunto de desafíos únicos y, por tanto, debería celebrarse. No obstante, resulta comprensible señalar los registros de los Canucks y los Flames y mostrarse escéptico. Mucha gente se mantiene a la expectativa en este momento, esperando que los Golden Knights demuestren algo más; en este contexto, una victoria sobre los Oilers representaría un paso significativo en la dirección correcta.
Depositar demasiadas expectativas en un solo partido — apenas seis días después de la llegada de un nuevo entrenador — es, sin duda, una apuesta arriesgada; sin embargo, esa es precisamente la situación en la que se encuentran los Golden Knights en este instante.
Un inesperado bajón de rendimiento tras el receso olímpico provocó que los Golden Knights cayeran del primer al tercer puesto en la División del Pacífico, poniendo en peligro las aspiraciones del equipo de clasificarse para los playoffs.
El gerente general, Kelly McCrimmon, percibió que su equipo había perdido su espíritu y carecía de energía. McCrimmon también consideró que la plantilla estaba rindiendo por debajo de su potencial.
No tomar medidas para reconducir al grupo habría supuesto una oportunidad desperdiciada y un incumplimiento de sus funciones como directivo. Por ello, el domingo por la tarde, McCrimmon tomó la difícil decisión de realizar un cambio en el cuerpo técnico e incorporar a John Tortorella.
El éxito de dicha decisión no podrá evaluarse plenamente hasta que haya transcurrido cierto tiempo. No obstante, antes de este cambio, Vegas había perdido seis de sus últimos siete partidos y sumaba apenas cuatro victorias en sus últimos 16 encuentros. Se encontraban inmersos en una espiral descendente. La clasificación para los playoffs se había convertido en una gran incógnita y reinaba un clima de pesimismo generalizado en torno al equipo.
La energía y el espíritu son intangibles difíciles de percibir desde el exterior; sin embargo, el jugador de la NHL actual no es un robot. Sentirse bien, tener confianza y disfrutar del trabajo diario son factores legítimos que contribuyen, de manera decisiva, al éxito. Por el contrario, la negatividad agota tanto a la persona como al grupo, convirtiéndose a su vez en un obstáculo para la consecución de resultados positivos.
En las victorias obtenidas esta semana ante Vancouver y Calgary, Vegas ha contado con un desempeño ganador en la portería gracias a Adin Hill y Carter Hart. El club también ha anotado 10 goles en sus dos últimos partidos, logrando distanciarse de sus rivales durante el último tercio de ambos encuentros.
Si bien el proceso no ha sido impecable, los resultados son inobjetables. En este momento, lo primordial son las victorias.
El jueves, en el partido contra Calgary, Vegas encajó tres goles provenientes de oportunidades de contraataque generadas por pérdidas de disco. Dichas pérdidas se produjeron, en gran medida, como consecuencia de la actitud ofensiva y agresiva de los defensas al proyectarse hacia el ataque. Tortorella afirma que se trata de un aspecto subsanable, aunque también ha sabido encontrar un aspecto positivo en esta tendencia.
"Hemos hecho mucho hincapié en la presión hacia adelante, en jugar de manera agresiva, en llevar el disco hacia el ataque y en ejercer presión, de modo que el equipo se ha vuelto agresivo. Ahora nuestra labor como entrenadores —algo que sucede con frecuencia— consiste en guiarlos para evitar caer en excesos; es decir, para que no actúen con una agresividad desmedida en ciertas situaciones sin mantener la seguridad defensiva. Hay que encontrar ese punto medio ideal", comentó. "Prefiero entrenar a un equipo que peca de exceso de agresividad que a uno al que tengo que esforzarme por convencer de que juegue con agresividad. Tenemos a las personas indicadas. Lo lograremos".
Turbulenta es una buena palabra para describir la semana que acaba de terminar. No obstante, resulta preciso afirmar que el ambiente y los resultados son mucho más positivos ahora de lo que lo eran hace apenas una semana.
La confianza es algo curioso. Una vez que se instala, resulta difícil de desalojar; pero una vez que se esfuma, recuperarla resulta igual de complicado. Pues bien, la confianza ya ha asomado el pie por el umbral. Veamos ahora si logra cruzar la puerta por completo y acomodarse definitivamente en el territorio de los VGK.


















